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Néstor Francia / Análisis de Entorno: El chavismo y dos voces críticas (27-03-2017)

Comienza una semana que no deja de ser interesante, con dos sesiones del Consejo Permanente de la OEA, hoy y mañana, sobre el tema de Venezuela. Por ahora, mientras esperamos que esto ocurra a fin de tener nuevos elementos para el Análisis, vamos a tocar un asunto al que damos singular importancia.

Comencemos diciendo que ciertos estudios confiables a los cuales hemos podido acceder, revelan varios problemas en el seno del chavismo (no hablaremos hoy ni de los opositores ni de los “no alineados”). La mayoría de ellos no eran para nosotros del todo desconocidos, pues son cosas que puede oler quien patea las calles como cualquier citadino común, y hace vida ciudadana “normal” (mercado los sábados y/o los domingos, paseo por los parques, un roncito de cuando en vez, en alguna barra del centro de la ciudad). Allí se siente pálpitos y voces que están más allá de la brega cotidiana, de las oficinas, de las reuniones entre correligionarios políticos. Ahí donde vive y sufre el chavismo de calle, como los demiurgos de esos estudios llaman a quienes son bastante diferentes a los militantes partidistas más activos, a los funcionarios del Gobierno y del partido, a los dirigentes del Estado y del PSUV, es decir a la mayoría. Son quienes hacen colas, habitan en los barrios como parte o periferia de organizaciones populares, aman a Chávez y votan, hasta ahora, por nuestros candidatos.

Los estudios citados mencionan, entre otras cosas, lo siguiente:

-Hay entre los chavistas de calle nostalgia de Chávez, expectativas no cumplidas, remisión relativa de la esperanza, lo cual genera, sin embargo, decisiones de afrontar los problemas cotidianos con esfuerzos propios, fomentando individualismo.

-Para ellos, los medios y las redes no están en el rango de sus aficiones, ni siquiera los medios públicos, ya no ven con frecuencia los canales del Estado, ni leen periódicos (tampoco los privados), y las redes y la Internet las usan eventualmente para informarse, pero no son herramienta cotidiana.

-Tampoco les importa mucho el PSUV, no se sienten cerca del partido, para algunos es como si no existiera.

-Conciben a los principales actores políticos (de todas las tendencias) y económicos como élites separadas del pueblo.

-Hay entre ellos quienes diferencian entre “madurismo” y “chavismo” (aquí el tema es la percepción, no si existe o no el “madurismo”)

-No ven otro líder importante en el chavismo que no sea Nicolás Maduro.

-No quieren que el líder sea como Chávez, sino que haga como Chávez.

-El discurso histórico-patriótico cada vez los impacta menos, les resulta distante o acaso anacrónico.

-Aspiran a la normalidad, a no vivir en constantes sobresaltos ni consecutivas emergencias.

-Eso sí, jamás votarían por la derecha, aunque no se puede asegurar que voten por el chavismo, pero esa sería su inclinación natural: son chavistas y reconocen a Maduro como el legatario, a pesar de inconformidades.Dicho esto, vamos a darle espacio ahora a dos voces críticas serias e inteligentes: Maryclen Stelling y Patricia Kaiser. Stelling asienta, en un artículo suyo del 19 de marzo pasado publicado en Ultimas Noticias (“Entre la guerra de Almagro y del pan”), lo siguiente: “En ese contexto (refriéndose a lo que llama “este teatro del absurdo que se impone en el país”), discursos políticos y relatos transmediáticos abandonan la “razón” en pro de ficciones que, en lugar de ordenarnos el mundo y ayudarnos a sobrevivir, nos imponen la verdad de “la sinrazón”. Vivimos entonces una ilógica sucesión de situaciones sin sentido aparente, que, cual trama del absurdo, es habitualmente circular y parece conducirnos a ninguna parte”. Y también: “Sometidos a la discrepancia entre ideas y acción, nos convertimos en víctimas de la provisionalidad y la transicionalidad que nos desborda y, a menudo, contradice palabras, promesas y juramentos”.

Por su parte, Patricia Kaiser publica en su columna “Comentarios de butaca”, de la revista revolucionaria “Todos Adentro” que circula esta semana, un texto bajo el título “La voz del ‘pueblo’: una categoría por revisar”, en el cual afirma que “‘Somos el pueblo, la voz del pueblo’. Así se presentan los líderes políticos y sociales de cualquier rango ante las cámaras, dejando sobre los media, la articulación de un discurso que represente y legitime esa voz. Sin embargo, pocas veces se cuestiona cómo se articula dicha representación; y menos aún se interroga, qué se supone que es esa voz del pueblo”. Y además: “El cómo se constituye la mirada, no se problematiza. De la misma forma que tampoco se cuestiona si la sumatoria de voces, genera realmente una suma, o más bien una exclusión”. E igualmente: “¿Qué relaciones se tejen entre quienes defienden la participación protagónica y a su vez propician, defienden y participan de/en un sistema mediático que suprime la participación en nombre de una categoría supra nominal, que borra las diferencias que nos hacen sujetos?”.

¿Será necesario traducir estas angustias, que interpretan a su vez las que recorren las calles expectantes y confundidas? Ficciones, dice Stelling ¿Es que el pueblo no entiende o que nosotros no nos explicamos? El pueblo ansía realidades, no alguna ficción épica que no por bien intencionada deja de ser absurda. Quiere una vida normal que no dependa de operativos, corruptos presos y ejemplarmente castigados, funcionarios eficientes, verdades y críticas que lo hagan sentirse escuchado y compensado moralmente. Y en cuanto a Kaiser, pide lo que muchos hace tiempo venimos pidiendo: problematizar la mirada, pero de verdad, no solo hablar de cambios necesarios, sino realizarlos. Y un sistema mediático que no borre “las diferencias que nos hacen sujetos”.

En 2016 decíamos que estábamos ganando algo que nos podía ser muy útil: tiempo. Entonces el tiempo jugaba a favor nuestro. Pero siguen corriendo los días y no terminamos de dar el golpe de timón. “El tic tac del reloj pasa como los años”, y se acerca vertiginosamente el momento en el que el tiempo comience a jugar contra nosotros. Ojo pelao, como decía Chávez.

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