Inicio > Opinión > Enrique Meléndez: ¿Estaba caído Maduro?

Enrique Meléndez: ¿Estaba caído Maduro?

 

La verdad es que, como dicen por ahí, se transformó en un mito la falsa creencia, de que Nicolás Maduro estaba a punto de salir de la presidencia, y que una oposición ingenua, cayó en la trampa del diálogo, y entonces el tercio ganó tiempo, y resucitó.

Primero se dijo que eso había enfriado la calle; que estaba en plena efervescencia, y a punto de llegar a Miraflores; luego, además, que se había congelado el proceso de enjuiciamiento, que se le seguía a Maduro por la vía de la Asamblea Nacional; de modo que estos factores fueron claves, dicen los que pregonan esta tesis, para que Maduro se oxigenara; para continuar con esta ladilla; pues si algo caracteriza a este gobierno es la estulticia,

Sin embargo, la AN retomó el tema del enjuiciamiento, a propósito del tema del abandono del cargo por parte de Maduro, fue aprobado. Al principio, se formó una cierta algarabía con el cuento de que, entonces el Consejo Nacional Electoral, quedaba obligado a que convocara a un proceso electoral, en su defecto, a los fines de que escogiéramos a un nuevo presidente; lo que también era necedad, por parte de la oposición, incursionar por esta vía; sabiendo de antemano que el carácter soberbio y arrogante de este gobierno no lo iba a admitir, y que, además, aun cuando se trata del único poder legítimo, que existe hoy en día en Venezuela; yéndonos a la legalidad absoluta, y, exigiéndole, en ese sentido, a Maduro la muestra de su partida de nacimiento venezolana, el gobierno lo ha aislado por completo del resto de las instituciones del país, y le sabe a estiércol las decisiones que pueda tomar.

Esto significa, en efecto, que estamos ante un vacío de poder; pues, si uno es aislado, mientras que los otros cuatro poderes están sometidos a la voluntad del Leviatán, entonces reina la anarquía absoluta; pues el equilibrio de una democracia estriba en el respeto a las decisiones, que tome cada uno de ellos, entre sí; que es lo que conforma el engranaje de la estructura estatal liberal democrática, entonces el mismo resulta cojitranco; el Estado se vuelve tumultuario, y eso se puede ver en el caso del CNE; donde quien manda, y no lo disimula es el alcalde Jorge Rodríguez; uno de los siete siniestros; pues la naturaleza de este régimen responde a un cuerpo colegiado de carácter mafioso, en el entendido de que el poder está repartido por cuotas, es decir, todos mandan, pero ninguno manda por sí solo, ni el propio Maduro, pues hasta Cilia tiene su participación allí, y es por eso que, cuando ya parece que se va a tomar una decisión sensata; que al menos corrija una serie de distorsiones, que se han venido incubando sobre todo en la economía; puesto que dichas mafias están allí sólo por la permanencia en el poder, pero también por sus intereses lucrativos, entonces de la noche a la mañana se echa para atrás dicha decisión.

Lo otro es que también nosotros tenemos la presencia de una fuerza extranjera; que considerarla una forma de imperialismo sería un absurdo; puesto que el imperialismo como fase superior del capitalismo, si es que nos atenemos al criterio de Lenin; supone mercados, es decir, un intercambio comercial de materias primas por tecnología, que es lo que aporta el país imperial; en todo caso, lo único que aporta esta fuerza extranjera es asesoría política, que nos sale por miles de barriles de petróleo, que se exportan diarios hacia su respectiva metrópolis, es decir, para La Habana; pero una asesoría política que despliega una estrategia muy exitosa, y contra la cual la sociedad civil o, mejor dicho, el país político no puede ir o no está en condiciones de emanciparse de su tutela, dado el carácter de fuerza colonial consentida y estimulado por parte del este gobierno, y eso que en la boca de ellos no deja de faltar el término apátrida, para endilgárselo a todo aquel que invoque, por ejemplo, la aplicación de la Carta Democrática a nuestro país.

Por otra parte, el 1 de septiembre se dio una demostración de calle contundente; en efecto, pero ese fenómeno no pasó de ahí, y la prueba está en que mucha gente quedó insatisfecha, porque esa apoteósica manifestación, que desbordó las principales autopistas caraqueñas, no tuvo la iniciativa de enrumbarse hacia Miraflores; que al entonces secretario ejecutivo de la MUD, Chuo Torrealba, dentro de su pusilanimidad, no le quedó otra que convocar a un cacerolazo para en horas de la noche; cuando la gente estaba allí; dispuesta a tumbar a Maduro; sin tomar en cuenta que para franquear ese camino hacia Miraflores hacen falta chalecos antibalas, máscaras antigases; cabillas de doble grosor, para poder abrirse paso por entre cordones policiales y barricadas, que coloca la Guardia Nacional en todas las vías de acceso que dan a Miraflores. Además, ¿es garantía de algo el llegar a Miraflores?

Obsérvese que con esto de la validación de los partidos políticos, que ha venido a resultar un boomerang para el gobierno, se ha observado un fenómeno, que ha sido muy comentado, y es que, mientras Voluntad Popular llamó el pasado 18 de febrero a una manifestación, para recordar los dos años de haberse producido ese día la detención de Leopoldo López, y nadie fue; ahora, cuando le correspondió validarse, lo logró hacer en 23 estados del país, y eso que se consideró que este proceso de validación de partidos, lo que buscaba en el fondo era eliminar a organizaciones como VP, precisamente, por las condiciones, que puso el CNE, para llevar a cabo cada organización dicho proceso, y que demuestra, asimismo, que no ha habido ningún enfriamiento de calles; sólo que la gente tiene presente, precisamente, eso: que está ante un régimen inexpugnable, y que cualquier manifestación de protesta que se le ponga, la activa; tanto más cuando se trata de una manifestación electoral, como esta de la validación.

melendezo.enrique@yahoo.com

 

Te puede interesar