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Rafael Simón Jiménez: Ganar tiempo, o perder tiempo

Todas las marramuncias que el gobierno ha puesto en escena con la complicidad de sus apéndices del CNE y el TSJ para retardar y/o imposibilitar la realización de las elecciones Regionales y Municipales pautadas en la constitución, parecieran estar presididas por el deliberado propósito de ganar tiempo, es decir postergar el ejercicio de la voluntad popular en la búsqueda de un escenario que pueda eventualmente favorecerlo o al menos impedir una catastrófica derrota.

El gobierno está consciente de la ruinosa y trágica realidad del País, y el costo en términos de un creciente repudio e impopularidad que lo imposibilita para poder afrontar con éxito cualquier elección por localizada que esta sea. El drama social de miles de venezolanos comiendo de la basura, de niños muriendo por desnutrición, de pacientes que fallecen por carecer de medicamentos, de una creciente inseguridad y de un desmadre institucional que coloca a Venezuela a las puertas de un autentico caos, crea un situación supremamente adversa para el régimen que siente pánico de tener que someterse a cualquier evento comicial.

Ahora bien la propia debilidad del gobierno, y la precariedad de sus apoyos, le dificulta cualquier otra opción distinta a la democrática. En primer lugar porque las Fuerzas Armadas Venezolanas no respaldarían una trastada antidemocrática que pretenda su  continuidad, mas allá del final de su periodo  evadiendo la obligación democrática de contarse, y si ese supuesto negado pudiera materializarse quienes hoy nos desgobiernan perderían la ultima hoja de parra de su legitimidad de origen quedando a merced de cualquier ambicioso que pudiera insurgir contra esa intención utilizando las armas y la violencia.

De manera que al gobierno, tarde o temprano no le quedara más camino que someterse al veredicto popular, y en esa oportunidad se llevaran una autentica tunda electoral, que será mas grande a medida que se retrase, porque el tiempo evidentemente corre en su contra, sin poseer la menor oportunidad de aliviar, mejorar o revertir la situación de carencias, penurias y padecimiento a la que sus disparates y corruptelas llevaron a Venezuela. Su negativa terca y contumaz a introducir reformas, cambios y enmiendas en su depredadora política económica, ha provocado un deterioro cada vez mayor en las condiciones de vida de la población, y por supuesto una mayor convicción en la inmensa mayoría de los venezolanos de que cuanto antes se salga de este gobierno mucho mejor.

La estrategia deliberada de retrasar las elecciones constitucionalmente previstas para este año, apalancada en maniobras como la relegitimación de los partidos, no ayuda al gobierno en absoluto, porque no está sincronizada con ningún plan coherente y creíble para superar la actual situación de hambruna generalizada que se vive en el País, y aliviar los padecimientos de sus habitantes. ES huir hacia ninguna parte y simplemente tratar de postergar unos comicios de cuya realización en definitiva tiempo más o tiempo menos no tienen escapatoria, y donde cada día es más precaria su situación electoral como lo ponen de manifiesto todos los sondeos que miden las posiciones y tendencias del electorado venezolano.

A pesar de que la mayoría de los miembros de la cúpula gobernantes, son ateos, anticlericales o practicantes de sectas y ritos confusos, sus únicas esperanzas parecieran estar cifradas en la realización de un “milagro “ , es decir de un hecho divino  y mágico que produjera un incremento sustancial en los precios petroleros que le proporcionaran al gobierno un alivio en las esquilmadas finanzas públicas venezolanas, permitiéndoles vía  dadivas y regalos, tratar de reconquistar parte al menos de su ahuyentada clientela política. Pero la realidad del mercado mundial de los hidrocarburos pareciera marchar precisamente en la dirección contraria, y el escenario de precios por encima de los 50 dólares por barril, pareciera poco probable por lo menos en el escenario temporal del corto y mediano plazo.

Pero si aun y contra todo pronóstico, el ingreso petrolero lograra mejorar sustancialmente, la posibilidad de que ese ingreso alivie la situación angustiosa y trágica de Venezuela, resulta improbable, Tal ha sido la profundidad del daño ocasionado al patrimonio nacional con tanto disparate y tanto pillaje, que ni  con un petróleo a 150 dólares por Barril podría el gobierno  venezolano financiar un aparato  burocrático e hipertrofiado, un déficit gigantesco en el manejo de las empresas públicas, una deuda  externa e interna gigantesca, una menguante empresa petrolera y un aparato productivo destruido.

La paradoja del desprestigiado  gobierno de Nicolás Maduro, es que trata de ganar tiempo con todo tipo de triquiñuelas, maniobras y marramuncias, pero ese tiempo corre precisamente contra sus posibilidades cada día mas remotas de lograr evadir una o varias palizas electorales que se materializaran a la primera oportunidad en que el pueblo pueda expresarse. Ganar tiempo mientras crece el hambre y los padecimientos, y se incrementa día a día el deseo inmensamente mayoritario de poner término al actual desastre, es perder el tiempo y sobre todo causarle mayores daños y sufrimientos a los venezolanos

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