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Alberto Mansueti: Capitalismo de partido único

En sentido muy amplio, la expresión “economía de mercado” es redundante, porque toda economía lo es, las de mercado libre, y las de mercado limitado o restringido.

Y también la expresión “economía capitalista”, porque toda economía funciona con capital, las que practican el capitalismo para todos, y las que le ponen límites, sea en provecho de las oligarquías mercantilistas, o de las Nomenklaturas socialistas. En este sentido, el de los países comunistas es “capitalismo de Estado”, porque el capital existe, sólo que el Estado es su único propietario, y es controlado por las extensas burocracias dominantes en las oficinas del Gobierno y del Partido.

Sin embargo, en China, Vietnam y Laos, desde los ’80 se hacen “aperturas” desestatizantes. Pero las reformas económicas para democratizar el capital, no se han acompañado de reformas políticas para democratizar el poder. La pregunta es: ¿habría podido hacerse de otro modo?

Muchos analistas tienen una respuesta penosa: el dominio del Partido Comunista ofrece una base política estable, sin la cual las reformas económicas no se habrían concretado, o se habrían revertido al poco tiempo. ¿Y qué hay con los “derechos humanos”? Tal como se ven hoy en Occidente, van contra dos principios claves de la ética confuciana: trabajo duro y valores familiares.

(1) En China, el Partido ha provisto fuertes liderazgos personales y sucesivos, que dieron continuidad al proceso de transición: Deng Xiao Ping desde 1978 a 1989; después Jiang Zemin hasta 2003; luego Hu Jintao hasta 2013; y ahora Xi Jingpin. Todos muy comprometidos con las reformas, y los mismos lineamientos. No fue así p. ej. en Rusia, donde Gorbachov en los ‘80, Yeltsin en los ‘90, y luego Putin, no han tenido exactamente la misma agenda, y las reformas han sido mucho menos que en China.

En Vietnam y en Laos, dos países de la ex Indochina francesa, también el Partido comunista ha dado continuidad a las reformas, pero no con liderazgos personales sino colegiados. Y al igual que en China, no se pronuncia la palabra “capitalismo”, ni se habla de libre mercado. Para disfrazar las cosas, usan expresiones que nos suenan extraños; pero la vieja jerga comunista típica ya es cosa pasada, y no fue sustituida por la neo-jerga “políticamente correcta” del marxismo cultural, como en América latina.

(2) En Vietnam se dice “Doi moi”, que se traduce por “renovación”. En 1976, tras la guerra de Vietnam y la reunificación del país, el Comité Central del Partido Comunista se expandió de 77 a 133 miembros, y el Politburó de 11 a 17, porque la membrecía se duplicó de 760 mil personas en 1966 a 1.5 millón en 1976: el 3.1% de la población. En 1986 subió a los 2 millones; y las reformas se iniciaron ese mismo año 1986, dando paso al eufemismo de la “economía de mercado orientada al socialismo”.

En todos los países los partidos son vehículos de ascenso social, a más de cumplir su papel natural como intermediadores y de ajuste continuo entre la oferta política, por un lado, es decir, las medidas y decisiones relacionadas con las funciones estatales, y por otro lado la demanda política, esto es, las necesidades de la convivencia social: orden, seguridad y justicia, infraestructura física. Esto es algo que los tercos seguidores de la fantasía “anarco-capitalista” rothbardiana se empeñan en ignorar y negar; pero no son vanas teorizaciones en el papel, son hechos duros, y realidades obstinadas.

En Vietnam es igual, sólo que no hay varios partidos, sólo uno. Sin embargo, ese Partido único legalizó primero y después incentivó la creación y desarrollo de empresas privadas, en base a mercados cada vez menos regulados. En los ‘90 muchas empresas estatales fueron privatizadas; y luego no volvieron a re-estatizarse, como fue en América latina al compás del “péndulo” político, que oscila entre los polos Neo-liberal y neo-comunista.

(3) En Laos, tras una terrible guerra civil de 12 años, desde 1963 hasta 1975, los guerrilleros del Pathet Lao entronizaron un comunismo salvaje que tuvo la virtud de “vacunar” a la gente contra el socialismo. En 1989 comenzaron las reformas, dos años atrás de Vietnam, bajo la égida del PPR o Partido Popular Revolucionario, que introdujo lo que llamó “nuevo mecanismo económico”, NME.

Fue una agenda para atraer la inversión extranjera, reducir los servicios y los espacios estatales, privatizando varias empresas del Estado, e ir poco a poco legalizando las iniciativas comerciales de la gente. Y promulgando reglas de juego claras, estables y previsibles para los negocios privados.

Así Laos lleva una década creciendo a 7 % anual, y ha cuadruplicado su ingreso anual per cápita en esos años. El Banco Mundial dice que será la economía de la región que más crecerá próximamente.

La transición ha gozado de relativa normalidad, explicaba el antropólogo e historiador australiano Grant Evans (1948-2014) en A Short History of Laos (“Breve historia de Laos”, 2003), porque “la mentalidad socialista no tuvo una penetración tan honda como en China y Vietnam” (o en América latina, yo agregaría…)

(4) La historia de Camboya es la más atroz del área; lo cual es decir mucho, en una región muy azotada por horrorosas calamidades políticas y militares. La guerra de Vietnam se libró en buena parte en territorio de Camboya. En 1975 comenzó el “genocidio camboyano”, con el Jhmer Rojo y su sádico jefe Pol Pot. Acabó en 1979 gracias a una invasión de Vietnam, pero hizo a Camboya un país satélite, bajo un comunismo algo menos sanguinario.

En los ’80 los choques facciosos llegaron a ser insoportables, y la ONU restauró la monarquía en 1991, pero con un modelo de múltiples partidos, el cual no funcionó, por lo que muchas reformas económicas se quedaron en meras intenciones.

(5) ¿Y qué pasa en Birmania, Malasia, Filipinas e Indonesia? Lo mismo que en América latina: no hay partidos fuertes pro desarrollo; luego, no hay desarrollo.

Lo expuesto, sobre todo a propósito de Camboya, no pretende justificar el “capitalismo de partido único”; sólo describirlo y explicarlo. He escrito otros artículos, referidos a otros países, sobre el mismo tema: contexto político de las reformas pro mercado, la vía al capitalismo liberal. Y los hechos demuestran, que para hacerse con éxito, y ser duraderas, las reformas requieren partidos políticos, y en lo posible “completos”, o sea, de cuatro dimensiones: ideológicos, representativos, programáticos y electorales; bien estructurados e implantados, y muy comprometidos con la transición. De otro modo, las reformas no se hacen, o son más tarde revertidas, como en nuestra América.

(1) En países con sistemas multipartidistas, al menos un partido ha liderado la transición, por lo general a la cabeza de una alianza de varios partidos, expresiva de una coalición de opiniones e intereses en favor de las reformas. (2) En países con sistemas bipartidistas, la transición ha sido encabezada por el partido de la derecha; pero sin miedos, confusiones ni contramarchas. (3) En países con monopartidismo, nos guste o no, la transición no es democrática; la conduce el partido único, por la simple razón de no haber otro u otros. (4) Y en países con partidos débiles o todos socialistas, como en África y América latina, donde casi no hay partidos de derecha, hay que crearlos.

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