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Pedro Benítez: Aquí está el balance histórico que el chavismo no puede ocultar en la OEA

 

Lo más certero, lo más veraz, lo que en forma más sucinta, pasando por encima de toda controversia, apuntando directamente al fondo de la cuestión, se puede aseverar sobre los 18 años del poder absoluto del régimen chavista sobre Venezuela, es que ha sido un monumental fracaso.

A los ojos del mundo (y por supuesto de la mayoría de los venezolanos) no hay hecho o argumento que pueda rebatir la afirmación anterior. Ante tamaña realidad no hay maniobra de prestidigitación verbal que pueda usar el más experimentado de los diplomáticos. Ni Metternich, Kissinger o Roy Chaderton. Ni, por supuesto, Delcy Rodríguez.

El objetivo del actual Secretario General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, no es que expulsen al gobierno venezolano de ese cuerpo, sino poner el tema venezolano en el tapete internacional, develar el monumental descalabro político, económico, social y humano del proyecto de poder instaurado en el principal exportador de petróleo del Continente desde 1999.

La carta de Almagro está teniendo en los gobiernos, y en la opinión pública de los países del hemisferio, el efecto que la carta del ex ministro Jorge Giordani debería haber tenido dentro de las fronteras de la República Bolivariana. Un escandaloso recuento pormenorizado de todos los fracasos del régimen chavista y lo que es peor, una necia determinación a no rectificar, que si a ver vamos, es el pecado mayor de Nicolás Maduro y su grupo.

Esto constituye, por lo tanto, la humillación internacional que Luis Almagro les propina a los herederos de Hugo Chávez y que estos no pueden tolerar, en particular por ser ese un campo donde tantos recursos invirtieron.

Durante casi dos décadas el régimen chavista ha dispuesto en Venezuela de todo el poder para tomar absolutamente todas las decisiones institucionales y legales, sin ningún tipo de cortapisas, y además ha contado con más recursos económicos (provenientes de la renta petrolera) del que dispusieron todos los gobiernos que le precedieron en los cuarenta años previos.

El boom de precios del petróleo que le tocó en suerte fue el más extendido en el tiempo, de 2003 a 2014. El de Carlos Andrés Pérez fue sólo de dos años (1974 y 1975) igual que el sucesor Luis Herrera Campins (1979 y 1980).

Todo el poder, todo el dinero ha sido para el chavismo.

Entre el Debe y el Haber, comparado con los otros regímenes políticos del pasado venezolano, el saldo chavista es de lejos el peor. Porque con todas sus luces y sombras todos los proyectos de poder que ha tenido Venezuela siempre dejaron algo que los justificara para la posteridad.

Páez creó la República. Los Monagas (los peores) la abolición definitiva de la esclavitud. Guzmán Blanco los ferrocarriles que pudo, los edificios históricos del centro de la capital, algún rasgo de modernidad y el decreto de instrucción pública. Castro y Gómez centralizaron y pacificaron el país que tiranizaron, argumento al que hasta hace no mucho recurrían sus apologistas.

Y de 1936 en adelante, cada uno de los gobiernos venezolanos, civiles o militares, democráticos o dictatoriales, construyeron prácticamente todas las escuelas, universidades públicas, hospitales, dispensarios, carreteras, autopistas, puertos, aeropuertos, puentes, viaductos, presas y represas que hoy tiene el país. Alfabetizaron, electrificaron, becaron, promovieron la inmigración, poblaron el territorio, dieron oportunidades. Y de paso, dejaron instituciones.

El último proyecto de poder histórico (ese al que Chávez y Maduro le han negado sistemáticamente todo mérito), el que encabezó Rómulo Betancourt y su partido Acción Democrática, instauró la Democracia venezolana, el voto popular, la alternabilidad en el ejercicio del poder público (hoy tan añorada) y el período más largo de libertades públicas, paz y estabilidad (1958-1998) que ha tenido este país desde que rompimos con el imperio español en 1811.

¿Pero el chavismo qué le ha legado a Venezuela?

Su misión debería haber consistido en corregir las fallas heredadas de las administraciones que le precedieron y continuar sus logros. Pero el remedio fue peor que le enfermedad. En vez de refundar la República, que fue lo que Chávez llegó a ofrecer, se implantó un Estado fallido.

Lo que tenemos hoy como balance es un insólito retroceso en materia social, sanitaria e incluso nutricional. En la próxima década toda una generación está condenada (con toda probabilidad) a tener una talla inferior al promedio alcanzado por los venezolanos debido a la marca que la desnutrición infantil está dejando por los “años del hambre bajo Maduro”.

Todos los indicadores de mortalidad se han disparado simple y dramáticamente por falta de medicinas e insumos médicos. Eso no está ocurriendo en ningún país de la Latinoamérica, ni siquiera en Haití.

En cuatro años Venezuela ha perdido una cuarta parte de su PIB. La renta per cápita es igual a la de 1955. En 1998 el 33% de todas las exportaciones venezolanas eran cosas distintas al petróleo. Hoy es menos del 3%.

El chavismo destruyó 200 años de exportación de café venezolano.

Incluso, en algo tan elemental como el monopolio de la violencia en manos del Estado y el ejercicio de su poder en todo el territorio, el legado del general Gómez (que robó lo que pudo, pero al menos eso dejó) hoy en Venezuela está en crisis.

Comparado con otros proyectos históricos latinoamericanos, como el PRI en México o el peronismo en Argentina, el chavismo da pena. El año pasado el presidente ecuatoriano Rafael Correa que se preguntaba qué era Venezuela antes de Chávez. Muy sencilla la respuesta: Un lugar a donde emigraban sus compatriotas.

El continente americano es testigo de todo esto.

@PedroBenitezF

 

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