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José Toro Hardy: Crystallex, PDVSA y CITGO

 

Una corte federal en Washington DC confirmó y registró la adjudicación de 1.400 millones de dólares contra Venezuela a favor de Crystallex por la expropiación de sus operaciones mineras en Venezuela. Crystallex puede ahora exigir que se haga cumplir la sentencia del CIADI contra los activos de Venezuela en los Estados Unidos.

¡Dios santo! ¿Hasta dónde podrá llegar el daño que esta locura populista le puede causar a Venezuela? ¿Será que ahora iremos a perder CITGO?

Volvamos algunas páginas hacia atrás para entender lo que está ocurriendo. Las Cristinas -con sus 31 millones de onzas de reservas- se dice que es la mina de oro más grande de Latinoamérica.

A finales de los 90 la concesión de Las Cristinas le fue concedida a otra empresa canadiense, Placer Dome, que para el desarrollo del proyecto creó Minera Las Cristinas, CA (MINCA).

Posteriormente, Placer Dome vendió su participación en MINCA, en una operación que el estado venezolano no reconoció. En 2002, el presidente Chávez anuló los derechos de MINCA sobre Las Cristinas y le otorgó la concesión a Crystallex. Posteriormente Chávez la nacionaliza alegando que: “Esos minerales son para los venezolanos, no para las transnacionales”.

Se inicia así un tortuoso proceso de arbitraje ante el CIADI (tribunal de arbitraje del Banco Mundial) que concluye con la decisión citada al principio de una Corte Federal de Washington que permitiría a Crystallex apoderarse de los activos del estado venezolano en los EEUU, incluyendo PDV Holding y su subsidiaria Citgo.

El caso se complica porque recientemente el 100% de las acciones de CITGO fueron gravadas: 51,1% para garantizar el pago de los bonos de PDVSA cuyo vencimiento se renegoció para el año 2020 y 49,9% en garantía por un préstamo por $ 1.500 millones otorgado por la empresa rusa Rofsnet. PDVSA ha sido incluso acusada de haberse insolventado fraudulentamente afectando los derechos de otros acreedores como es el caso de Crystallex.

¿Qué significa esto para Venezuela?

Comencemos por afirmar que CITGO es el principal brazo comercializador del petróleo venezolano. Disponía de 8 refinerías en el país norteño con capacidad para refinar 1,8 millones de barriles diarios, así como de 66 terminales, participación en oleoductos que atravesaban a los EEUU de sur a norte y 15.250 estaciones de servicio abanderadas con la marca CITGO. Esos activos, en conjunto, nos permitían el raro privilegio de poder llevar los crudos venezolanos desde nuestros propios yacimientos hasta el tanque de gasolina de los automovilistas americanos pasando todo el tiempo por instalaciones venezolanas. Gracias a esa perfecta integración vertical habíamos llegado a controlar el 10% del mercado de gasolina más grande del mundo que es el de los EEUU.

Sin embargo, desde su inicio, el actual régimen fue debilitando esa posición. De los 1,8 millones de barriles diarios que exportábamos a los EEUU hoy enviamos unos 750.000 b/d. Nos hemos desprendido de los oleoductos y de varias refinerías. Nuestro potencial de refinación cayó también a la mitad y de las 15.250 estaciones de servicio quedan menos de 6.000. Aún así, ese país sigue siendo el principal destino de nuestras exportaciones petroleras y, por cierto, de los pocos que aún nos paga en efectivo.

Pero la situación es mucho más grave de lo que parece. Nuevos acontecimientos amenazan al petróleo venezolano. El primero es la autorización para la construcción de oleoductos que llevarán el petróleo canadiense hasta el Golfo de México desplazando nuestros crudos. Pero, más grave aún, la conjunción de tres factores podrían hacer que nuestros crudos dejen de ser competitivos en el mercado americano: a) el rápido desarrollo de la producción petrolera de lutitas en los EEUU gracias al “fracking”, b) el marcado y constante abaratamiento de los costos de producción con esa tecnología y c) las ventajas fiscales que se anuncian para la producción de petróleo de lutitas.

Ahora bien, mientras seamos los propietarios de CITGO, nada podía impedir que esta empresa tomase la decisión de abastecerse con crudos de su casa matriz, PDVSA.

Me explico: En cualquier otra empresa pudiera ocurrir que alguno de sus accionistas objetase la compra de petróleo en condiciones menos ventajosas afectando los intereses de sus accionistas. Pero como el único accionista de CITGO es PDVSA, en nuestro caso ese riesgo no estaría planteado.

Pero la situación ha cambiado. Debido a la manía expropiadora del régimen venezolano, es la propiedad de CITGO la que ahora está en riesgo. Tenemos numerosos arbitrajes pendientes en el CIADI, muchos de los cuales ya hemos perdido y otros -como en el caso de Conoco Phillips- que están por decidirse.

Cada arbitraje perdido pone en riesgo la propiedad de nuestras instalaciones en el exterior y, particularmente, la propiedad de CITGO que como hemos visto tiene una importancia estratégica fundamental para Venezuela.

En esta situación hemos caído como consecuencia de la llegada al poder de unos advenedizos dogmáticos que creyeron que con El Capital de Marx bajo el brazo podían hace y deshacer como les viniera en gana con el destino de Venezuela.

Ahora la situación adquiere proporciones realmente graves. Si algún consejo se me permite, yo le recomendaría a estos señores que a la mayor brevedad llamen a Crystallex, a Conoco Phillips y a las demás empresas con reclamaciones pendientes ante el CIADI y se sienten a negociar directamente con ellos. Que les ofrezcan reponerles los derechos que fueron afectados en estos años de locura, y que se establezcan las condiciones requeridas para que retomen las inversiones que con tanta urgencia se requieren para ayudar a Venezuela a salir de esta pavorosa crisis en que han sumido al país sin ninguna necesidad.

@josetorohardy
petoha@gmail.com

 

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