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Enrique Meléndez: Una democracia chucuta

 

Todos los días este gobierno nos desconcierta con sus arrebatos; pero hay veces en que se le pasa mano, como decimos en criollo; como lo que acaba de suceder con las famosas sentencias; que emanaron de la Sala Constitucional del TSJ, lo que se dice, entre gallos y medianoche, y que mantuvieron ocupada a la opinión pública desde el día jueves, hasta el sábado; perplejo todo el mundo, por lo que se consideraba un verdadero arrebato; desconocimiento total de la voluntad de una ciudadanía, que había consignado su voto por una Asamblea Nacional (AN), a la que se le despojaban de sus funciones, y de unos diputados que ahora podían ir presos; cuando Nicolás Maduro así lo considerara, de acuerdo a lo que disponían ambas sentencias.

De allí el que se llegara a la conclusión de que se trataba de un asunto de pranes; como se dice ahora en el argot venezolano; es decir, donde no hay para nada racionalidad, y demasiado instinto. De hecho, hay quien asegura que detrás de la misma está Diosdado Cabello; precisamente, por el desconocimiento que se delata allí del derecho; puesto que al adoptar dichas sentencias no se pensaba en sus consecuencias, teniendo presente la flagrante distorsión del ordenamiento jurídico venezolano, con la cual salieron redactadas, y de allí el que se interpretara la salida de la fiscal Luisa Ortega Díaz como una diferencia de una parte del oficialismo; con respecto, precisamente, a aquella de Cabello, y que se evidenciaría con lo que sucedería después, es decir, que vendría la rectificación de ambas sentencias, y que se impondría el ala moderada de dicho oficialismo.

¿Quién le dijo a Henry Ramos Allup que esas sentencias se revertirían; de acuerdo a lo que declaró el viernes en la noche? Que fue también lo que se supuso; en el sentido, sobre todo, de que la salida de Ortega Díaz no era sino un teatro; un peloteo orquestado por Nicolás Maduro desde Miraflores entre los poderes; merced a la posesión que se tiene de los mismos, y que fue lo que argumentó precisamente Mercosur, para considerar que a Venezuela se le debe aplicar la Carta Democrática; un peloteo llamado a demostrar que en este país sí hay independencia de poderes, a partir del momento en que se le hace caso a la fiscal, es decir, se convoca a un Consejo de Estado, que se ocupe de revisar “el impasse”, como lo calificó Maduro, y a la final se le dio la razón a Ortega Díaz; posando, incluso, el susodicho con ella en el Palacio de Miraflores; de modo que quedó como el gobierno más democrático del mundo.

Lo otro es que constituía una necedad la adopción de esas sentencias; partiendo de que estamos ante una AN nula; lo que sería como ganarle dos veces la guerra a un vencido. Un poder que, no sólo está aislado de los otros poderes, sino que además está cercado; hasta desde el punto de vista administrativo: los diputados tienen una miseria de salario; desde hace varios meses no cobran, por lo demás, producto de ese cerco; aparte de tener al acecho a Jorge Rodríguez y sus bandas de colectivos, dispuestos a asaltar al palacio legislativo; como ya lo han intentado varias veces, o a agredir hasta una diputada; como ha sucedido con Dinorah Figuera.

Por otra parte, ni el presidente de la República ni los ministros se han dignado presentar sus respectivas Memoria y Cuenta ante el soberano cuerpo legislativo; lo que traduce un desconocimiento total de la institución; teniendo como justificativo el tema del desacato; que desde un primer momento estaba llamado a cercenar el funcionamiento de ese nuevo parlamento; que se imponía desde el 6 de diciembre de 2015; cuando se gana en forma abrumadora su representación; para sorpresa, no sólo del gobierno, sino también de la oposición.

La prueba está en que a esta gente no la ha movido para nada la idea de repetir las elecciones en Amazonas. Hasta ahora ha mantenido a la oposición en un vacile, como decimos en criollo, con el cuento del gallo pelón, del que habla García Márquez en Cien Años de Soledad; a partir en este caso del tema de la desincorporación de los diputados del Amazonas. Se trata de un desacato, producto de un despropósito, a objeto de mantener la situación entre la legalidad y la ilegalidad, y entre tanto los tiene sin cuidado el hecho de que aquella región del país tenga o no representación legislativa en la soberana Asamblea.

Pero lo más pintoresco de este intento de arrebatón, por parte de los pranes del oficialismo, es que en medio de la furia se dan cuenta de que sin la AN no hay aprobación de créditos y de contratos financieros y comerciales en el campo internacional; como lo hizo ver José Guerra de inmediato, y que es ahora lo que se dice que los obligó a tener que recoger la mano; lo que puso a prueba nuestro proceso de democratización; aun cuando más de uno ha advertido que, si bien las sentencias fueron revertidas, la intención ha quedado.

Empezando porque no se sabe si habrá elecciones o no este año, y tanto más según lo que ha dicho Freddy Bernal al respecto, es decir, que pensar en eso para este 2017 es cosa de adivinanzas, y que es lo que influye también en el hecho de que no se repitan las elecciones en Amazonas; pues después de haber sido la gente más electoralista del mundo; ahora resulta que le temen a cualquier tipo de elección; a propósito de ese abrumador rechazo que tienen en la población venezolana, y la que recibe la famosa bolsa de comida CLAP con las narices tapadas; pues según las encuestas el 63% considera que su gestión es muy mala y el 30% que mala; aparte de que Maduro no necesita que le limiten la inmunidad parlamentaria a los diputados, pues el año pasado vimos la detención de uno de ellos, de Gilbert Caro, activista de Voluntad Popular en una forma muy arbitraria, acusado de terrorista.

melendezo.enrique@yahoo.com

 

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