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Fátima: 100 años de peregrinación

Hace un siglo, la Virgen María se apareció ante tres pastorcitos de un remoto pueblo portugués. Hoy, el lugar es uno de los santuarios más visitados de la cristiandad.

 

Fátima quizás ni figuraba en el mapa de Portugal hace 100 años, sin embargo, en esa zona rural relativamente cerca de Lisboa se registró una de las pocas apariciones de la Virgen María certificadas por la Iglesia Católica. Hoy es uno de los pueblos más conocidos del país y uno de los lugares de peregrinación más visitados de la cristiandad.

En 1917, Europa se hallaba inmersa en la Gran Guerra y –milagrosamente– Portugal estaba fuera de la conflagración mundial. Ese año, la Virgen se apareció a Lucia, de 10 años de edad, y a sus primos Francisco, de 8, y a su hermana Jacinta de 7 años. Les pidió que acudieran a ese lugar –la Cova da Iría– todas las fechas 13 a partir de ese 13 de mayo, y que ahí mismo le construyeran una capilla.

Parecía absurdo solicitar aquello a unos niños en medio de unas pobres tierras de labranza y pastoreo… pero lo pidió y lo logró. Por eso, el centenario de las apariciones, que concluyeron el 13 de octubre de 1917 con el llamado “milagro del Sol”, registrado por la prensa portuguesa con fotografías y testimonios, no podía pasar inadvertido.

Muchos peregrinos acudirán durante todo este año al Santuario de Fátima, y hasta el papa Francisco estará presente para celebrar la fecha. La canonización de los dos hermanos videntes podría ser el broche de oro, como fue su beatificación en el Jubileo del año 2000, cuando Juan Pablo II también reveló el célebre “tercer secreto de Fátima”, que se había mantenido en custodia de los pontífices desde el tiempo de las apariciones hasta el comienzo del nuevo milenio.

De capillita a basílica. Seguramente mucha gente acude a Fátima con la curiosidad de “ver algo” o sorprenderse con los milagros que se obraron allí, como cuando el Sol pareció salirse de su órbita, la “señal” que dio la Señora del Rosario para certificar que aquello era sobrenatural. Otros van con el convencimiento de que los milagros serán curaciones de enfermedades –del cuerpo o del alma–. Y otros se acercan para honrar a la Madre de Dios que estuvo al menos seis veces en ese sitio y pidió una capilla para que la gente rezara allí.

La Capilla de las Apariciones –la Capelhina– se encuentra justo donde estuvo la encina en la que se aparecía la Virgen, apenas posando sus pies en las ramas. Allí la veían los niños, mientras Lucia hablaba con ella.

Luego se encuentra la gran Basílica del Rosario, al fondo de la gran explanada de un kilómetro de largo. Fue construida en el año 1953 y allí reposan los cuerpos de los beatos Francisco y Jacinta, y el de sor Lucia, quien murió en 2005 y cuya causa de beatificación ya pasó la primera fase. En la entrada de la Basílica está un trozo del muro de Berlín, como recuerdo de la caída del comunismo en Europa, una de las intenciones de oración que le pedía la Virgen a los niños. Justo al extremo contrario de la explanada, frente a la Basílica está la capilla del Santísimo Sacramento. Por estos lugares, empezando en el Pórtico del Centenario, deben pasar los peregrinos para ganar la indulgencia en este año de jubileo.

Pero además hay otros sitios de interés: Loca do Cabeço y Pozo de Arneiro, donde los niños vieron al Ángel de la Paz en 1916, un año antes que a la Virgen, y Valinhos, donde la Señora los visitó el 19 de agosto de 1917, pues la policía se los llevó presos y no pudieron llegar a la cita del 13 de ese mes.

Una gran columnata –con el Vía Crucis y otras esculturas de santos–, rodea el Recinto de Oración, que es la gran explanada donde se reúnen los peregrinos en las celebraciones multitudinarias.

También hay un árbol de más de cien años llamado la Encina Grande: es el único que queda en pie de la época de las apariciones. Contaba sor Lucia que justo delante de este árbol brilló el segundo relámpago que precedió la visión mariana.

Dada la cantidad de peregrinos que recibía este santuario, a principios de 2000 se proyectó la iglesia de la Santísima Trinidad, de estilo moderno, y se culminó en 2007.

Portugal es un país al que siempre se quiere volver, y Fátima es parte de ese imán luso que llama por piedad, por curiosidad y, qué duda cabe, por admirar la belleza humana y sobrenatural que ahí se respira.


Cómo llegar

– Hay excursiones que se programan por un solo día desde Lisboa en transporte privado.

– En vehículo particular siguiendo la autopista A1 en dirección a Oporto, se toma el desvío de Fátima (a 120 km desde Lisboa).

– En autobús desde Lisboa, en la estación de Sete Ríos (linha Azul de metro). La compañía Rede Expressos ofrece autobuses cada media hora aproximadamente y todos los días. Costo: 11,40 euros.

– Más información en página oficial del Santuario de Fátima: www.fatima.pt/es y www.turismoenportugal.org/santuario-de-fatima

 

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