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Alberto Barrera Tyszka: La caligrafía de los tomates

 

Como si se tratara de una película extranjera, que ninguno de nosotros puede comprender, Aristóbulo Istúriz se presenta en la televisión como un gran intérprete, queriendo traducirnos y explicarnos lo que ocurrió en San Félix.  Lo que ustedes vieron no es en realidad lo que ocurrió. Lo que pasa es que la gente en Guayana es muy rara. Se expresan de otra forma. Tienen sus puntadas de rabo, pues. Ellos cuando quieren expresar su amor, te lanzan cuanto tengan al alcance de su mano: un huevo, una pelota de béisbol, un pimentón,  una concha de plátano, lo que sea. Esa gente es así, chico, yo los conozco. Mira, a ellos no les gusta escribir en papeles, ni están pendientes de los emails, ni nada de eso. A ellos les encanta mandar mensajes con tomates. ¡Ah, pues! Yo soy maestro. Por eso te lo estoy diciendo. Ese día, a Nicolás,  lo que le estaban tirando era pura correspondencia, puros mensajes de amor en clave tomate perita: ¿no es una maravilla? Pero, claro, si ustedes no los conocen, se confunden. Ven cualquier imagen medio distorsionada por la derecha televisiva y, listo, luego piensan que las cosas son de otra manera. Pero no. Las vainas no fueron así. Yo que se los digo. Cuando un guayanés te quiere mucho, te persigue, te lanza cosas, te grita, te manda pal carajo ¡Esa es su forma de expresar amor!

Como si todos los venezolanos fuéramos ciegos, como si nada más tuviéramos media neurona despierta debajo del pelo, el Ministro Vladimir Padrino de pronto pretende reinventar los días de feroz represión que hemos vivido con una nueva y sorprendente declaración. Después de gastarse todas las bombas lacrimógenas del inventario, de repente descubre que manifestar pacíficamente es un derecho consagrado en la Constitución que no se puede tocar “ni con el pétalo de una rosa” ¿Qué dice, entonces, el General?  Que no nos están atacando. Que todo es un espejismo. Que no sabemos ver bien lo que ocurre. Que esos militares que disparan y que golpean, en el fondo, no nos están reprimiendo. Todo lo contrario: nos están defendiendo ¿Por qué no nos damos cuenta? ¿Por qué confundimos los abrazos con coñazos?  Los 470 arrestos, las 180 personas que aun están detenidas, todo eso es pura protección. No le presten atención a las denuncias de tortura de los hermanos Sánchez. Eso también es para defenderlos. Lo nuestro es pura prevención.

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Como si todos no conociéramos ya la rutina, Tarek El Aissami anunció ayer que el oficialismo realizará el próximo 19 de abril “la marcha de las marchas”. Lo dice como si fuera una novedad. Como si nadie hubiera escuchado a la MUD convocar con anterioridad a una concentración en esa misma fecha. Como si nadie en este país supiera lo que ocurre y cómo se organiza, desde el Estado, toda la participación popular en los actos pro gobierno. El Vicepresidente llama al diálogo, invoca la democracia, exalta la diversidad, pero advierte que “hasta ahora” lo que ha convocado la oposición son “actos terroristas de carácter violento y criminal”. No como los nuestros, por supuesto. No como nuestros muchachos de los colectivos, siempre dispuestos a evitar conflictos en la ciudad.

Como si no le importaran las angustias de los otros, Nicolás Maduro intenta día a día  convencernos de que nuestra vida es una ficción. El hambre no existe. La escasez es una truco de la imaginación. La inflación solo es una fantasía. Aquí todo está bien. Aquí la estamos pasando chúpili. No se dejen marear por la derecha y sus inventos. Esas colas son pura paja. Aquí hay de todo. Aquí hay hasta para regalar. No se los estoy diciendo: ya estamos a puntico de ser potencia. Lo que pasa es que ustedes aun no se han dado cuenta. Van pal cielo y van llorando, como dicen. Tienen que bajarle dos al estrés. Tienen que hacer como yo. Bailen salsa. Colúmpiense sobre la realidad. Engorden. Acepten la enorme felicidad que tenemos y déjense llevar por ella. La vida es bella ¿No ven el estado de plenitud en el que estamos y vivimos siempre Cilia y yo?

Nunca antes, en Venezuela, un gobierno se burló  tan cruelmente de las necesidades del pueblo. Han ignorado las preocupaciones y problemas de las mayorías. Peor aun: se han reído del dolor de la gente. Han hecho chistes públicamente, negando la realidad, minimizando las tragedias cotidianas de millones de venezolanos. Y encima, todavía, siguen mintiendo. De manera patética, insensible. Insisten en negar lo que ocurre. Se aferran al engaño, quizás piensan que es lo único que puede salvarlos.

¿Se puede creer en ellos? ¿Se puede creer en un gobierno que cierra las estaciones del metro para evitar que la democracia sea participativa y protagónica? ¿Se puede creer en un poder que controla los medios de comunicación para invisibilizar la realidad, para impedir que el pueblo sea noticia?

En las sociedades sin transparencia, sin datos claros, sin auditorías,  comienzan a aparecer otros indicadores estadísticos: el descontento popular, las protestas, también la represión…Mientras el oficialismo siga empeñado en no leer lo que ocurre, seguirá hundiéndose en su propio fracaso y continuará, también, creciendo la indignación y el rechazo. La caligrafía de los tomates es cada vez más clara.

 

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