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Domingo Alberto Rangel: Antes de la marcha final, ¡La Lagunita da para todo!

 

En la Lagunita Country Club los chavistas proliferan pero no son los únicos que se reúnen para conspirar.

Esa noche la quinta JENNIFER FRANCISCA tenía el portón principal, generalmente cerrado no solo por la inseguridad sino también para mantener la envidia a raya, abierto de par en par.

La mansión lleva el nombre de la hija mayor del matrimonio Colmenares desde principios de los años sesenta, cuando en calidad de dote, la suegra de Juan Ramón, dueño actual de la casa, le regaló al futuro yerno la quinta, amoblada, como preludiando lo que sería años después la Misión Vivienda. Luís Ramón es un alpinista social que antes de que nacionalizaran la industria petrolera trabajaba como ingeniero en una gran compañía privada, justo cuando dio su braguetazo casándose con Dorothy, nieta de una tal Francisca.

El segundo nombre de la quinta nunca le gustó al señor de la casa. Y tampoco a la hija mayor del matrimonio que cuando lo vio impreso en la cédula de identidad… de inmediato pidió cambio, sobornando el registro. A la muchachona le habían encasquetado el FRANCISCA sin pedirle opinión. Pero quien paga el mariachi…

Esa noche a diferencia de otras oportunidades Luis Ramón senior no fungía como jefe de grupo: Hacía en cambio las veces de consejero aunque su mujer, Dorothy Francisca, cuando se peleaban solía enrostrarle al consorte cosas como que:

– “Luisra, tu siempre fuiste un seso hueco pero también experto jala bolas, si mi padre no nos hubiera regalado esta casa, si Papucho no te hubiera convencido para vender los secretos de PDVSA a la Shell nunca habrías sido millonario”.

Luis Ramón, también conocido entre sus amigos como “Luisra, el Petroespía”, retrucaba en medio de la gritería:

– “A vaina mujer, eso es pasado, tu papá ganó más real que yo, con mi ayuda, a pesar de que nunca consiguió diferenciar petróleo de negro humo”.

– “Ni falta le hizo, imbécil” contraatacaba Dorothy Francisca y así.

Esas amables discusiones terminaban cuando aparecía en escena el segundo hijo, Luis Ramón, también ingeniero pero con muchos post grados en el norte y sin mayor curriculum laboral.

– “Mom y Dad, dejen de pelear que mi papito nació para inside trader y lo hace bien… eso no es malo, lo que pasa es que Dad no había descubierto sus virtudes y mi abuelo por suerte estaba mosca”.

Colmenares senior, meritócrata del paro petrolero y firmante perdonado por Hugo Chávez, del Decreto de Carmona, leyendo encuestas concluyó que a 15 años de aquel 11 de abril… la historia se podía repetir… y con su experiencia como aval fue fácil convencer al hijito, enchufado en PDVSA, para que otra generación repitiera la hazaña… solo era asunto de que el junior convenciera las fuerzas vivas para que lo apoyaran a formar junta de gobierno.

El junior no era nuevo en esas lides porque también había participado en el Carmonazo y fue beneficiado del perdón de Chávez: El muchachón, disfrazado de Cara Pintada y portando un enorme fusil de asalto, no abandonó a Pedro Carmona durante los 3 días que duró aquel efímero gobierno.

La lista del junior para esa noche memorable tenía de todo, como en aquel 11 de abril, pero los tiempos cambian, las cartas no son las mismas: En la asonada esta vez no estaba el Alto Mando pero si 4 oficiales activos, pero sin mando de tropa, que fue lo único que el chamo pudo contactar en la plaza de El Hatillo.

Representando los medios no figuraban las mayores televisoras pero si apareció un presunto coordinador de 153 radios comunitarias que, según decía el personaje recién llegado desde Miami en avión propio:

– “Es lo que oyen los chavistas y yo lo programo”.

También representando los medios asistieron a la histórica convocatoria 5 amistades de Jennifer Francisca, la chama de los Colmenares, que habían convencido a sus padres para que les financiaran páginas web y televisoras vía Periscope, para:

– “!Apalancar negocios!”.

Los primeros invitados en llegar esa noche fueron los militares, todos en activo pero vestidos de paisano. De grados bajos, los 4 tenían denominadores comunes: Uno, odio parejo contra Maduro que los había dejado sin mando de tropas, en sus casas. Y dos, hambre ciriaca que se notaba porque antes que llegase el segundo invitado se habían comido todos los quesos, los chinchulines y bebido una botella de Etiqueta Negra. Representaban, decían, la FANB decente. En el ataque a los quesos y al whiskey, los militares se aliaron con Yul, el de las radios comunitarias que se quejaba porque:

– “De haber sabido lo pelado que está el Aeropuerto de Caracas… habría comido en Miami”.
Es de mencionar que algo despelotado llegó esa noche a la JENNIFER FRANCISCA un camarógrafo, “bien dateado”, que no estaba invitado. Trabaja en de una televisora caraqueña, pero se fue rapidito porque en esa casa:

– “Hay gente rara, hablan muy suave, el micrófono no los capta, a cada rato ven por las ventanas y ninguno de los presentes me ayuda porque los dueños de la casa prohibieron pegar gritos, así no se puede”. Le dijo el fablistan cuando salía, a su Jefe de Información que lo había mandado hasta La Lagunita.

Los Colmenares también invitaron gente local, de confianza, para despistar: Por ejemplo boliburgueses en trance de saltar la talanquera y bolichicos acostumbrados a hacer malavares en la cuerda floja del chavismo y el antichavismo, financiando políticos al estilo funanbulesco de los famosos hermanos Wallenda.

Encontrar quien representara a los trabajadores fue tarea difícil porque los amigos del junior no encontraron en la ciudad quien se supiera el nombre del Presidente de la CTV, pero eso se zanjó democráticamente:

– “No importa que nadie sepa de la CTV dijo Juan Ramón el viejo, total aquel 11 de abril Carlos Ortega nos echó la partida para atrás”. Todos quedaron tranquilizados, una vez convencidos de que la CTV tiene menos gente que un partido de maletín… y la clase trabajadora en todo caso estaría bien representada por Juancho, el chofer y Pedrito, el jardinero de la familia. Amelia, la cocinera no fue aceptada porque alguien tenía que freír los tequeños.
Entre los locales se invitó un señor identificado por Juan Ramón el joven, como “Miembro de un Colectivo bien enchufado”: Según este ciudadano el 23 de enero estaba.

– “Bajo control de mi organización”

Y quizás era verdad porque el colectivo que decía representar, según Juan Ramón, el viejo:

– “En el 23 tienen radio, televisora, panadería y servicios de seguridad”.

– “Allí no tienen competencia esos guaros y al que se atreva a montar panadería o televisora de cable le caen a piña y ya, por algo el gerente del banco dice que ese tipo es muy buen cliente”.

La otra vecina es conocida de nosotros porque representaba a su maridito y asistió al cónclave acompañada de sus hijos… Anayantzi Monterola, la dueña de la quinta “KIM Y KHLOE” cuyo marido, lector también de encuestas… preparaba el salto de talanquera pero al saber que la MUD se reunió de nuevo con el gobierno en Dominicana… el consorte arrugó y mandó a su esposita a la reunión conspiratoria, para averiguar.

Entre palo y palo, embuste y embuste la noche pasó agradable y al final, tras 4 botellas de la misma marca quedaron en que el 19 de abril todos se irían a una casita que los Monterola recién habían comprado, merced a los últimos pedidos de cajas CLAPS, en Galipán…

– “Desde allí se verá todo como en el cine y cuando la marcha se enrede en la Defensoría… donde irán los gafos a coger plomo y gas… nosotros bajamos hasta Miraflores, como lo hizo Pedro I, y nos unimos a los militares. Cuando vean lo que representamos:

-“Mínimo salimos con 3 ministerios”, dijo el de las radios comunitarias antes de irse en carrera para Miami.
En la casa vecina el señor Sosa Diaz-Parra, también invitado, decía:

– “Será posible que Colmenares sea tan pendejo, yo voy si reúnen una oposición seria… no para repartir de nuevo la piñata”.

 

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