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Gustavo Márquez: Para que el río vuelva a su cauce

Cuando alguien admite que ha cometido un error, libera a quien se lo señala de presentar argumentos probatorios. Dicho en términos jurídicos, “a confesión de parte, relevo de pruebas”. Este es el caso de la anulación parcial que hizo la Sala Constitucional del TSJ (SC) de las sentencias 155 y 156, motivada por la exhortación de revisión que le hizo el CODENA, luego de que la Fiscal General, Luisa Ortega Díaz, se pronunció en el sentido de que “en dichas sentencias se evidencian varias violaciones del orden constitucional y desconocimiento del modelo de Estado consagrado en nuestra Constitución, lo que constituye una ruptura del Orden Constitucional”.

Con la modificación de esas sentencias, la SC “restableció” la inmunidad parlamentaria y “anuló” la transferencia al Presidente de la función de legislar en los ámbitos de la corrupción, penal y militar. Le da la razón a la Fiscal al reconocer que las susodichas no tienen pertinencia constitucional y reafirma que una cosa es interpretar la Constitución y otra bien diferente es, pretender modificar su espíritu y razón, especialmente cuando se altera la estructura orgánica del Estado, de la cual depende el orden constitucional y la estabilidad democrática ¿Qué consecuencias tiene este traspiés de la SC?

Más allá del debate jurídico de si la SC puede o no revisar sus sentencias, lo cierto es que aún se mantiene el desorden institucional que afecta la gobernabilidad del país. En efecto, la falta de decisión del TSJ sobre el supuesto fraude en la elección de los 3 Diputados de Amazonas acompañada de su suspensión indefinida, el consiguiente “desacato” de la AN con la incorporación de los mismos, que a su vez provoca su no reconocimiento por los otros poderes públicos y así sucesivamente, ha creado una dinámica entrópica, mientras se profundiza la degradación de la vida de los venezolanos por la escasez, la hiperinflación y la inseguridad.

La única vía para romper ese círculo vicioso infernal que podría desembocar en la violencia política fratricida, que ya comienza mostrar su terrible rostro, es el reconocimiento mutuo y la restitución plena de la Constitución. Si el Presidente Maduro “está ansioso” de que se convoquen las elecciones regionales y la oposición está exigiendo que se realicen ¿Qué espera el CNE para convocarlas? En sus manos está que el rio vuelva a su cauce.

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