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Juan Antonio Sacaluga: Erdogan, presidentísimo: las claves de su proyecto autoritario

 

El presidente Erdogan ha conseguido el triunfo en el referéndum constitucional que consagra la conversión del sistema político en una República presidencialista, con poderes ejecutivos reforzados para el jefe del Estado, menos competencias para el Parlamento y disminución de la autonomía judicial.

El SI se ha impuesto por un 51,37% de los votos. La oposición ha pedido un recuento ante la sospecha de manipulación de papeletas. En las tres grandes ciudades del país ha ganado el NO, incluida Estambul, la cuna política de Erdogan. De cumplirse el calendario previsto, Erdogan podría continuar en la cúspide del poder hasta 2029. Éstas son las principales claves del referéndum.

1) A Erdogan le vale el estrecho margen del 3%. Será inútil especular con la debilidad del régimen turco, sólo porque el resultado no sea “plebiscitario”. Los estrategas de Erdogan se habían fijado el objetivo de un 60% de votos afirmativos. Pero eso fue hace semanas. Durante la campaña (técnicamente hablando: la real empezó en julio, si no antes), las expectativas se fueron corrigiendo. A la baja. En los días previos a la consulta, ya se manejaba este resultado: tres puntos. Por tanto, misión cumplida.

2) No habrá transición ni demora. Ya lo dijo el primer ministro adjunto, Numar Kulturmus, hace un par de semanas: “las resistencias al proyecto presidencialista se agotarán con el triunfo del sí”. No pocos observadores creen que el pacto con el MHP, el partido de los ultranacionalistas conservadores, para observar una transición no se cumplirá. El círculo de colaboradores más próximo a Erdogan considera el sistema político actual como un fardo del que es preciso librarse cuanto antes (1).

3) La oposición, neutralizada. El referéndum acrecienta la impotencia de la oposición. El profesor turco afincado en Estados Unidos, Soner Cagaptay, lo expresa con precisión: “la brecha entre los bloques de la oposición es, a veces, mucho más amplia que la brecha entre estos bloques y el AKP [el partido gubernamental]” (2). Las sospechas de fraude pueden alentar cierta convergencia, pero seguramente sólo temporal.

4) La purga puede detenerse. Es una hipótesis que no debe relacionarse con un reflejo de “generosidad” del régimen o como una prueba de fortaleza. Simplemente, el Estado turco puede estar rozando el límite de las depuraciones. La eliminación de miles de puestos en la Administración, en las instituciones, en todos los ámbitos de la vida civil, social y cultural es tan amplia que ya no hay fieles reputados para cubrir los puestos vacantes. (3) No se trata de una suerte de amnistía. A los purgados les espera un periodo largo de amargura. Pero quizás haya llegado la hora de parar. Salvo que salten las alarmas, por ahora difícil de anticipar.

5) El Ejército, a la espera. A muchos sorprende que las Fuerzas Armadas no hayan bloqueado a Erdogan, como hicieron con otros dirigentes civiles mucho antes de que se hicieran tan poderosos. La respuesta parece clara: el Presidente ha aprovechado la “limpieza” para destruir la penetración de los partidarios de Gulen en los cuarteles. Los militares no constituyen un bloque monolítico. Erdogan se ha aprovechado de las divisiones internas para afianzar su poder sin atentar en absoluto con el poder militar. De momento, el pacto funciona.

6) Los interrogantes de la nueva construcción institucional. El cambio constitucional aprobado este 16 de abril obligará a una revisión de las reglas de juego de casi todos los aparatos del Estado, como explican los profesores Ekim y Kirisci (4). La Justicia es uno de los más importantes. Hay una resistencia relativamente activa, a pesar de las purgas. Pero los nuevos mecanismos de selección, elección, revisión y sanción de los funcionarios judiciales, de arriba abajo, obligarán a una recomposición, política y funcional. Será una lucha sorda, con poca repercusión en los medios. Pero muy dura, sin duda.

7) El discreto y condicionado apoyo de las fuerzas religiosas. Erdogan se ha mostrado muy hábil en su empeño por socavar las raíces secularistas del Estado kemalista. Ha sabido evitar los errores de partidos islamistas predecesores del AKP, e incluso los suyos propios que estuvieron a punto de echarlo de la política para siempre. Las fuerzas religiosas están tan divididas como la oposición. Como dice el orientalista Zarcone, las cofradías respaldan al presidente, pero no todas comulgan con su ambición de poder, o no todas con el mismo convencimiento (5). La división que se observa en ellos se traslada a su propio partido, el AKP. Aunque nadie se atreve a cuestionar al gran líder, muchos de sus principales dirigentes no se privan de decir, con discreción, que no entienden esta reforma constitucional.

8) La guerra de Siria, prueba de fuego. Erdogan tendrá que encajar el “nuevo Estado”, o el nuevo ordenamiento del Estado, al tiempo que gestiona un panorama exterior complejo, con repercusiones directas en el orden interno. La guerra de Siria seguirá condicionando el tratamiento del problema kurdo. Cualquier solución que implique una partición del país o un incierto periodo de transición alimentará las pretensiones de un semi-estado kurdo entre Turquía y Siria. Si Estados Unidos sigue confiando en las milicias kurdas para terminar de derrotar el Daesh en Siria, Ankara acrecentará su nerviosismo. O si Trump se decide a acabar con el régimen de Assad, resuelto el desafío yihadista, y eso supone prolongar la alianza con los kurdos, Erdogan se verá obligado a plantarse y tratará de reforzar su utilitaria colaboración con Moscú.

9) ¿Adiós a Europa? La deriva autoritaria aleja a Turquía de Europa. Parece una obviedad, a tenor del discurso hostil y casi desafiante de Erdogan en las últimas semanas, con provocaciones directas dirigidas hacia Alemania u Holanda. Se teme en Europa que, si las cosas en el Kurdistán se deterioran, el mega-presidente fuerce la restauración de la pena de muerte. En ese caso, ha advertido Juncker, se acabaron las negociaciones. Es una declaración retórica. En la práctica, no hay negociación que valga desde hace tanto tiempo. “Erdogan necesita más enemigos que amigos”, sostiene Cagaptay. Y Europa cumple los requisitos apetecidos por Erdogan más que cualquier otro agente externo.

10) Los límites del venenoso culto a la personalidad. Erdogan sigue siendo popular, pese a todo lo ocurrido antes y después del 15 de julio. Las clases populares, medias y bajas, lo siguen viendo como un defensor de sus intereses, en proporción mayoritaria. Eso casi nadie lo discute, incluidos sus críticos o sus enemigos (no tiene rivales). Pero su éxito ha estado ligado a una coyuntura económica favorable, que se deteriora a ojos vista, y eso explica también que se haya debilitado su apoyo popular. Si refuerza la presión autoritaria para atajar estas vías de agua, se eleva el riesgo de alejarse de las masas. Todavía más peligroso es que opte por un discurso providencialista, del que ya hay no pocas señales. En la campaña se permitió compararse con el Profeta, al manifestar, ante unos estudiantes rendidos a sus encantos, que igual que Mahoma eludió a sus perseguidores en la hégira (la huida de La Meca a Medina), él se libró de los militares que quisieron detenerlo o matarlo la noche del golpe, sin duda gracias a la inspiración divina.

Notas

(1) “Référendum à quitte ou doublé para le président Erdogan. MARIE JEGO. LE MONDE, 13 de abril
(2) Entrevista en THE CIPHER BRIEF, 3 de abril.
(3) “Inside Turkey´s Purgue”. SUZY HANSEN. THE NEW YORK TIMES, 13 de abril.
(4) “The turkish constitutional referéndum, explained”. SINAL EKIM y KEMAL KIRISCI. BROOKING INSTITUTION, 13 de abril.
(5) Entrevista en LE MONDE, 14 de abril.

 

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