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Vladimir Villegas: 19-A: ¿La batalla final?

Recuerdo el 11 de abril de 2002. Un titular  a diez columnas abría el diario El Nacional: “La batalla final será en Miraflores”. Y ya todos sabemos lo que ocurrió ese día y en los días sucesivos. Marcha masiva, represión, violencia, muerte, golpe, contragolpe, regreso de Chávez…

¿Nos espera algo parecido el próximo miércoles? ¿Está cantado que este 19 de abril veamos nuevamente el escenario que vivimos hace tres lustros? ¿Nada  nos salva de una confrontación violenta y definitiva que milagrosamente no se ha concretado? Difícil  dar una respuesta pero esas preguntas siguen allí, aliñadas con la angustia de lo que pueda pasar, de que lleguemos a un punto de no retorno en cuanto a violencia.

Faltan pocas horas para que llegue ese día. La oposición está llamando a tomar las calles y movilizarse hasta la Defensoría del Pueblo.  Recientemente vimos movilizaciones anti gobierno en varias parroquias caraqueñas, sin mayores novedades.  No es un axioma que una marcha de la oposición en el municipio Libertador deba terminar en violencia. Pero sí es axiomático que la represión, la confiscación del derecho a la protesta puede provocar  reacciones violentas. Y Eso ha ocurrido en nuestra historia pasada y reciente. Y seguirá ocurriendo, tanto en Venezuela como en el mundo. En una democracia que se precie de ser tal no puede haber cotos cerrados. Espacios exclusivos para que un solo sector haga uso de un derecho constitucional.

La violencia no se justifica. No creo en ella. No creo que la solución a nuestros problemas emerja de un esquema violento, que puede dispararse fácilmente. Tenemos casi todos los números de esa rifa. El liderazgo opositor puede ser firme sin dejar de ser responsable, sin hacerle concesiones a radicalismos que terminan favoreciendo la estigmatización del deseo de cambio y del legítimo ejercicio de la protesta cívica y democrática. Pero el liderazgo chavista, o madurista, también tiene que asumir su cuota de responsabilidad. Jugar a repetir el escenario del 11 de abril es tentar la violencia, provocar hechos sangrientos y tentar demonios que ya andan sueltos.

Entonces no tendría que ser un hecho amenazante para un gobierno que la oposición convoque a marchar hasta el centro de las ciudad, y menos aún que quiera hacerlo ante la Defensoría del Pueblo, que en teoría no es una dependencia gubernamental sino una institución para hacer valer los derechos humanos, entre ellos el derecho a la protesta, o para decirlo en criollo, el derecho a pataleo, que es, después del derecho a la vida, el más constitucional de todos los derechos. También es un derecho la contramarcha, pero se transforma en una provocación cuando se pretende realizarla en el mismo lugar y a la misma hora, haciendo uso para ello de todo el ventajismo que se pueda imaginar, incluida la acción desmedida de los cuerpos policiales y de grupos armados que cuentan con toda la impunidad disponible.

Por todo lo anterior vemos con temor las movilizaciones del 19 de abril, de pasado mañana, precisamente cuando se conmemora una importante fecha patria,que abrió paso, en 1810, al proceso de independencia de nuestra nación. Pero el temor no es razón para que el pueblo no se movilice en defensa de sus aspiraciones colectivas.

La dirigencia opositora tiene que mantener el control y evitar atajos que lleven a  desenlaces indeseables, e impedir que factores anárquicos e irracionales le arrebaten la dirección de esa movilización y de su política. No se puede dejar chantajear. Pero el gobierno tiene la gran responsabilidad de controlar sus instintos autoritarios, y dejar que la protesta se exprese, incluso en Caracas. ¿Acaso nuestra capital le pertenece al Psuv? ¿No cuenta para nada el derecho a manifestar de los ciudadanos que en forma abrumadora derrotaron al oficialismo en 20 de las 22 parroquias? ¿Por qué una parte del pueblo, grande o chica, no puede llegar hasta la Defensoría del Pueblo y otra sí? ¿Es justo eso, amigo Defensor?

Lo cierto es que nuevamente estamos ante una circunstancia rodeada de muchas tensiones. No tiene por qué ser la madre de todas las batallas ni el día de matar o morir. Pero hay quienes lo ven así de lado y lado. Ojalá no se impongan.

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