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Néstor Francia / Análisis de Entorno: La foto del 19 de abril (20-04-2017)

El día de ayer ambos polos en la liza lograron sus objetivos mínimos. El chavismo dio una nueva demostración poderosa de capacidad de movilización y de convocatoria, y de fortaleza organizativa. La derecha tuvo sus muertos que le sirven para aliñar la imagen del país que siguen diseñando en el exterior, con miras a preparar el escenario para una profundización de la intervención foránea que ya está en pleno desarrollo.

No hubo ayer, como adelantamos, ni golpe de Estado ni nada parecido. En ese sentido, repitamos el análisis que hicimos el martes: “El golpismo necesita, en esta circunstancia, una escalada en varios frentes. En el frente de masas requiere una prolongación de la actividad callejera lo suficientemente fuerte como para presentar ante el mundo un cuadro “ucraniano” y ese momento no les ha llegado”.

Ahora bien, la oposición acaso esté cayendo en un error que puede pagar caro en el corto plazo. También decíamos ayer: “… creemos que el 19 de abril se lo imaginan como el 23 de enero de 2002, cuando realizaron su primera gran concentración de masas de ese período y a partir de allí acumularon fuerzas para el zarpazo de abril. Imaginarían el día de mañana como el detonante de un proceso que culminaría en el golpe o en la intervención foránea”. No han podido, sin embargo, acercarse ni siquiera a una multitud como las que reunieron en los meses previos al 11 de abril y a la que convocaron ese mismo día. La oposición tiene un grave problema que entonces no tenía: no hay en su seno unidad de criterios tácticos ni el control de la masa que aquella vez mostraron.

La derecha criolla es un sector político incoherente y eso les impide avanzar con una estrategia sólida. La violencia extrema que aplican algunos de ellos no favorece la acumulación de una masa crítica que les permita poner en jaque al Gobierno. Se están desgastando en una táctica foquista que no puede prolongarse indefinidamente. Ahora mismo, parecieran depender de una intervención foránea cuya probabilidad inmediata no se ve clara, sobre todo porque el imperialismo sabe que aquí habría dura resistencia. Es el mensaje que envían el chavismo en la calle, el discurso militar y la Milicia activa. Por ello no son de extrañar los ataques que se están dando afuera contra la Milicia. La canciller colombiana planteó el asunto al secretario general de la ONU como un problema  y la CIDH se expresó en el mismo sentido. No hay cosa que preocupe más a los oligarcas que un pueblo rebelde y armado.

Nosotros creemos que la movilización chavista de ayer se suma a los disuasivos que viene presentando la Revolución ante los factores externos intervencionistas. Aquí es menos importante si marcharon veinte mil o tres millones de chavistas, que el hecho de que se trata de una fuerza con la moral alta y disposición para el combate, y que además tiene extensiones armadas que podrían inclusive incrementarse en un momento crítico. Fue una importante demostración de fuerza y por ello el chavismo no tiene otra que no sea permanecer movilizado y en la calle.

Ahora bien, como decíamos, la derecha sigue armando el escenario internacional que podría, en algún  momento futuro, convertirse en la alfombra por donde entren en acción las fuerzas intervencionistas, sean diplomáticas, armadas, unilaterales, multilaterales, mercenarias, paramilitares o en cualquier modalidad entre las distintas opciones que han usado el imperialismo y sus aliados históricamente.

Ayer mismo hubo pronunciamientos contra la represión de los gobiernos de Perú y Costa Rica, y una nueva declaración de “preocupación” del Departamento de Estado. También hoy el editorial del diario El Tiempo, de Bogotá, se ocupó de Venezuela y entre otras invectivas afirmó que “Hace tiempo que las líneas rojas se empezaron a cruzar peligrosamente en Venezuela. Pero lo sucedido este 19 de abril, cuando Nicolás Maduro reprimió otra vez brutalmente las protestas contra su gobierno de miles de personas en Caracas y otras ciudades del país, y liberó a sus grupos paramilitares, conocidos como ‘colectivos’, para que atacaran e intimidaran a la población inerme, pasará a la historia como el día en que este gobierno se desquició y se ubicó en un punto de no retorno. La dictadura se les vino encima a los venezolanos”.

Ayer el ataque editorial vino desde el New York Times, donde se lee: “En días recientes, el presidente de Venezuela Nicolás Maduro ordenó dispersar a las multitudes de manifestantes que protestan en su país con una lluvia de balas de goma y latas de gas lacrimógeno que los efectivos de las fuerzas de seguridad arrojaron desde helicópteros. El gobierno también desplegó a milicianos vestidos de civil para desalentar a los manifestantes con el fin de que no sigan protestando en las calles”. El editorial, además, interpreta bien la línea derechista: “… el gobierno de Maduro ha tenido un éxito considerable en otros momentos de agitación… Sin embargo, esta vez podría ser diferente si los grupos opositores se ponen de acuerdo en torno a una lista de objetivos concretos y establecen una estrategia clara para abordar los problemas del país con la ayuda de la comunidad internacional”.

Por lo pronto, la MUD, en la voz de Henrique Capriles, ha convocado a sus huestes de nuevo para hoy, “desde los mismos puntos” y hacia la Defensoría del Pueblo. Se asoma otra vez el fantasma de la violencia. En realidad, la derecha ya no tiene como devolverse al día de hoy. Se ha metido, como dijimos, en un callejón sin salida ¿Hasta dónde podrán llegar si los resultados que esperan no se producen perentoriamente?