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Néstor Francia / Análisis de Entorno: Venezuela y la Guerra Mundial (21-04-2017)

Ayer decíamos que ambos polos en liza en Venezuela habían logrado sus objetivos mínimos. Hoy vemos como la derecha continúa desarrollando su plan de violencia extrema, presionando por algo que se les pone mucho más difícil, por ahora: el alcanzar sus objetivos máximos, que son crear un estado de conmoción nacional para justificar la intervención foránea que ayude a derrocar al presidente Maduro y a dar al traste con la Revolución Bolivariana.

La derecha ha anunciado nuevas acciones para hoy, mañana y el lunes. Pareciera que hoy van a seguir generando focos de violencia en determinados puntos de la capital y otras ciudades. Tales focos se caracterizan por escasa participación (aunque algunos reportan que en urbanizaciones de clase media los focos reciben apoyo de habitantes que participan pasivamente). Mañana tienen preparado lo que aparenta ser un show mediático concertado con la insufrible jerarquía católica: una “marcha del silencio” en distintas ciudades con gente vestida de blanco enrumbándose hacia las sedes de la Conferencia Episcopal Venezolana, verdadero nido de ratas amparadas por el símbolo de la Cruz. El lunes la cosa puede subir peligrosamente de tono, pues convocan a un “plantón” todo el día, que no es otra cosa que las trancas de las principales vías de tránsito y de los accesos a algunas ciudades importantes.

Por supuesto, cada muerto es un punto para ellos, no importa quién lo cause. Hacia afuera, cada muerto es achacable a Maduro. Esa contabilidad macabra les sirve hasta ahora para su objetivo mínimo de enviar al mundo una foto distorsionada de la realidad venezolana. Hay quienes de este lado critican la represión de las autoridades contra las manifestaciones y piden que se respete el derecho a la protesta. Está bien, derechos son derechos, pero también debemos recordarles que estamos en guerra, una guerra que no es de ahora sino que lleva ya 18 años, desde que Chávez asumió su primera presidencia. Una guerra con varias manifestaciones cruentas, como el golpe de Estado de 2002, el sabotaje petrolero de 2002-2003, las guarimbas de 2014. A esto debemos sumarles los asesinatos selectivos y las masacres contra dirigentes campesinos. Son centenares de muertes provocadas por los agentes de la oscuridad. Por supuesto, en toda guerra hay excesos y debe haber vigilancia de las instituciones del Estado y organizaciones encargadas de la preservación de los derechos humanos y de la administración de justicia, pero ni tan calvo ni con dos pelucas: las fuerzas de seguridad de Estado han sido en general prudentes tomando en cuenta el alto grado de violencia y todo tipo de agresiones que han debido soportar. Por otro lado, la justicia venezolana está funcionando y hay unos cuantos efectivos militares y policiales que han cometido excesos y son responsables inclusive de muertes, y están presos y serán juzgados. Pero es una guerra, no convencional pero guerra al fin, y quien olvide eso está fuera de la realidad.

Ahora bien, lo que está pasando es muy molesto para todos. En primer lugar es muy doloroso el saldo de víctimas y las pérdidas que la violencia causa a la Nación, que no solo son materiales, sino también sicológicas. Se está generando, planificadamente, un ambiente de zozobra que se suma a las dificultades que de por sí ya  ha venido experimentando nuestro pueblo por la situación económica ¿Para qué? ¿Por causas nobles? ¿Para garantizar los fulanos derechos democráticos, que son en realidad una plataforma formal de la dictadura burguesa que domina el mundo? No señor, esta guerra está siendo planteada por aquellos que quieren restaurar el neoliberalismo, como está ocurriendo en Argentina y Brasil, y poner a Venezuela en la órbita de los intereses geopolíticos de Estados Unidos y la escalada de la conducta belicista y agresiva de sus élites, que siempre ha estado allí pero que se ve aun más reforzada bajo el gobierno extremista de Donald Trump. No es una guerra contra Venezuela, es una guerra mundial de defensa del Imperio decadente, una guerra decretada para preservar el dominio económico, político y cultural de este viejo enemigo de la Humanidad. Y en esa guerra mundial, a nosotros nos toca defender al Gobierno Bolivariano, que es un factor importantísimo de estas batallas, lo cual no implica en modo alguno que compartamos todas las políticas, medidas y conductas de nuestros gobernantes. Quien no entienda esto, no entiende nada.

Precisamente, una de las cosas que nos molesta de la arremetida violenta de la derecha es que nos obliga a concentrarnos en estos menesteres y postergar debates urgentes que están planteados en nuestro continente en cuanto al papel de la izquierda, de los gobiernos progresistas y la deriva de todo este proceso en América Latina y el Caribe. Porque los revolucionarios también tenemos objetivos máximos y tampoco estamos cerca de alcanzarlos. Pero todo tiene su tiempo bajo el cielo y esos debates inevitables ya se darán de manera pública y abierta, lo que ya está pasando de algún modo, un tanto soterradamente. Más en este preciso momento, al menos para nosotros, el único tema es la defensa de la Patria.