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Ramón Guillermo Aveledo: 19 de Abril

Una especial conjunción de eventos, aquí y fuera, hicieron que el 19 de abril de 1810 tuviera el impacto que se le reconoce en nuestra historia. Fue en Semana Santa, igual que hace unos días. Recordemos.

Cambios en la política internacional que abrieron una oportunidad para un parlamento que se atrevió a asumir su papel representativo, militares que no quisieron empuñar sus armas contra la gente para defender el statu quo, participación oportuna de un clérigo audaz con ideas claras y presión en la opinión pública a favor de explorar nuevas posibilidades.

Involuntariamente nos ayudó un imperio. La ocupación de España por Napoleón creó un cuadro internacional propicio. Ya el orden colonial no tenía de su lado la circunstancia política que, si poco tiempo atrás le era propicia, ahora se le volvía desfavorable. Ya no era tan fuerte.

Los cabildos o ayuntamientos, expresión de la influencia criolla, fueron “origen de la tradición parlamentaria” nuestra según Manuel Alfredo Rodríguez, “primera expresión de la voluntad autonómica del conquistador” dice Briceño Iragorry, y “una especie de parlamentos” para Gil Fortoul. Así, el de Caracas tomó en sus manos la resolución de la crisis planteada.

El protagonismo civil de la jornada, en el cabildo y en la calle, no implica ausencia militar. No quiso la unidad comandada por el Capitán Ponte resistir el clamor popular, dice Gil Fortoul, ni rindió honores militares a Emparan el cuerpo de guardia “abriéndole por fin los ojos sobre (…) el peligro verdadero de su situación”, anota Baralt.

El padre Madariaga, sobre todo, y el también presbítero José de Ribas, asumirían papeles decisivos. El canónigo de Catedral era instruido y elocuente, junto a los doctores Roscio y Sosa participará en el liderazgo de la toma de posición definitiva por parte del ayuntamiento.

La “Revolución de 1810” la llama Gil Fortoul, aunque los diversos planes que se propusieran desde enero, eran “todos arriesgados e inciertos”, estima Baralt. Para la Independencia faltarían años y sacrificios, pero aquel paso tuvo la fuerza inaugural de la cual carecieron anteriores tentativas, valiosas como la conspiración de Gual y España de 1797 a 1799, o las expediciones mirandinas de 1806. Uno puede resumir la confluencia de factores que dieran a la fecha su fisonomía definitiva.

Cuadro internacional favorable, representantes y sociedad, curas y soldados, y Venezuela había comenzado a hablar con voz propia.

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