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Gloria Cuenca: Desde la desinformación

¿Qué se sentirá al saberse el responsable de la desinformación en el país? ¿Será que se sienten guapos y apoyados? Condenar a la gente a no ver ni saber, es como obligarlos a no comprender, a no entender, a no conocer.

¿Esto puede hacer sentir a alguien orgulloso? ¿Es una acción de trascendencia o una ignominia? Desde el punto de vista de los acuerdos internacionales, las cabezas pensantes al frente de nuestras relaciones exteriores -en el pasado- jamás dejaron de firmar pactos y de buscar la mejoría de nuestros derechos humanos.

Sin embargo, este grupete que no deja de actuar como mediocres e ignorantes, al verse contra la pared y en situación caótica, hacen lo que todo dictador: reprimen las libertades y aplican la censura. ¿Lo que no se conoce es como si no pasó? Así pensamos quienes hemos sido adictos al periodismo, la información, las noticias y la comunicación. Hemos luchado siempre por la libertad de expresión: en democracia y en dictadura. No ha sido nunca una tarea fácil.

Hay un pedazo de nuestros pensamientos, sentimientos y anhelos que se han frustrado y se han dolido con esa represión al no poder informar y comunicar. El humano, desde siempre, logró burlar los cercos que le quitaban las posibilidades de comunicarse e informarse. Quienes han estado en contra de la libertad de expresión, pensamiento, opinión, prensa e información, no resisten la verdad, menos la información noticiosa libre. Hoy existen las redes sociales. Las ponen lentas, las torpedean, y en ciertos países no las dejan funcionar.

Se recurre entonces a radio bemba (comunicación directa), no hay otra. Siempre se saben las cosas que ocurren, por fortuna.Desde la megamarcha del miércoles se puso en evidencia el miedo del Gobierno a la información veraz, oportuna e imparcial, establecida en nuestra Constitución. ¿Cuál es el temor? Es muy simple: no quieren que el planeta sepa de lo que son capaces. Actúan de forma represiva, agresiva, como torturadores y asesinos. La verdad, la realidad, salta ante nuestros ojos y finalmente se sabe todo.

Como dice el dicho, no hay nada oculto entre cielo y tierra. Menos en estos tiempos de nuevas tecnologías y del angustiante deseo por la información noticiosa, veraz, oportuna e imparcial.

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