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Enrique Meléndez: Sangre de nuevo en las calles

 

Lo que se siente hoy en Venezuela es odio. Las calles están llenas de sangre. Ya van 21 venezolanos que han caído; producto de una represión desatada de los cuerpos militares, paramilitares y policiales de este gobierno; puesto que, además de los heridos por balas, disparadas con la saña, que proviene de ese odio; también hay gente afectada por las bombas lacrimógenas que, en una forma indiscriminada el gobierno ha lanzado, para reprimir la protesta ciudadana, que se inició desde hace un mes; incluido el hospital materno-infantil de El Valle (Caracas). Lo cierto es que, como ha dicho, el secretario general de la OEA, Luis Almagro, este gobierno tiene las manos manchadas de sangre.

Incluso, en el caso de la joven caída en el Táchira se nota un gran cinismo por parte del ministro de Interior; al partidizar la comisión del delito, a propósito del señalamiento, que hizo; de que se trataba de un dirigente de Vente Venezuela el autor del hecho; en lugar de proceder a abrir una averiguación sobre el caso, si se toma en cuenta que los padres de la occisa denunciaron, que la información, que ellos tenían, era la de que quienes le dispararon habían sido los integrantes de una banda armada del gobierno, y lo que hizo fue mandar a detener con una comisión del CICPC a dichos padres en la funeraria, donde se encontraban.

Eso significa que el ministro Reverol le huye a la verdad, y que no tiene ningún respeto por la integridad de las personas; porque también eso es lo que abunda hoy en día entre los personeros de este gobierno: la mentira. De eso que Chávez hacía gala, supuestamente, desde el propio 4 de febrero de 1992, como era la circunstancia de asumir la responsabilidad frente a cada caso, brilla hoy por su ausencia; cuando tú ves que, por el contrario, la responsabilidad de desmanes, como el que vimos en dicho hospital materno-infantil, y en donde tuvieron que sacar a los recién nacidos a toda carrera, so pena de que murieran asfixiados por la nube de gases, con las que llenaron las calles, adyacentes al mismo, se la achacan a la oposición. Claro esto forma parte del decálogo de eso que se conoce como la escuela de la tiranía: mentir descaradamente, a los fines de dar demostraciones de fuerza; sobre todo, en momentos en los que la estabilidad de un régimen queda en entredicho. ¿Quién tiene las bombas lacrimógenas? ¿Quién tiene el poder de armar a malandros, como el propio Maduro lo ha dicho, valiéndose de la expresión “pueblo”? Armar al pueblo en defensa de la revolución.

He allí las trampas del lenguaje de esta gente: “pueblo”, “revolución”, “socialismo”, “patria”, y entonces al día siguiente se presenta en El Valle; después que el asunto se las ha ido de las manos; tomando en cuenta que esta gente es de las que utiliza una escopeta, para matar a una cucaracha, y como para exculparse lleva a cabo un supuesto acto cultural; con el alegato de que vienen con la finalidad de atender a los sectores agraviados, supuestamente, por las acciones terroristas de la oposición, y se dan a la tarea de repartir bolsas de los CLAP entre dichos sectores; cuando la verdad es que la comunidad ese día había salido a la calle en una forma pacífica y organizada, como parte de la protesta, que se lleva a cabo a nivel nacional, a propósito de la precaria situación, que se está viviendo, producto de una inflación y una escasez, que nos tienen a las puertas de una hambruna generalizada; sólo que dicha protesta fue infiltrada por grupos paramilitares, a los fines de violentar la situación; de modo que los cuerpos represivos del régimen actúen y, en ese sentido, disolverla.

Porque, además, ya estos sectores que, en algún momento se consideraban 99% chavistas, y en donde proliferaban los afiches de Hugo Chávez; como en los tiempos de la tiranía de Juan Vicente Gómez proliferaba una foto suya en cada hogar, terminaron dándole la espalda a este modelo político-económico, basado en el reparto de la renta petrolera; en lugar de fomentar la riqueza, y dejar esos ingresos que se obtuvieron en forma descomunal hasta hace poco, para el momento de las llamadas vacas flacas, y como procedieron a hacer todos los demás países petroleros, que tuvieron la precaución de crear un fondo petrolero de ahorro.

Además, pena ajena da ver esas manifestaciones, que convoca esta gente, a las cuales sólo asisten los trabajadores de la administración pública, a regañadientes; puesto que están allí en contra de su voluntad, pues muchos de ellos, incluso, ya admiten que hay que salir lo más pronto posible de este gobierno; a propósito de las cuales también mienten, en lo que atañe a su supuesta masiva concurrencia; más autobuses que gente, como dicen los irónicos; cuando la verdad es que las movilizaciones, que lleva a cabo la oposición, no sólo se dan en Caracas, sino también en el interior del país; aparte de que las vías de acceso a la capital son cerradas, para que los que vivimos en su periferia, como es el caso mío, no podamos asistir a las mismas; lo que significa pretender tapar el sol con un dedo.

Se contabilizan 21 muertes, decía, incluida la de un Guardia Nacional, que Tarek el Aissami alega que cayó víctima de un disparo de un francotirador de la oposición en San Antonio de los Altos; como si los otros que han caído en las manifestaciones de la oposición, no fueran venezolanos, y entonces se quejan, porque entre las recomendaciones que se hacen, para contrarrestar el vandalismo de las bandas armadas, está la de colocar guayas en las calles, de modo que no puedan pasar con sus motos, a medida que se desplazan en grupos. Nunca antes se había visto tanto sectarismo, tanta insidia, tanto cinismo, mientras juegan con la figura de un muerto, a quien no lo dejan morir en paz, y a quien la historia tampoco tiene por qué agradecerle nada, partiendo del hecho, precisamente, que quien sembró ese odio fue el propio Hugo Chávez.

melendezo.enrique@yahoo.com

 

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