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César Malavé: La inacción como afrenta

En cualquier sociedad auténticamente democrática se respeta el derecho a disentir y en consecuencia los derechos humanos. Las acciones de protestas son realizadas bajo protección, y quienes están dedicados a esta delicada tarea son expertos en relaciones interpersonales. Los equipos antimotines, por si algo funciona mal, también están conformados por expertos. No se permite guardianes armados. Si por alguna razón, la protesta desnaturaliza su objetivo y sale de lo normal, para evitar los excesos se recurre a camiones de agua, porras de gomas y escudos contenedores. Los agentes antimotines reciben por otra parte un entrenamiento sicológico para no reaccionar a ofensas verbales de los grupos de protesta y tienen prohibido, como dijimos antes, el porte de armas de fuego. A contrapelo en la Venezuela de los  tiempos chavistas, se envían a las calles a los tipos más rudos, incluyendo elementos civiles investidos ilegalmente de autoridades, y sin ningún tipo de preparación para enfrentar situaciones críticas. El resultado está a la vista de todos: muertos, heridos y detenidos, en su mayoría jóvenes estudiantes que ya no soportan seguir siendo víctimas de un gobierno que, por lo visto, tiene muy poco respeto por el sagrado derecho a la vida. Nadie escapa a la acción brutal, desaforada, despiadada de la llamada “unión Cívico  Militar” destinada a acallar la protesta ciudadana y constitucional. La Iglesia ha sido también atacada. Fundamentalmente por los colectivos del terror.

El Cardenal Urosa, quien ha sido uno de los defensores de la democracia, tuvo en peligro su vida cuando los violentos “misioneros del gobierno chavista”  invadieron los predios de Dios intentando acallar su voz ante la odiosa represión que sacude a todo el país. Ha sido la jerarquía eclesiástica una piedra en el zapato para quienes no entienden las razones por las cuales se protesta. Desde los pulpitos hemos escuchado a los obispos reclamar el cese de las respuestas violentas que reciben los ciudadanos cuando manifiestan su descontento por el visible deterioro que sufre el país. Criminalizar la protesta y no ofrecer respuestas concretas y válidas que alivien la grave situación que padecen los venezolanos no le hace bien al régimen. Quedó comprobado, en la Marcha del Silencio, realizado en honor a los caídos que mientras las fuerzas de seguridad no actúen o no haya participación de los colectivos del miedo, las fuerzas democráticas venezolanas marchan como siempre lo han dicho: En paz, pacíficamente y sin saldos que lamentar. El lunes 24 de abril continuamos con nuestra agenda con  “El Plantón”, jornada exitosa en el ámbito nacional como todas las hasta ahora planificadas y desarrolladas. Nuestras acciones seguirán hasta lograr el cambio que queremos. La lucha continúa porque la inacción es  una afrenta a la memoria de los que han caído en defensa de la libertad.

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