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José Machillanda: Falta lo peor… del Plan Zamora

 

Nicolás Maduro y Padrino López en un momento desquiciado construyeron con el Plan Zamora un teatro de operaciones de guerra sobre el territorio venezolano. El enemigo de ese teatro de operaciones, los ciudadanos demócratas, la democracia y la negación de la libertad de una sociedad dispuesta al sacrificio para sacudirse la desgracia de las bocas de fuego que acallan, o pretenden hacerlo, la libertad la dignidad y el honor de los venezolanos. Un teatro de operaciones para hacer una guerra que se resuelve simplemente por la vía electoral. Bárbaros, primitivos y, sobre todo, cobardes. Así los registrará la historia.

El Plan Zamora, el teatro de operaciones como parte del teatro de guerra, no tiene destino porque no existen armas capaces de acallar el valor, la dignidad y el coraje ciudadano que motoriza la libertad. Es la libertad la que derrotara al Plan Zamora, a Nicolás Maduro y Padrino López, así como a todos esos hombres de uniforme que en forma irresponsable todavía crean que, aunque falte lo peor del Plan Zamora, podrán rendir a una Venezuela que está de pie para hacer de este Plan un hito histórico de rebeldía y decencia ciudadana.

Impacta, destruye, revuelve y como una infección, el Plan Zamora, se esparce en la geografía venezolana de manera criminal, en forma adifesa, mostrándole al mundo que los marxistas como Narco Estado y Estado fallido no tiene forma para instrumentar un acto simple civilizado: la vía electoral. Esos impactos y esas destrucciones por disparos de bandidos y cobardes nos muestra a nuevos héroes, dibuja organizaciones políticas que se solidifican, pero sobre todo en el hondear de las bandera y en las consignas civilistas, crece un buro de ciudadanía que requiere del espacio público.

El espacio público, la civilidad, la reunión con los otros y la convicción del Imperio de las Leyes constituyen los escudos del civismo y la decencia política. He allí la ética, bárbaros. He allí la moral, cobardes. He allí la decisión, régimen fatuo que sin sentido de la historia, constituye una mueca de la regresión de unos atarantados rumbeadores que creen que la política tiene que ver con la maldita guerra. Por ignaros no saben que el anverso de la guerra es la paz. La paz ciudadana, la paz de la convivencia y en especial la paz de la acción recta que, como energía, muestra una sociedad heroína que comprende que por 18 años los peores sujetos del conglomerado nacional han destrozado y pervirtiendo a un país que se merece un destino mejor y que sólo lo alcanzará a través de la democracia.

Los otros, todos los ciudadanos que están convencidos del fracaso conducido por el autoritarismo militarista, somos invisibles ante el régimen. Es decir, no nos otorgan el grado de ciudadano. Pero en la medida en la que la sociedad venezolana como unidad democrática rechace la imposición de las bocas de fuego del cobarde Plan Zamora, tendrán que entender que en nosotros reside el poder. Entiéndanlo, el poder detiene a la fuerza de las bocas de fuego, a los hombres armados asustadizos que intentan contener el ejercicio del derecho democrático. Sépanlo, supuestos comandantes atrincherados, que aún faltando lo peor del Plan Zamora están derrotados.

Están derrotados porque ustedes son la barbarie. Serán derrotados porque son malos hijos de una Venezuela grande que ha parido genios y jamás se imagino tanta cobardía y bajeza en quienes instrumentan las bocas de fuego. Están derrotados porque el real poder lo tiene la ciudadanía que quiere democracia, que demanda un sistema institucional que permita que una sociedad diversa imponga la democracia sin conflicto, sin sacrificios, sin mártires y en especial demanda la desaparición de un cuerpo armado que por cobarde y sumiso se ha convertido en una organización vil al margen de la ética utens, ética docens y ética aplicada.

El Plan Zamora, aunque falte lo peor, fracasó. Fracasó porque no tiene espacio, porque no obedece a la doctrina del planeamiento estratégico, porque no lo puede firmar Nicolás Maduro quien no es hombre de armas ni sabe de armas. Nicolás Maduro y los mandos que lo acompañan también tendrán que responder por esta gravísima violación en donde, de la noche a la mañana, crean una guerra. Bocetea a un enemigo y mandan unas operaciones armadas contra una sociedad, que sólo ha exigido el respeto de la Constitución así como el derechos de hombres y mujeres a ejercer sus deseos libremente y sobre todo sus aspiraciones políticas democráticas.

Lo peor del Plan Zamora no será su triunfo, sino que sus responsables serán enjuiciados por la historia y la sociedad venezolana, pero además por la geopolítica latinoamericana y mundial.

Director de CEPPRO
@JMachillandaP

 

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