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La protesta de la oposición venezolana termina en una anarquía generalizada

Manifestación en contra de Nicolás Maduro, este lunes en Caracas.

Al menos dos personas han muerto, según ha confirmado el Ministerio Público, y suman ya 23 los fallecidos durante la última ola de protestas

Las protestas de la oposición al régimen de Nicolás Maduro en toda Venezuela han terminado este lunes con al menos dos muertos, siete heridos y una generalizada anarquía que desvirtuó la pacífica acampada organizada por los convocantes. La dirigencia ha intentado desmarcarse y el Ministerio Público ha comisionado a cuatro fiscales para que investiguen las muertes.

En Barinitas, una localidad del Estado llanero de Barinas, la comarca del fallecido líder Hugo Chávez, falleció Renzo Zambrano en medio de un tiroteo y resultaron heridas otras dos personas. En el Estado andino de Mérida, al occidente del país, asesinaron a Jesús Sulbarán, funcionario de la Gobernación local e hirieron a otras cinco. En Caracas la acampada convocada en un sector de la principal autopista culminó con el habitual enfrentamiento entre manifestantes opositores encapuchados y la Policía Nacional Bolivariana. Parte de la autopista fue regada con aceite que los manifestantes arrojaron desde un puente y hasta bien entrada la noche el personal de mantenimiento del municipio de Chacao, en el este de la capital, trataba de acondicionarla para evitar deslizamientos y accidentes cuando se reanude la jornada laboral este martes. Ya en la noche del lunes el alcalde de la localidad, Ramón Muchacho, informaba de accidentes en la vía por esa causa.

Las intensas protestas contra el Gobierno de Maduro han adquirido un cariz mucho más violento que en anteriores etapas de conflictividad política. Si entre febrero y junio de de 2014 ocurrieron 43 muertes, en casi 24 días han muerto 23 personas. La conflictividad amenaza con extenderse porque no se asoma una solución política a la crisis de Venezuela. El chavismo no parece dispuesto a aceptar el reto de relegitimarse en nuevos comicios, como aspiran sus adversarios. “Bajo ninguna circunstancia habrá elecciones generales”, advirtió Diosdado Cabello, primer vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela.

La oposición volverá a la calle el miércoles con una actividad similar a la del 19 de abril, cuando intentaron llegar sin éxito hasta la sede de la Defensoría del Pueblo desde varios lugares. No está claro cuál será el nuevo destino. El diputado opositor Miguel Pizarro informó que podrían volver al despacho del defensor, Tarek William Saab, o a las sedes de los dos poderes públicos que controla el chavismo.

La manifestación, la onceava en 24 días, luce, en cualquier caso, como una nueva ocasión para que se enfrenten las fuerzas del orden público, apoyadas por civiles armados -llamados colectivos en la jerga local- y los manifestantes opositores, que tienen una precaria fuerza de choque. El centro de Caracas es para el chavismo un territorio sagrado. Los desmanes ocurridos en la jornada de este lunes han sido aprovechados por el régimen para intentar justificar las razones por las que no permite a sus adversarios llegar hasta la meta, y para ganar terreno en la caracterización de su rival como una peligrosa guerrilla urbana en trance de provocar una guerra civil.

Lo que ocurre en Venezuela, de momento, son manifestaciones anárquicas de violencia que se producen después de la represión ordenada por el régimen. Las protestas han alterado la rutina de todos en Caracas. Los cortes prolongados de las vías han provocado la suspensión de las clases en los colegios privados del este y sureste de la capital venezolana y en algunas universidades privadas. El ministro Elías Jaua ha amenazado con sanciones a las instituciones que suspendan sus actividades.

La acampada, que ha reunido en Caracas a miles de personas, supone la intensificación de las protestas. En las últimas horas, el Gobierno, que hasta antes del estallido de la actual crisis no tenía entre sus prioridades presentarse a cualquier tipo de elección, se ha mostrado dispuesto a medirse en elecciones de gobernadores. “Quiero elecciones ya”, afirmó el domingo el presidente Maduro en su programa de televisión. “Lo digo como presidente y como jefe de Gobierno”, agregó.

El Consejo Nacional Electoral debía convocarlas el pasado diciembre, pero ha alegado que los partidos de oposición deben renovar su nómina de partidarios antes de presentar sus aspirantes. La oposición piensa que esta decisión es una maniobra de la directiva del organismo, que controla el chavismo, para ayudar al régimen a perpetuarse en el poder y no enfrentar lo que, de acuerdo con las encuestas, significaría la pérdida de regiones clave para la consolidación de su proyecto político.

El cambio de opinión tiene varias lecturas. Una de esas explicaciones señala que el Gobierno busca dividir a la oposición entre quienes creen que hay que ir quitándole espacios al chavismo antes de conquistar el trofeo de la presidencia de la República, a finales de 2018, y los que no están dispuestos a seguir siendo gobernados por Maduro porque caracterizan al régimen como una dictadura. “En Venezuela se ha desatado una rebelión ciudadana, serena y firme, decidida a avanzar hasta derrotar a la tiranía”, escribió en Twitter la exdiputada María Corina Machado.

Entre uno y otro criterio todos parecen remar esta vez en la misma dirección y no parecen dispuestos a aceptar de una vez las ofertas del Gobierno. El excandidato presidencial Henrique Capriles ha señalado que no aceptaría el ofrecimiento de unas elecciones a cambio de aplacar las protestas porque el Gobierno está diseñando una oposición a su medida. A principios de abril el gobernador del Estado de Miranda fue inhabilitado por 15 años para ejercer cargos públicos. Con Leopoldo López preso, crecerían las posibilidades para que otro aspirante ofrezca al chavismo los incentivos para dejar el poder con algunas garantías.

El País

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