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Teresa Antequera Cerverón: Si de joven margino, de adulto despreciaré

Se podría decir que en los últimos años ha habido un aumento considerable de los casos de bowling en las escuelas de todo el mundo. En España las noticias publican casi a diario comportamientos de acoso y maltrato de unos alumnos a otros. Situaciones que tanto los padres como los profesores, educadores y psicólogos intentan frenar, no con serias dificultades.

Por suerte la mayoría de los jóvenes están en contra de este comportamiento irracional y se expresan con mucha seguridad, por ejemplo de la siguiente forma: “Yo no hago nada malo a mis compañeros. No tengo nada en contra de nadie. Es cierto que aquel no me agrada del todo, también es cierto que le doy de lado, pero no le hago nada realmente malo”. Sería bueno que en estas afirmaciones el joven pudiera reflexionar un poco más por ejemplo preguntándose: ¿Por qué motivo lo dejo de lado? ¿Qué pensamientos tengo sobre este compañero? El preguntarse esto es decisivo.

Se puede decir que aquello que uno piensa en los años de juventud tiene más importancia de lo que se cree a simple vista, pues en la juventud se van formando los pensamientos que pueden acompañar a la persona durante toda su vida. Todo podría haber empezado en la escuela, incluso en el instituto con el hecho de rechazar a determinadas personas con las que el joven no quiere tener nada que ver, por lo que las evita. Y si uno no cuestiona estas formas de comportamiento propio, si uno no se pregunta a sí mismo ¿por qué hago esto en realidad? o ¿qué tiene este compañero que me resulta molesto?, me será difícil ver que posiblemente yo tenga algo igual o parecido, es decir una analogía.

Estas cuestiones que no han sido aclaradas y descubiertas en la juventud: por ejemplo el haber marginado y despreciado a otros, tienen el agravante de que en la edad adulta puede acentuarse aún más. Con lo que al final ni uno mismo se da cuenta de que sigue rechazando a determinadas personas a las que también juzga. Y al considerar todo esto como normal, puede que ya ni siquiera le sea consciente que se trata de una postura errónea, que como adulto también habré de mirar y corregir.

Para los jóvenes existe un denominador común en importancia para ellos: siempre la justicia. Por lo que sería muy recomendable que fueran instruidos en la aplicación real y en la vida diaria de la llamada regla de oro del Sermón de la Montaña, dada hace 2000 años por Jesús de Nazaret, y que dice: “Lo que quieres que otros te hagan a ti hazlo tu primo a ellos”, o en su caso, “No hagas tú a nadie aquello que no quieres que te hagan a ti”. Esta justicia realizada paso a paso en la vida diaria de un joven conduciría a que a las personas les fuese bien, pero también a los animales y a la naturaleza en su totalidad.

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