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Néstor Francia / Análisis de Entorno: El chavismo conservador (26-04-2017)

Nosotros nos resistimos a caer en la trampa que ha montado la derecha para ponernos a hablar de una sola cosa                , siguiendo el ejemplo del presidente Maduro, que aborda variados temas, y su llamado a no engancharnos en la agenda de la oposición. La verdad es que esa agenda se le ha impuesto al país mediático y, salvo aquellos medios adscritos al Gobierno, que en general titulan con algunas líneas preestablecidas, los principales titulares noticiosos se refieren a esa agenda de terror y violencia.

Es por ello que ayer decidimos enviar nuestra propuesta sobre la conveniencia de convocar una nueva Asamblea Nacional Constituyente. Nuestra intención principal no es que ese documento sea acogido mayoritariamente, sino introducir elementos en el necesario debate que está exigiendo el movimiento revolucionario venezolano y continental. Tal debate no debe ser postergado indefinidamente, aunque es claro que la mayor urgencia nuestra en este momento es derrotar la arremetida fascista. Lo que pasa es que la idea de convocar una Asamblea Constituyente (que nosotros llamamos “nacional” y el Presidente ha llamado “popular”, que no es lo mismo) forma parte de la búsqueda de caminos para enfrentar exitosamente tal arremetida.

Tenemos que esperar a saber cuáles son los detalles de lo que Maduro ha denominado el “desencadenante histórico”, pero en principio la idea general es correcta. A esta revolución hay que desencadenarla, sin duda. Está encadenada a círculos viciosos que nos han alejado de la mayoría y nos han despojado de su amor. Nosotros tenemos una excelente base para emprender cualquier tarea de grandes dimensiones, que es el chavismo, el cual sigue siendo minoritario en este momento y no ha podido mejorar en los estudios sobre afiliación política de los venezolanos, pero que es un movimiento numeroso, bien organizado, con conciencia histórica, capacidad de movilización y disposición para el combate. Es una fuerza política considerable que no puede ser desperdiciada con políticas y acciones reiterativas e ineficaces en el sentido de volver a ser la mayoría que una vez fuimos.

A nosotros nos preocupa sinceramente que nuestro Presidente hable de una “Asamblea Popular Constituyente” porque nos acerca cierto tufo a actividad sectaria, a nueva encerrona chavista como tantas otras que sirven, sin duda, para moralizar a la militancia, lo cual no es malo, pero que aportan poco a la tarea imprescindible de recuperar el respaldo de la mayoría popular. Sin ese respaldo, tarde o temprano se romperá el cántaro y nos quedaremos sin el Gobierno. A nosotros no nos convence el tono de invencibilidad que se escucha en la voz de algunos chavistas, porque creemos en la frase con que parafraseamos el título hispano de cierta película: nunca digas nunca jamás, en la lucha política nada está escrito. Pero esperemos, a ver con qué se come el anuncio presidencial ¿Estará entre los temas que ha ofrecido presentar el 1° de mayo? El “desencadenante histórico” no puede esperar más. El pueblo quiere cambios profundos, y no precisamente los que asoma la derecha. Ofrecemos nosotros esos cambios de alto calibre o el pueblo nos cambia a nosotros, nadie lo dude.

Una cosa que nos preocupa altamente es la tendencia conservadora que se está imponiendo en importantes sectores del chavismo, en el sentido de que parecieran más interesados en conservar lo que se tiene que  en avanzar hacia nuevos objetivos, que es la razón de ser de toda revolución verdadera. Conservar el lenguaje gastado, los pesados

hábitos, las malas costumbres del conformismo y el inmovilismo y, en última instancia, conservar el poder como fin en sí mismo.

Para la revolución el poder no es un fin sino un medio. Y no solo  un medio para generar bienestar económico aunque sea relativo, o industrializar y alcanzar el “desarrollo”. Todo eso se puede lograr con el capitalismo, como lo demuestran países como Estados Unidos, Alemania, Italia, Noruega o Japón. El objetivo sagrado y final de la revolución es transformar de raíz la sociedad como única manera de garantizar la paz y la permanencia de la especie humana y su hábitat. Una sociedad que privilegie la propiedad social sobre la propiedad individual, la inclusión sobre la exclusión, la participación sobre la representación, el altruismo sobre el egoísmo y la colaboración con la naturaleza sobre su depredación. La revolución o avanza hacia el socialismo o se hace cómplice del capitalismo.

Si se impusieran las tendencias conservadoras del chavismo, todo estaría perdido. Es necesario promover la rebeldía, la inconformidad, la creatividad, la crítica y el debate. Es necesario volver a la audacia irreverente que mostró Chávez el 4 de febrero de 1992.

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