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Jesús Alexis González: Transición política y democrática ¡Sin anarquía!

Transición, hace referencia al período intermedio que transcurre mientras algo pasa  de un estado a otro  en tendencia a desaparecer; implica en síntesis la acción y efecto de pasar de un estado a otro distinto. Se puede  hablar de (1) transición política entendida como las etapas sucesivas que se viven en un país durante el proceso de cambio de un sistema a otro (v.gr. el fracasado intento de imponer el socialismo en Venezuela); así como de (2) transición democrática que hace referencia al momento cuando un régimen ha llegado a su fin (usualmente de tipo militar-cívico como el de la Venezuela 2017) y se inicia la búsqueda o retorno a la vida democrática, equivalente a señalar como el tiempo que media para pasar de un régimen a otro (v.gr. el fin de un régimen   autoritario y la instauración de uno democrático). Es conocido, que los regímenes autoritarios reciben  constantemente el impacto de la aspiración del pueblo  por una transición democrática, evidenciándose  que van perdiendo su capacidad de conducir la sociedad al punto de generar en el gobierno una reacción violenta tanto física (cruel represión a las protestas) como política (búsqueda coercitiva de entendimiento). La transición finaliza al iniciarse la normalidad de la vida política, luego de haber “penetrado” en la mente del ciudadano que las elecciones, a la luz de procesos libres, periódicos y competitivos, son  el medio y propósito de la democracia a efectos de propiciar el progreso humano ¡en plena libertad! Anarquía, hace referencia a una ausencia de poder público que induce desgobierno, desorden, confusión y desconcierto debido a la falta o debilidad de una autoridad; implica una ausencia de gobierno al no existir un mandatario respetado por el pueblo lo cual facilita que se perfile un caos permanente, en  tránsito hacia una situación donde la máxima autoridad de un país es considerada como carente de legitimidad, negativa, contraproducente, innecesaria y revocable. En mucho ese es el caso venezolano, habida cuenta del pésimo gobierno ejecutado  al punto de estar ahora Venezuela urgida de recibir la acción humanitaria internacional fundamentalmente orientada a la provisión de los bienes y servicios básicos para apenas garantizar  la subsistencia de una mayoría poblacional.

La urgencia de “apresurar” en Venezuela una transición política y democrática, encuentra sustento relevante en la hecatombe económica que ha impulsado una “crisis global” (política, económica, social, ética y moral) como consecuencia de un fuerte retroceso económico en “caída libre”, originado por una deplorable conducción de las variables fundamentales.  Siendo que para 2017, se estima (FMI) una recesión de –7,4%, una inflación de 720% (más del 2.000% para 2018) en manifiesto ambiente de hiperinflación y estanflación (estancamiento con inflación), un incremento del déficit fiscal que viene siendo “monetizado” con una continua emisión de dinero inorgánico (con obvio impacto inflacionario), y de una pronunciada caída en la importación de bienes finales e intermedios. La presencia  de un agotado modelo de crecimiento apoyado en el desequilibrio macroeconómico y en el control de cambio (utilizado también para otros fines de “dominación” y de beneficios personales), que confiere mayor relevancia a un rentismo petrolero que debilita el aparato productivo nacional y de aumentar el gasto público orientado al populismo, ha repercutido (entre muchos otros males) en una pérdida de un 25% del PIB en los últimos tres años  (2014 al 2016); al extremo de estar ahora aspirando la apertura de un  canal humanitario para procurar bienes y servicios básicos; lo cual motiva a señalar:  ¡¡Este desastre no debe continuar!!

Es una indiscutible verdad, de la cual ha de estar convencida la dictadura militar-cívica, que el pueblo desechó el miedo al tiempo de “no estar dispuesto a perder la lucha” y que igualmente asumió no regresar a casa hasta ver el fin del tambaleante régimen, lo cual se evidencia  al haber resistido  heroicamente por ¡29 días continuos! (sin intención de retorno) la  brutal y criminal agresión gubernamental que ha dejado un saldo (27/ABR/17) de 28 muertes (muchos asesinados), 1.607 arrestos y miles de heridos. También es de obviedad manifiesta, que el chavismo-madurismo y su “socialismo petrolero” (con oportunista injerencia del castrismo cubano) han devenido en un estrepitoso fracaso que los mantiene paralizados, tanto por ausencia de criterio alternativo como por el terror de doble entrada que experimentan: (a) terror a la presión de calle, y (b) terror a la confrontación electoral. Tal realidad,  ha perfilado  un país petrificado en conjunto con un pueblo abrumado por la crisis que reclama por una urgente salida diseñada con planteamientos concretos de Gobernanza (“Buen Gobierno”) en un contexto de reestructuración del Estado; pero que en lo inmediato de respuesta a la escasez de alimentos y medicamentos.

A tenor de lo expresado, y bajo la hipótesis  que (1) el pueblo se mantendrá en la calle hasta ver el inicio de la transición democrática,  y que (2) N. Maduro conserva un residuo de valor democrático que puede impulsarlo, “cara al futuro”,  a inferir en un relanzamiento del “chavismo”; asumimos (con fundamento dialectico) como racionalmente posible que apoyándose en los poderes extraordinarios (casi infinitos) que recibió por parte de la Sala Constitucional del TSJ según la Sentencia 155 del 27/MAR/17, donde le “ordena” que “….en ejercicio de sus atribuciones constitucionales y para garantizar la gobernabilidad del país, tome medidas civiles, económicas, militares, penales, administrativas, políticas, jurídicas y sociales que estime pertinentes y necesarias para evitar un estado de conmoción…..”; proceda de inmediato, sin plantear algún tipo de escurridiza estrategia de “dialogo” para oxigenar la moribunda dictadura, bien a (ii) Convocar elecciones generales anticipadas en 2017, cuyo predecible resultado “desencadenará” el pronto logro de las otras exigencias que le han sido formuladas, al tiempo de contribuir al retorno a una paz supervisada por el pueblo ¡desde la calle!; o bien a (ii) Designar, previo a su irreversible renuncia, un gobierno de transición democrática que permanezca hasta la elección presidencial en 2018; con la responsabilidad  de iniciar con prontitud una acción conjunta que armonice (1) El Qué: restablecimiento del orden constitucional y democrático; con (2) El Cómo: adopción de un modelo de transición.

Reflexión final: En favor de acelerar el arranque de la transición tanto política como democrática, se hace necesario evitar ambigüedad en las posturas analíticas así como reconocer que en política nadie tiene el monopolio de la verdad y la virtud.

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