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Ramón Guillermo Aveledo: Trabajo

“Trabajo es lo que hay que dar, y su valor al trabajo” decía Andrés Eloy Blanco, y desde que la leí sigue gustándome esa línea completa. El trabajo no solo dignifica y realiza a la persona, también contribuye a su seguridad, al progreso de su familia y a la prosperidad del país entero. Si en Venezuela estamos como estamos es, en buena medida, porque se hace exactamente lo contrario. No crece el empleo privado en la industria, el comercio y los servicios, la producción rural o los proyectos mineros, y el ambiente de oportunidades para el emprendimiento se seca como quebrada en verano. Por otro lado, trabajar tampoco vale, por lo mal que se le retribuye y porque con los precios que hay, el sueldo y el salario no alcanzan para casi nada.

El lunes 1° de mayo fue el Día del Trabajador, pero la situación laboral venezolana es de las más precarias en el amplio cuadro de precariedades que es nuestra vida social. Un irresponsable aumento de salarios en vez de solución es agravante.

Es un verdadero héroe el trabajador que se faja y cumple, que es la mayoría, porque todo lo desincentiva. Da lo mismo flojear que esforzarse, porque la haraganería e irresponsabilidad no se sancionan, lo mismo que no se premia el esfuerzo. Y el día de pago, lo que recibe se ha vuelto nada porque la inflación lo ha derretido.

Salario de pobreza se considera internacionalmente a menos de 2$ diarios. Si uno saca la cuenta en el tipo de cambio verdadero, aquel por el que se calculan los costos, muy poca gente gana eso. Y la mitad está en la informalidad. La inflación de Venezuela es la más alta del mundo. Los países que nos siguen, no de cerca por cierto, Sudán del Sur, Ucrania, Yemen y Malawi, viven guerras, tremendos problemas de atraso y pobreza, o ambas cosas.

Uno de los datos más sintomáticos y preocupantes de la realidad nacional es que seamos, empatados con Serbia y por encima de Moldavia, Mianmar, Bosnia-Herzegovina y Burundi, el país del que más gente preparada se va. La “fuga de cerebros” por falta de oportunidades, inseguridad o desconfianza en el modelo político dominante, nos pega cada vez más duro en la juventud.

Abatir la inflación para que haya inversiones, iniciativas, nuevos puestos de trabajo, creará un ambiente propicio al trabajo. Valorar el trabajo, reconocerlo y promoverlo, es la vía para aumentar la creación, la producción y la productividad para la prosperidad y la justicia social. Bases de la esperanza personal y colectiva.

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