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Sobre la congelación general de precios; por Omar Zambrano

 

La congelación general de precios es, a lo que queda de la economía, lo que la Constituyente Comunal es a lo que queda de la democracia. Habría que decir para empezar que el anuncio del gobierno de congelar todos los precios de la economía ha pasado relativamente desapercibido, cosa muy lógica frente a la atención que ha recibido la amenaza de derogar por medios no democráticos la Constitución de 1999, pero no es un anuncio no grave.

A riesgo de ser reiterativo hay que repetir el mantra sobre los controles de precio: todos producen escasez, mercados negros, incentivos al arbitraje y destrucción de producción local. Los controles de precios son una máquina de producir miseria entre la población en general, particularmente entre la población más pobre, que en teoría son los que los controles buscan proteger. El caso de la congelación general de precio es más grave aún, pues la medida amenaza con crear mercados negros donde no los había, y destruir lo poco que queda en pie.

La decisión de suprimir por decreto el sistema de precios de la economía, amenaza con demoler los espacios donde la economía de mercado todavía persiste en una forma más o menos funcional. En Venezuela todavía subsisten pequeños espacios donde el sistema de precios funciona. Tome, por ejemplo, el caso de la proliferación de pequeños mercados temporales para productores de frutas, hortalizas, queso, huevos, entre otros productos, que florecen en las principales ciudades del país. Estos mercados están relativamente bien abastecidos, por lo que son una respuesta parcial y sub-óptima, si se quiere, a la grave situación de abastecimiento en las zonas urbanas, a pesar de que sus precios resultan demasiado altos para la mayoría. Gracias a estos mercados, una pequeña capa de pequeños productores se mantiene operando, empleando e invirtiendo. La economía de mercado es como un río: uno puede invadir su cauce, pero el agua siempre lo retoma.

Este naufragio llamado chavismo haría bien en revisar la historia, si no para no repetirla, al menos para buscar formas originales de fracasar. En Marzo del año 2007, el Presidente Robert Gabriel Mugabe decretó una congelación general de todos los precios, tarifas y comisiones de Zimbabwe. La medida fue acompañada por una exhortación al pueblo para actuar como fiscales de precios y asegurarse de que se cumpliese la congelación. La medida también aumentó las penas legales para aquellos que optaran por ignorar la congelación de precios. El resultado de esta desquiciada política fue miles de empresarios y comerciantes detenidos (7.500 reporta la prensa para agosto de 2007), y ningún efecto sobre la evolución de los precios: la inflación, que el año anterior había alcanzado 1.280%, cerró el año 2007 en 66.200%.

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En 1927, cuando el proceso sistemático de destrucción de los contrapesos constitucionales al poder del Partido Fascista, se inició la era de la Dictadura fascista corporativa italiana. En términos económicos, una de las primeras medidas del Dictador Benito Mussolini, fue también imponer controles de precios generalizados, y crear policías del partido fascista para hacer cumplir las regulaciones. El saldo de esta medida fue el mismo de siempre: los controles no pudieron frenar la inflación y dañaron gravemente a los productores. Todos sabemos además cómo terminó el experimento fascista y su líder.

 

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