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Sergio Arancibia: Una raya más pa’l tigre

Según la información hecha pública por el International Trade Center (ITC), organismo conjunto conformado por la OMC y la Unctad -y que recopila y publica las estadísticas sobre comercio internacional-, las exportaciones totales de Venezuela durante 2016 ascendieron a $27.708 millones. De ese gran total, $22.758 millones corresponden a exportaciones petroleras, es decir, al capítulo 27 del arancel. Una vez descontada esa cantidad, se llega a la conclusión de que las exportaciones no petroleras del país sumaron $4.949 millones en 2016, lo cual es una cantidad nada despreciable, dada la trayectoria reciente. Para ese año, Venezuela figura exportando $2.885 millones en oro que han sido vendidas o han sido comprometidas en operaciones swap, y enviadas a Suiza. Una vez restada esta última cantidad las exportaciones distintas al oro y al petróleo, realizadas suman la modesta cantidad de $2.064 millones.

Realizando exactamente las mismas sumas y restas, y tomando la misma fuente informativa, durante 2015 las exportaciones distintas al oro y al petróleo realizadas habían ascendido a 2.684 millones de dólares. Una caída de 23% en las exportaciones no petroleras ni auríferas.

En 2014 y 2013, las mismas exportaciones habían presentado valores de 3.665 millones de dólares y 3.593 millones de dólares, respectivamente. Todos estos antecedentes permiten sacar la conclusión de que Venezuela no está enfrentada solo a una caída de las exportaciones petroleras, sino que todas las otras exportaciones también retroceden, con la sola excepción del oro, que no corresponde a la exportación de una mercancía producida recientemente, sino a un stock acumulado. Se trata, por lo tanto, de una crisis generalizada de la capacidad productiva y de la inserción en los circuitos comerciales.

Hay, indudablemente, sectores que aportan bastante a esa cantidad exportada, tales como el hierro, el aluminio y la petroquímica, y otros que aportan bastante poco, pero todos aportan algo. Eso permite decir que hay capacidad exportadora latente o silvestre, que se vincula con el exterior en condiciones casi artesanales, pero algo vende. Permite también cultivar la esperanza de que con políticas realmente encaminadas a promover las exportaciones no petroleras se podría generar un gran salto adelante en el volumen exportado, en poco tiempo, pues existen las condiciones productivas e incluso los vínculos internacionales como para ello. Pero, para que aquello suceda, como en todos los campos de la política económica, se necesitan, como condición indispensable, buenas decisiones de política.