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Vladimiro Mujica: La Fiscala. Y otros temas

 

Para Maruja, que a sus 96 años lo ha visto todo y aún conserva el sentido del humor en medio de la tragedia venezolana.

Le debemos a la revolución bovista el dudoso legado de haber corrompido el uso del castellano y distorsionado nuestra historia a extremos inimaginables. Uno de los más aborrecibles ejemplos de envenenamiento de nuestro idioma es el uso ad nauseam de la diferenciación innecesaria de género. “Los ciudadanos y las ciudadanas, ….” “Los alumnos y las alumnas” etc, etc. Las reglas sobre esta materia están descritas con bastante detalle en una página web del DRAE (http://lema.rae.es/dpd/srv/search?id=Tr5x8MFOuD6DVTlDBg) . Por supuesto que hay un elemento de reivindicación de la igualdad de género en estos usos, como me lo hizo notar mi querida amiga Evangelina García Prince, pero nada justifica el abuso en esta práctica y por supuesto tampoco barbaridades como “millones y millonas” cuyo uso hace de nuestro presidente el hazmerreír de medio mundo. Y nuestra vergüenza.

Toda esta larga introducción es solamente para justificar mi empleo liberal del chavi-lenguaje para referirme al ciudadano Fiscal General de la República como “la Fiscala”. Pero hasta aquí llega la chanza y el humor. El resto es mortalmente serio y está conectado con una pregunta clave para el movimiento de resistencia contra el intento de la oligarquía bovista-chavista por imponer una dictadura en Venezuela. ¿Cómo se despeja una salida al enfrentamiento entre las fuerzas de la libertad y la dictadura? O, en otros términos: ¿Qué evento puede determinar que el régimen se vea obligado a negociar?

Después de cuatro semanas de acciones de calle dirigidas por un valiente liderazgo opositor que ha exhibido pocas fisuras, y que se ha fortalecido enormemente con la acción del grupo más joven de los diputados a la AN, surge la inevitable interrogante acerca de cuáles son los escenarios de salida de esta colisión de trenes en que se ha convertido Venezuela. Un trabajo excelente de Michael Penfold, toca el tema exhaustivamente, pero deja abierta la puerta para especulaciones y reflexiones adicionales. Muchas de ellas tienen que ver con la percepción de la gente; algo que influye enormemente en su disposición a seguir en la calle arriesgando su vida y su libertad frente a un gobierno represivo y sus bandas paramilitares que ya se han cobrado más de 40 muertos, y centenares de heridos y detenidos.

El caso del Fiscal General, Luisa Ortega Díaz, es un buen ejemplo de cómo opera el asunto de la percepción y proporciona elementos importantes sobre la conducta que debemos tener los ciudadanos y el liderazgo opositor en un momento tan complejo. Es innegable que las declaraciones del fiscal han contribuido a desnudar ante la comunidad internacional de manera muy importante la fractura en el orden constitucional del país, un golpe de estado, generada por las decisiones del TSJ usurpando las atribuciones de la AN. Es también indiscutible que sus declaraciones al Wall Street Journal sobre la desmesurada y cruel represión del gobierno, la dramática situación económica del país y el intento del gobierno de reformar la constitución para ocultar la crisis, dieron la vuelta al mundo y significan, a los ojos de mucha gente, una señal inequívoca de conflictos internos en el chavismo. Tampoco cabe duda de que el ciudadano común tiene todo tipo de razones para desconfiar de los así llamados “saltos de talanquera” de gente que ha estado afiliada y que ha sido defensora a ultranza de los despropósitos de la interminable era chavista. Es larga la lista de “falsos positivos”, saltos que no eran saltos sino vil manipulación y engaño. Una historia de la infamia encabezada por Arias Cárdenas y su falsa gallina y Escarrá y su cantaleta del 350 y la calle sin retorno. Pero eso no puede llevar al ciudadano opositor a exigir un certificado de honestidad o de moralidad del fiscal, o de Gustavo Dudamel quien escribió una nota crítica al gobierno después de años de silencio, sino a evaluar en su justo punto y dándole la importancia que merece, que connotados dirigentes del chavismo histórico se comiencen a desmarcar, por la razón que sea, de la barbarie de un régimen dictatorial y lo dejen desnudo frente al mundo. Inclusive si luego se desdicen de lo que hoy afirman.

Similar argumentación puede darse en relación a lo que piensa la gente del trío de ex-ministros de Chávez: Navarro, Giordani, y Alvárez. Por supuesto que ninguno de ellos puede escurrir su responsabilidad en el desastre de estos años, ni pueden ocultar el hecho de que todo lo que Maduro está haciendo hoy peor comenzó con algo que Chávez ya hacía mal y de lo cual ellos son cómplices. Pero no cabe duda de que tanto ellos como un número creciente de militares, o grupos como Marea Socialista y Aporrea, tienen posiciones distintas al sector que rodea a Maduro y Cabello, aferrados al poder a toda costa y dispuestos a cualquier acción contra su propio pueblo.

Todas estas consideraciones son importantes porque los ciudadanos y el liderazgo tienen una responsabilidad compartida en entender que no es imposible que sea necesario adoptar una salida negociada con el chavismo, distinta a su rendición total. Vale la pena mencionar las experiencias de otros países que pasaron por transiciones muy complejas donde hubo que otorgar garantías a los opresores, no porque fuese el deseo popular sino porque no había fuerzas suficientes para la victoria completa de los oprimidos. Destaca el ejemplo chileno donde al dictador Pinochet hubo que garantizarle nada más y nada menos que la Comandancia General del Ejército cuando se eligió el primer gobierno democrático después de 17 años de dictadura.

Es difícil imaginarse como se va a caer el gobierno de Maduro, por vía de su renuncia o cualquier otro mecanismo constitucional o de transición, si no se dividen las fuerzas armadas, el chavismo, o ambos. Si eso no ocurre hay que contemplar otras salidas y en ese momento la negociación no puede ser vista como un acto de traición a la causa de la democracia y la libertad sino como un acto de realismo político. De la percepción de la gente y de la claridad y honestidad de comunicación del liderazgo opositor puede depender en buena medida que la salida de la noche chavista no se produzca en medio de una hecatombe aún mayor a la que estamos viviendo. Y en ese momento habrá que decidir con firmeza y serenidad hasta dónde puede llegar una negociación, constitucional y muy posiblemente con mediación internacional, que hoy parece imposible.