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Temer cumple un año en el poder con “responsabilidad” y “sin populismo”

 

El presidente brasileño, Michel Temer sostuvo que, al asumir el poder, encontró “un descontrol billonario de todas las cuentas públicas, un desempleo preocupante, una inflación galopante y unas tasas de interés absurdamente altas”.

El presidente brasileño, Michel Temer, cumple hoy un año en el poder y afirma que su Gobierno “encarrila” al país con “absoluta responsabilidad” y “sin populismo”, en abierta alusión a Dilma Rousseff, destituida por irregularidades fiscales.

Para la ocasión, Temer reunió a sus 28 ministros, a los jefes de las cámaras legislativas y a los presidentes de todos las empresas estatales, ante los que se ufanó de haberle devuelto a Brasil la “confianza que se había perdido” con “el descontrol de los gastos públicos”.

Fue una referencia directa a Rousseff, separada hace un año de sus funciones para responder a un juicio político y sustituida por Temer, su entonces vicepresidente, confirmado en el cargo en agosto tras su destitución.

Temer sostuvo que, al asumir el poder, encontró “un descontrol billonario de todas las cuentas públicas, un desempleo preocupante, una inflación galopante y unas tasas de interés absurdamente altas”.

Sin embargo, aseguró que “en solamente un año”, ese escenario ha comenzado a cambiar y que el control de las finanzas públicas se recupera gradualmente, así como la inflación y los intereses ceden.

Admitió, no obstante, que el desempleo sigue como el principal “reto” del Gobierno, con tasas del 13 % que suponen unos 14 millones de trabajadores en el paro, que serán combatidas mediante un duro y liberal ajuste fiscal que ha impuesto desde el año pasado.

Temer reconoció que esa “importantísima agenda de reformas” había “nacido antes” en el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que él lidera.

Aludió así a un documento que el PMDB presentó a inicios de 2015, que incluía muchas de esas reformas conservadoras pero fue rechazado por Rousseff y agravó las divergencias con Temer, que junto a su partido pasó a engrosar las fuerzas a favor de la destitución.

Según el mandatario, la mejora de casi todos los indicadores del país son consecuencia de ese severo ajuste fiscal, que implica duras reformas de las leyes laborales y del sistema de jubilaciones, pero que permite “recuperar la confianza” de los inversores.

“El desempleo es la peor herencia dejada por una época de gastos descontrolados, pero comenzará a ceder”, pues “el optimismo empieza a aparecer en los gestos del pueblo brasileño” y será aún mayor con “una modernización laboral que generará más trabajo”, garantizó.

La defensa política que Temer hizo de su gestión fue completada con argumentos técnicos presentados en el mismo acto por el ministro de Hacienda, Henrique Meirelles, quien garantizó que la recesión en que Brasil se sumergió en los dos últimos años “ya es pasado”.

Según el hombre fuerte del equipo económico, “Brasil vive un momento de profunda transformación”, gracias a que “por primera vez” se ha impuesto en el país “una agenda de futuro” y “modernización”.

El ministro destacó en particular la limitación del aumento del gasto público durante las próximas dos décadas a la inflación del ejercicio anterior, y unas polémicas reformas de las leyes laborales y del sistema de jubilaciones que tramitan en el Congreso y pudieran ser aprobadas este mismo año.

Meirelles afirmó que eso ha producido “efectos impresionantes”, entre los que citó que la tasa de riesgo del país “cayó en un año de 500 a poco más de 200 puntos”, las agencias calificadoras “manejan la hipótesis de mejorar la nota de Brasil”, “la moneda se fortalece” y “la Bolsa de Sao Paulo sube con fuerza”.

Así como fue celebrado por el Gobierno, el primer año de Temer en el poder y de la destitución de Rousseff han pasado casi en blanco para la exmandataria, quien este jueves estaba en Argentina, y el Partido de los Trabajadores (PT), desalojado del poder con ella.

El PT, de capa caída desde el llamado “impeachment”, tiene todas sus fuerzas volcadas a la defensa de su fundador, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, imputado en cinco causas por presunta corrupción.

Rousseff, desde su destitución, se ha recluido en su domicilio de Porto Alegre, en el sur del país, que sólo ha dejado en los últimos tiempos para acudir a actos en solidaridad con Lula u otros en los que ha insistido en denunciar el “golpe parlamentario” del que dice fue víctima un año atrás.

EFE

 

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