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Sixto Medina: Venezuela ya no es una democracia

Dos tipos de regímenes políticos predominan en el mundo actual. Uno, en retroceso, es la autocracia. El otro, en expansión, la democracia republicana. En el primero, cuya denominación proviene del griego autos “el mismo”, el gobierno es “el mismo” poder. Autocracias son por ejemplo, China y Cuba. Capitalista y en dirección de una prosperidad que quizá le traiga la democracia, la primera. Comunista y estancada en la pobreza, la segunda.

Llamamos democracias republicanas, en cambio, a aquellos regímenes donde el gobierno no se identifica con el poder por dos razones. Primero porque ejerce la parte del poder que le toca por elección libre del pueblo. Este es el ingrediente democrático de las democracias republicanas. Segundo, porque el gobierno tampoco ejerce “todo” el poder, ya que lo comparte con otros dos órganos también llamados “poderes”: el “poder legislativo”, de origen igualmente popular, que reduce al gobierno a ser  sólo el “poder ejecutivo”, en tanto que el poder judicial, de origen no popular, es el encargado de la administración de justicia que se imparte en nombre de la República.

La división de los poderes que se limitan unos a otro, por su independencia, es el ingrediente republicano de las democracias republicanas. Si existen poderes locales autónomos, la democracia republicana deja de ser unitaria, como Gran Bretaña o Chile, y pasa a ser federal, como Suiza  o los Estados Unidos.

Las democracias republicanas predominan en todo el mundo desarrollado y en parte del mundo subdesarrollado. Las democracias republicanas desarrolladas son, sin excepción, prósperas, mientras que las democracias republicanas subdesarrolladas pugnan por salir de la pobreza. El cuadro que hemos presentado es manual. El problema empieza cuando nos preguntamos hasta donde encaja en él la Venezuela de nuestros días.

Diríamos que la Venezuela de hoy, ya no es democrática, se ha convertido, definitivamente, en una autocracia,  porque el pueblo, si bien en el año 2015 eligió a una Asamblea Nacional por votación universal, directa y secreta, el actual régimen ha alterado el orden constitucional, no gobierna habitualmente mediante la aprobación de leyes sancionadas por la Asamblea, sino a través de decretos, ha violado el principio constitucional de separación de poderes, ha bloqueado las leyes de la Asamblea Nacional, ha sometido y cooptado el poder judicial, viola los derechos humanos, hay más de un centenar de presos políticos y ha introducidos obstáculos imprevistos a la realización de un referéndum revocatorio establecido en la Constitución bolivariana.

Luego de no convocar al revocatorio constitucional, suspender las elecciones de gobernadores y alcaldes previstas en la Constitución para diciembre pasado y anular todas las decisiones de la Asamblea Nacional, haciéndola inoperante en lo factico, Nicolás Maduro ha dado un paso más para consagrar el gobierno autocrático que ejerce sin inmutarse, en medio de la profunda crisis a la que ha llevado a nuestro país ha resuelto convocar a una fraudulenta asamblea constituyente con el desfachatado y falaz argumento de afianzar la protección social y perfeccionar el sistema económico y político.