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Guillermo García N.: Respuestas al economista Pedro Palma

El reconocido economista Pedro Palma, escribió el pasado 06 de abril un artículo titulado “Venezuela: Dolarizar o no”, en el cual presentaba las desventajas de implementar en el país un esquema de dolarización plena tomando como referencia a Ecuador. Aunque respeto y admiro al Dr. Palma como economista muy valioso, en el tema de la dolarización difiero con todo respeto de su posición en cuanto a los posibles inconvenientes y desventajas que traería la implementación de un esquema de dolarización plena para Venezuela.

Los consumidores en una economía

Los “consumidores de dinero” somos todos los que lo utilizamos. Sin embargo, en lugar de tomar como punto de partida cuáles son las características que los consumidores desean  encontrar en el dinero, los economistas asumen que un banco central con buenas intenciones, competente, políticamente independiente podría producir el mejor resultado, y ahí es donde empiezan sus cálculos, modelos y teorías. En nuestro caso, esto es tan poco realista y tan decepcionante, que en los últimos 36 años no hemos tenido un BCV independiente, autónomo y libre de presiones del Ejecutivo. Lo que ha producido es alta inflación, envilecer la moneda y destruir la capacidad de compra de los salarios y el empobrecimiento brutal y pérdida patrimonial de los venezolanos.

¿Qué buscan y desean los venezolanos de una moneda?

Los venezolanos han demostrado que las características que desean en una moneda son las que el dólar tiene y ofrece: baja inflación,  plena convertibilidad, la perspectiva de la continuación de un buen rendimiento futuro, y la aceptación  internacional y preservación de valor y ahorro.

El Banco Central

Otro aspecto significativo son los diferentes sistemas monetarios, en los que el BCV sería “el hacedor de política”. Hay tres opciones: a) un tipo de cambio flexible; b) un tipo de cambio ortodoxo, que es un sistema de tipo de cambio fijo con relativa libertad monetaria, y c) la dolarización. El tipo de cambio Flexible: Con este tipo de cambio, el BCV tiene la libertad monetaria, pero la economía podría tener problemas de alta inflación, si se trata de aumentar la oferta de dinero (para financiar a empresas del Estado, Pdvsa) las tasas de interés tienden a caer, la gente envía su dinero a otros países con tasas de interés más altas. Esto también conduce a un aumento en los tipos de cambio y el aumento de precios. La experiencia ha demostrado que estos sistemas no han funcionado en el país, principalmente debido a la repercusión de la inflación y devaluación que trae, ese ha sido nuestro drama.

Dolarización: El BCV ya no tiene el poder de producción (impresión de moneda). Si el BCV tiene que dar ayuda al Gobierno, bancos o sector privado con los recursos del Estado, el Gobierno tendrá que aumentar los impuestos o emitir deuda. Esta posible situación podría ser difícil para el país, pero sin embargo, este costo es menor que una gran pérdida en las reservas en dólares, inflación y devaluaciones del bolívar. La objeción económica más frecuente a la dolarización es que privaría al país de flexibilidad en la política monetaria. Sin embargo, la evidencia empírica contradice esto. Tasas de crecimiento anual en los países que carecen de flexibilidad monetaria en desarrollo eran más del 50 por ciento mayor que en aquellos con los bancos centrales y la flexibilidad monetaria durante el período 1950-93. Por otra parte, la variabilidad de los índices de crecimiento, medido por sus desviaciones estándar, era prácticamente idéntica, lo que indica que la falta de flexibilidad monetaria no dio lugar a una mayor incidencia o vulnerabilidad a los choques externos (Hanke 1999, Schuler 1996).

El prestamista de última instancia

Otra objeción a la dolarización es que eliminaría la capacidad del BCV para actuar como prestamista de última instancia. Contrariamente a lo que piensa la mayoría de los individuos, no es deseable tener un banco central como prestamista de último recurso. La evidencia tanto en Venezuela como en Argentina registra rescates costosos de los sistemas bancarios  y que han ocurrido bajo la tutela de bancos centrales y, de hecho, tienen el récord de los rescates bancarios más caros en proporción al tamaño de su economía: la crisis bancaria de 1984 en Venezuela y 1980 en Argentina.

Señoreaje

El costo de perder el señoreaje se verá compensado por los beneficios de la dolarización con  tasas de interés bajas, no hay ataques especulativos a la moneda y la tranquilidad de los consumidores.  Actualmente con hiperinflacionario el costo de señoreaje es muy bajo o nulo.

En el caso de Ecuador, no es del todo cierto que la caída del PIB e incremento en el déficit fiscal en 2016 fue producto de estar dolarizados, sino más bien, a las políticas del socialismo del siglo XXI del ex presidente Correa, que limitó el libre mercado y la inversión en Ecuador, lo que redujo la entrada de capitales e inversión, incluso cerrando frontera y prohibiendo importaciones desde Colombia.

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