Inicio > El pizarrón de Fran > Aurelio F. Concheso: La economía en un callejón sin salida

Aurelio F. Concheso: La economía en un callejón sin salida

Cada vez resulta más evidente el callejón sin salida o arrinconamiento en el que se encuentra la economía venezolana, por las políticas económicas o, mejor dicho, por la ausencia de ellas. Y eso lo apreciamos en lo siguiente: la idea poco realista de remplazar el cono monetario en una semana, para luego tener que contradecirse renovando su vigencia, hasta ahora, por seis meses. El anuncio por enésima vez de modificaciones del sistema cambiario que nunca terminan de concretarse, y las equivocadas señales relacionadas con los controles de precios que aparecen, desaparecen, y vuelven a aparecer como por arte de birlibirloque.

Todo eso, desde luego, configura desaciertos que evidencian la falta de coherencia en la aplicación de políticas.

Sin embargo, una de las variables que más evidencia el tránsito por el citado callejón, es la pérdida absoluta de control sobre la impresión de billetes inorgánicos. Últimamente, en los decretos-leyes -de por sí de dudosa constitucionalidad- que contemplan gastos adicionales, como el aumento salarial y de pensiones decretado el 1° de Mayo, parecieran añadirle al tradicional “Ejecútese y Publíquese” otra innovadora coletilla, como es: “E Imprímanse los Bolívares que hicieran falta”.

Para el 5 de mayo pasado, última fecha de reporte de la liquidez dado a conocer por el Banco Central de Venezuela, había más de 15 trillones de Bolívares en circulación. De esos quince trillones, cinco fueron incorporados a la circulación a partir del primero de enero de este año. Es decir, que solamente en cuatro meses se ha puesto a circular más del doble de lo que era la liquidez total hace tan sólo dos años.

El motivo de esto es muy sencillo, pero, al parecer, también demasiado complejo como para que lo entienda nuestro “alto gobierno”. Tiene que ver con lo siguiente: y es que como sucede en hiperinflación -y sobre todo en una con una masiva destrucción de la producción y productividad como la venezolana- las recaudaciones fiscales en términos reales, o sea, descontada la inflación, se desploman. Como no hay mandato para recuperarlas mediante aumentos de impuestos de fácil recaudación, como el IVA o impuestos a las transacciones financieras, además de que las recaudaciones en dólares también se reducen por el deterioro de la producción de PDVSA, al única vía que existe para cubrir los aumentos que se promulgan, es recurriendo una y otra vez a la maquinita reproductora de billetes.

¿Y cuál es la solución a este entuerto? Pues, sencillamente, la misma que existía para mayo del 2013, cuando los gremios empresariales, las academias, y hasta los propios economistas del entrante gobierno del Presidente Nicolás Maduro pusieron sobre la mesa los cambios que urgían. Valga decir que lo hicieron durante el primero de varios diálogos económicos nonatos de los últimos cuatro años. Para ese momento, por cierto, la liquidez total era de tan sólo 0,768 trillones de bolívares, mejor dicho, el 5% de lo que es ahora, y Venezuela disponía de reservas internacionales que casi triplicaban las de la actualidad.

El problema es que en la medida que uno se adentra en el callejón, éste se va volviendo más angosto. A tal extremo ha llegado, que dar media vuelta y tratar de salir de él, requiere ahora no solamente de mayor pericia, sino también de un más amplio consenso en la sociedad para rescatar la economía.

Venezuela no tiene en su memoria histórica propia, experiencia alguna con hiperinflaciones. Y, de hecho, las que se experimentaron en el Continente, fueron hace más de 30 años. Quizás la más reciente en cuyo rostro tenemos que vernos ahora, es la de Zimbawe, que no representa precisamente una economía de mediano desarrollo como era la nuestra hasta hace poco.

En lo que todo esto se traduce, sin duda alguna, es en que, una vez superada la crisis política, no serán fáciles los cambios económicos que habrá que afrontar.

Una cosa es segura: tales cambios -o pasos iniciales hacia la modernización- tendrán que comenzar por una unificación y liberación del tipo de cambio; tal vez con una dolarización, y, por supuesto, un cerrojo a la maquinita de hacer dinero, cuyo desenfrenado uso nos ha traído hasta este punto del callejón.

Te puede interesar