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Enrique Meléndez: Los pobres inocentes

 

Venezuela está enlutada, y nada conmueve a esta gente que nos gobierna esta situación. Incluso, el colmo del cinismo lo constituye el hecho de que para ellos el autor de todas las muertes ha sido la propia MUD; lo que es muy propio de los regímenes totalitarios, esto es, causar actos de vandalismo, para terminar de echarle la culpa al partido contrario. Eso lo sabe bastante bien la nomenclatura cubana; aunque las bandas armadas de este régimen comenzaron antes de la llegada de los cubanos al país; pues nació en aquellos primeros días de gobierno de Chávez; cuando entonces se hablaba de una esquina caliente de la plaza Bolívar de Caracas, y que Juan Barreto, alcalde metropolitano para aquel momento, había dotado de moto y armas a grupos de malandros.

Incluso, eso coincidió con el pronunciamiento, que hizo en aquellos instantes el Grupo Tupamaro del 23 de Enero, y en donde aparecían armados sus integrantes; algunos de los cuales fueron incorporados a los círculos de la escolta de los nuevos altos funcionarios del régimen; es decir, gente con antecedentes penales, para que se observe como va reinando la impunidad en este país, mientras la institucionalidad estatal camina hacia su decadencia total; puesto que aquí hampa y comunismo han marchado juntos, a propósito de ese resentimiento social, que se padece, heredado de prejuicios sociales que se arrastran desde nuestro pasado colonial. Lo que explica el uso en la jerga de esta gente del término afrodescendiente:

-A mí me dices Negro-, le oí decir el otro día a un señor de color-, pues con eso de lo afrodescendiente no me vas a blanquear.

Chávez mismo era expresión de ese resentimiento social; acompañado por el mito de Bolívar; lo que nuestros historiadores conocen como el culto al Libertador. El propio Bolívar ya en vida decía que a su nombre se iban a cometer toda clase de desmanes y tropelías, y no se equivocó: lo primero que hizo Chávez, cuando la jueza Afiuni le dio la libertad a Eligio Cedeño, su más encarnizado enemigo de ese entonces, fue evocar la memoria del Libertador. Inventó un cuento raro, a propósito de esa gran capacidad de mitómano, que poseía, sobre un soldado, al cual éste lo sorprende contraviniendo la ley de la guerra, que priva en los campamentos militares, y que de inmediato solicitó la pena máxima para aquel soldado; como era la pena de muerte:

-Yo pido lo mismo para la jueza Afiuni: la pena máxima- clamaba.

¿Qué es lo que sale de todo esto? Odio, y que se expresa en ese hecho de que hayan violado a un joven en una de las centrales de policía, introduciéndole un tubo por sus intestinos; que se trata de un crimen espantoso; además de esa reacción, que se le ve a los cuerpos represivos del régimen tan desmedidamente cruel, al punto de que ya llevamos cerca de cincuenta muertos; cualquier gran cantidad de número de heridos; miles de personas detenidas a nivel de todo el país.

La verdad es que yo veía como un despropósito esa opinión de algunos; de que para salir de este gobierno, se necesitaba que corriera mucha sangre por la calle. Hoy me acongoja que esto haya sido así; que  estemos de funeral en funeral, y que un hampa, tanto harapienta, es decir, la de los bajos fondos; como la de cuello duro, es decir, la de la burocracia estatal, mejor conocida como la nomenclatura, saquee al país trabajador, al país sano; mientras algunos generales se dan a la tarea de entrenar a francotiradores, según ha trascendido, para que disparen sin contemplaciones contra las manifestaciones de la ciudadanía; generales que forman parte de las mafias del contrabando de extracción, sobre todo, de gasolina y metales preciosos; del narcotráfico; de los dólares preferenciales y de las misiones sociales, especialmente, del área alimentaria.

Tómese en cuenta que, según se ha sacado la cuenta: si una bolsa de los CLAP la venden a diez mil bolívares, y la misma ha sido adquirida en el exterior a dólares del Dipro, esto es, dólar de diez bolívares; el venezolano está pagando el equivalente a mil dólares por cada una de esas bolsas. De allí la inmensa fortuna que han amasado los jerarcas de este régimen: los que estuvieron con Chávez y los enchufados de hoy en día.

Otro de los cinismos mayores de este gobierno consiste en decir que la gente, que está en la calle, sobre todo, los más exaltados, son pagados por los intereses imperialistas. La otra noche que me tocó caminar desde la estación Alí Primera del Metro de Los Teques, hasta mi casa en Carrizal, debido a que el transporte público se había paralizado, con motivo del hecho de que los Altos Mirandinos ardían por todas partes; lo que atravesé fueron barricadas de latones y bases de la isla de la Panamericana; además de árboles derribados de ancho a ancho de dicha carretera, y de cauchos quemados sobre el pavimento: imposible penetrar esas barricadas, y las que habían sido hechas por jóvenes de los barrios de los diferentes sectores mirandinos, y que estaban allí no por mero vandalismo, sino por descontento social, y que es lo que se niega a admitir la gente del oficialismo; que prefiere pagar con sangre su permanencia en el poder, partiendo de la máxima maquiavélica de que la muerte de un individuo se olvida pronto, mientras que el efecto de amedrentamiento sobre el pueblo dura toda la vida. ¿Quién le paga a esta gente por causar estos desmanes? Es verdad que ni siquiera ellos mismos se creen este falso positivo; el hecho es que tampoco a ellos les importa mucho el trajinar con la mentira; empezando, precisamente, por achacarle a la MUD las muertes de jóvenes muy valiosos, que se han llevado estas protestas; cuyos autores no dejan de ser las fuerzas represivas del régimen; envenenadas de odio, que es el otro combustible de este gobierno en su afán por la permanencia en el poder.