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Néstor Francia / Análisis de Entorno: ANC: Ese ron que nos lo sirvan puro (22-05-2017)

Primero que nada, manifestamos nuestro total apoyo a la marcha por la paz del próximo martes, convocada por el presidente Nicolás Maduro, después de mostrar videos que demuestran la saña criminal de los fascistas que están en ofensiva contra la Revolución Bolivariana. Aquí no hay diferencias que valgan como excusa. Todos a la calle contra el fascismo, todos a defender la vida y la Patria.

Y vamos ahora con más sobre el gran tema revolucionario del momento, la Asamblea Nacional Constituyente.

El pasado sábado almorzamos en un restaurant popular en la zona del mercado de Catia, esa combativa e histórica parroquia que nos vio nacer. Desde allí contemplamos  la afanosa multitud, unos cuantos trabajando, la mayoría trajinando el mercado, todos contrastando con los pocos que en ese mismo momento desataban más violencia en algunos lugares de Venezuela. También en contraste con la clase media frustrada reunida en la autopista Francisco Fajardo -acompañada por más de un pobre desclasado- anhelante de que llegue a nuestro país un gobierno de derecha que acabe con el chavismo y nos convierta en chicos buenos incorporados a los oropeles del “mundo occidental”, del “american way of life”. En el restaurant se escuchaba al prodigioso Diómedes Díaz y más allá, en una barbería, sonaba música de salsa. Gente en paz, esforzándose, siendo ellos mismos en medio de los avatares de la vida. Nos dio por imaginar a ese pueblo numeroso y multicolor empoderado, incorporado en sus mil maneras a la construcción consciente del país. Desde que en nuestra pre-adolescencia nos incorporamos a la Juventud Comunista, imaginamos el socialismo como una cosa, precisamente, de multitudes, de trabajadores levantando un nuevo mundo. Nunca pensamos la Revolución con conceptos economicistas. Soñábamos con un pueblo sano y libre de pobreza, por supuesto, pero sobre todo nos movía la gran utopía de una sociedad amorosa, fraterna, libre de guerras y de discriminaciones. Sueños juveniles que, afortunadamente, no nos han abandonado ¿De qué nos vale luchar si no mantenemos en alto esos sueños? ¿Acaso queremos hacer más “bonito” el capitalismo, quedándonos a mitad del camino? ¿Nos conformaremos con la solución de algunos problemas (mientras creamos otros nuevos)? ¿O seguiremos impulsando esta historia hacia los designios superiores y aun tan lejanos? Y en medio de todo esto la gran duda: ¿Nos alcanzará el tiempo para llegar a la meta antes de que la especie se extinga en los caminos de este desarrollo capitalista infernal y depredador? No queremos migajas, anhelamos la grandeza de un mundo nuevo que a veces pareciera que se nos escurre como agua entre los dedos.

Y después de esta digresión (que no es gratuita, como ya lo supondrá el lector) no queda otra que aterrizar de nuevo en el espinoso tema de la Constituyente. Siguen pasando cosas que nos ponen en alerta, porque en este mundo convulsionado no hay tiempo que perder.

En nuestro documento “Hacia la nueva Asamblea Nacional Constituyente”, del 24 de abril pasado, escribimos que “Esa oferta política tiene que distanciarse de los ofrecimientos y propuestas tradicionales electorales correspondientes a la democracia burguesa y dirigirse más bien a la realización cada vez más cierta de la democracia revolucionaria. No puede ser una oferta electorera para mantener a duras penas gobernaciones y alcaldías, ni para elegir un Presidente en medio de las conocidas trampas de la democracia burguesa. No puede ser una oferta para mantener las cosas como están sino para cambiarlas en modo notable. No puede ser una oferta para prolongar las estructuras caducas del Estado burgués ni la organización piramidal seudo democrática que establece la democracia liberal burguesa”. En esto seguiremos insistiendo, ya que todos los días ocurren cosas que alimentan nuestras inquietudes. Tal vez a algunos no les guste, pero continuaremos en actitud crítica, ojo pelao, para ser leales a esos sueños de los que hablamos en la primera parte de este Análisis.          Un ejemplo: todo parece indicar que se han impuesto un concepto y unos lemas que no terminan de satisfacernos. El concepto es el que le da a la ANC el objetivo principal de garantizar la paz. Por supuesto que es ese un objetivo loable. El problema es que queremos paz permanente y no circunstancial. No paz para ahora que estamos en este brete, sino paz para la Humanidad, para los hombres y mujeres del futuro. Y eso solo se ha de lograr transformando la sociedad en profundidad, avanzando hacia la extinción del Estado burgués, construyendo el socialismo. Marchar hacia ese desiderátum debería ser el gran objetivo de la ANC y no la imposición de consignas a conveniencia del momento. Queremos paz con socialismo, queremos paz con revolución avanzando, queremos paz con transformación profunda, y no paz per se, no paz de ocasión, no la paz del cementerio de los sueños. Porque además, la paz no puede ser garantizada por ahora, porque para que haya paz tendría que quererla también el enemigo, y ya se sabe que la paz no es el problema de ellos, sino el poder. Por cierto, ese es también el problema nuestro: ellos quieren el poder para el capital, nosotros para el trabajo. Ya lo decía el célebre himno de la Joven Guardia de las organizaciones de jóvenes comunistas españoles y franceses: “al burgués insaciable y cruel no le des paz ni cuartel”. Para nosotros la Constituyente no es para garantizar la paz, sino para seguirle construyendo el camino a la paz estratégica, a la paz del mundo liberado de explotación y exclusión.

Y en cuanto a los lemas, hemos visto circular dos. Uno que reza “Hablando se entiende la gente” ¿Expresa este lema el carácter que debe asumir la ANC? Nosotros, que estudiamos la carrera de Letras, no podemos ser ingenuos ni ligeros cuando se trata del lenguaje. Las palabras tienen peso específico, son el vehículo de las ideas y estas difícilmente pueden permanecer ocultas para quien trata de ahondar en los significados ¿Hablar? Sí, pero hay un verbo mucho más preciso para la Constituyente.

El verbo es “debatir”     (Drae: “Dicho de dos o más personas: Discutir un tema con opiniones diferentes”)  ¿Y vamos a Constituyente simplemente a “entendernos”? Otra imprecisión, porque no vamos necesariamente a entendernos entre todos, así que más bien debería decirse “ponernos de acuerdo”. Otra vez el Drae: entenderse es “avenirse con alguien para tratar determinados negocios” (o asuntos, añadimos nosotros). En cambio “acordar” (ponerse de acuerdo) es “Dicho de un conjunto de personas: Determinar o resolver algo de común acuerdo, o por mayoría de votos”.

El otro lema es “Nos une Venezuela”, una frase bastante singular para un país notablemente dividido y un chavismo que, a decir verdad, se mantiene en general unido pero no es unánime. Al menos refiere un deseo en cuanto a la ANC: que nos acerque a la unidad nacional. Solo que, cuando lo mezclamos con todo lo demás, nos sigue pareciendo que se apuntara a una especie de Constituyente inocua y un tanto ideal y tirando a bucólica. Diríamos que así tan “chévere” no va a ser, a menos que no se refleje en este evento al país verdadero.

En todo caso, hasta ahora toda la simbología y la fraseología vinculada a la ANC no termina de darle lugar prominente al poder del pueblo, al Poder Constituyente, y mucho menos a la temática referida al Estado y al Poder Popular (en el sentido, precisamente, del poder). A decir verdad, a nosotros nos gustaría más un lema que se aproximara al de la empresa Movilnet: “La señal que nos une” (cambiando “señal” por “poder”).

¿Estamos siendo demasiado suspicaces si pensamos que el ron de la

Constituyente nos lo quieren suavizar, quieren diluirlo con Pepsi-Cola? Por si acaso, vamos a dejar sentado que ese ron lo queremos purito, fuerte y que nos arda en la garganta. Queremos, de verdad, poder para la gente. Nos los dijo otra vez el sábado nuestra Catia querida.

Valga decir que nosotros seguiremos adelante a pesar de estas diferencias iniciales. Con la Constituyente vamos: a Dios rogando y con el mazo dando.