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Zulia: Medicinas colombianas: válvula ante la crisis

Los anaqueles de las farmacias zulianas están parcialmente abastecidos de medicamentos traídos de Colombia que, aunque se encuentran a precios dolarizados, representan un paliativo para los pacientes ante la aguda crisis farmacéutica que atraviesa el país desde hace unos años.

Ya no solo los tarantines como los del mercado de Las Pulgas, en Maracaibo, están “plagados” de estos medicamentos, sino que las cadenas privadas también los expenden.

“Con el Decreto de Emergencia Económica se abrió la frontera para que ingresaran medicamentos colombianos sin registro sanitario y sin algún tipo de control. El gobierno regional quitó todas las barreras sanitarias; ni siquiera se tomaba en consideración lo que tenía que ver con la parte arancelaria, con las aduanas”, criticó el presidente de la Federación Farmacéutica Venezolana (Fefarven), Freddy Ceballos, en entrevista con el diario.

Dicho decreto de Estado de Excepción y Emergencia Económica fue prorrogado por novena vez el pasado 16 de mayo por el presidente Nicolás Maduro, a fin de “asegurar a la población el disfrute pleno de sus derechos (…) y el acceso a los alimentos y otros productos esenciales para la vida”, según reza el artículo 1. En consecuencia, permite el establecimiento de “políticas de evaluación, seguimiento y control de la producción, distribución y comercialización de productos de primera necesidad”, entre ellos, las medicinas.

A juicio de Ceballos, aunque actualmente no hay “luz verde” en la frontera colombo-venezolana, “el daño está hecho porque mucha gente que traía medicamentos por el Zulia, ahora, probablemente, tiene sus canales irregulares para penetrar la región”.

Resaltó que, de acuerdo con la Ley de Medicamentos, los fármacos surtidos a la población deben ser eficientes, seguros y de calidad. Estos requisitos se desvanecen en los tarantines de Las Pulgas que ofrecen una variedad descomunal de medicamentos: antihipertensivos, antidiabéticos, antiepilépticos, antibióticos, por nombrar algunos.

Durante el recorrido que hizo este diario por el popular mercado, se encontró una importante cantidad de fármacos vencidos. Por ejemplo, una Glibenclamida colombiana (para diabéticos), en 3 mil bolívares, que caducó en octubre de 2016. Al igual que un Benicar (para hipertensos) que expiró en junio del mismo año.

Una de las comerciantes informales manifestó que “el contrabando lo maneja todo” y que a Las Pulgas llegan los vendedores de estos productos. “Los mismos bachaqueros venezolanos se traen un buen cargamento de Colombia y le ‘mojan’ la mano a los guardias en la frontera”, detalló.

Frente a esto, el contralor sanitario del Zulia, Onésimo Martínez, dijo a PANORAMA: “La entrada de medicamentos de manera ilegal por el estado es histórica, no sucede solo ahora. Se trata de la frontera más activa de América Latina y por eso es difícil de controlar. Pero la mayoría de las medicinas entró, gracias al decreto, con un aval”.

Enfatizó que, pese a la carencia de estudios estadísticos, los niveles de comercialización legal e ilegal en la región son muy distantes. “El tráfico ilícito no representa ni el 0,1% frente al lícito; es prácticamente insignificante”, precisó Martínez, basado en mediciones propias de su equipo, aproximadas.

En este sentido, aseguró que el Servicio Autónomo de Contraloría Sanitaria del Zulia mantiene activos a sus funcionarios en las aduanas aéreas, marítimas y terrestres para mantener “el control que ha ido avanzando”.

Por otra parte, están los precios indiscriminados que pagan los usuarios que llegan a los lugares clandestinos escapando de la escasez de 85% que registran las farmacias, según puntualizó la Federación Farmacéutica Venezolana.

Cuando en una farmacia se puede conseguir un Valsartán colombiano en Bs 12 mil, en puestos ilegales está en 25 mil. Antibióticos como el Ciprofloxacino, que cuestan 10 mil, los expenden al doble. “Yo ya me cansé de buscar el Exforge (antihipertensivo), me tuve que ir a Las Pulgas y pagué 30 mil bolívares, cuando en una farmacia no hubiese gastado ni siquiera 7 mil”, lamentó Orangel Pérez, quien criticó que “los policías ven las situación y dicen que no se pueden meter”.

Otro aspecto que preocupa a la población es la proliferación de fármacos del vecino país que tienen marcado “Uso institucional”. Freddy Ceballos sostuvo que “no se sabe cuál es la procedencia de esos productos que eran de Colombia, para instituciones públicas, hospitales, y los vendieron aquí en Venezuela. Esos medicamentos fueron dispensados por el Seguro Social y no son para la venta”.

El contralor señaló que venderlos representa “una violación a la normativa”. Comentó que la Contraloría Sanitaria se incautó hace un tiempo de estas medicinas, pero que “en el Zulia desde hace tiempo no se reciben denuncias de este tipo”.

En una visión contrapuesta, Eduardo Samán, farmacéutico, exministro y expresidente de Indepabis, argumentó: “Cuando se importan estos productos es para uso en clínicas u hospitales. Eso no significa que son gratuitas en Colombia, sino que son fabricadas para ser comercializadas a hospitales o clínicas, ellos privatizaron su sistema de salud y cobran por esas medicinas. Es un privado que las fabrica, pero no son gratuitas, por ningún lado dice prohibida su venta”.

Explicó que la presencia de esta categoría de medicamentos en el país se debe a que farmacias venezolanas compraron a laboratorios colombianos un excedente de la producción, en el marco del decreto de Emergencia.

De cualquier forma, la Fefarven espera que el Gobierno asigne las divisas al sector farmacéutico, pues desde octubre no lo hace. De esta manera, se devolvería a los pacientes la accesibilidad y disponibilidad de medicinas, garantizando así uno de los derechos fundamentales, consagrado en el artículo 83 de la Constitución, la salud.

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