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Vladimir Villegas: La “moribunda” del siglo XXI

No había que ser adivino para pegarla y predecir que con la iniciativa de convocar una Asamblea Nacional Constituyente a la medida de las necesidades del gobierno, en condiciones que le garanticen un triunfo seguro y por ende el control absoluto de ese órgano, entraríamos en un proceso de retroceso constitucional  que se traducirá en menoscabo de derechos y garantías consagradas en la que pudiera ser bautizada próximamente, vaya ironía de la historia, en la moribunda del siglo XXI.

Varias son las señales que indican alarma y peligro. Una de ellas las llamadas bases comiciales anunciadas por el Presidente de la República Nicolás Maduro y entregadas al diligente -cuando le conviene a la mayoría de sus integrantes, léase “integrantas”  – Consejo Nacional Electoral. Allí  queda plasmada una “ingeniería ” electoral  destinada a evadir la expresión de la mayoría de los electores. Por ejemplo, los municipios de ciudades como Caracas, Maracaibo, Valencia y Barquisimeto tendrán la misma representación que pequeños municipios de 200 mil, 50 mil, 3 mil o menos habitantes.  En términos reales el voto de un ciudadano que viva en un municipio de 10 mil o menos habitantes tendrá más valor que el de un caraqueño, un maracucho, un maracayero o un guaro. Ni hablar de las representaciones sectoriales. Toda una oda a la viveza criolla en su máxima expresión. Consejos comunales y comunas cuyos listados son el mayor misterio de la ciencia, por mencionar solo un caso.

Otra señal de peligro es la premura del órgano electoral en llamar a la inscripción de candidatos para esta misma semana, sin ni siquiera tomarse el tiempo para revisar las bases y actuar conforme al mandato constitucional de promover la participación ciudadana. Y mucho pedirle que modifique las bases para consagrar que tanto la convocatoria como las condiciones de elección serán sometidas a consulta popular, al igual que las conclusiones de la Constituyente, en caso de ser aceptada su elección.

Pues bien, el propio Elías Jaua ha dejado entrever que la Constituyente decidirá si somete o no a la consideración del soberano las modificaciones a la Carta Magna, su eventual sustitución por otra  y sus otros acuerdos. Así de fácil. Vamos a una Constituyente que puede tomar la decisión de usurpar el poder que la Constitución de 1999 le otorga a los ciudadanos ( el constituyente) como la máxima instancia de decisión. Allí parte de la letra chiquita de esta propuesta que por vía express ha recibido el visto bueno de la mayoría del Consejo Nacional Electoral.

Y por si fuera poco, el súper poderoso Diosdado Cabello (¿poder dado por Dios?) ya ha hecho que se vean las costuras de esa  Constituyente ” pret a porter”al anunciar que una de las primeras iniciativas será poner patas arriba la Fiscalía General de la República. No hay mejor forma que poner precisamente de “patitas en la calle” a su titular, Luisa Ortega Díaz, por cometer el atrevimiento de asumir sus atribuciones constitucionales. Entonces este servidor no estaba tan equivocado cuando advertimos que se trata de una Asamblea “Destituyente”.

Al sancocho le siguen agregando vitualla. Ya se habla de eliminar la inmunidad parlamentaria, de disolver la Asamblea Nacional, de darle más poder a las comunas y consejos comunales en detrimento de las alcaldías y gobernaciones. No nos extrañe que ocurra lo mismo que cuando se elaboraron los bloques de reformas a la Carta Magna, en 2007, felizmente derrotada por el soberano. Allí se hizo una extensa lista de mercado que, incluía, por cierto, eliminar el artículo según el cual no se puede suspender el derecho de información en estados de excepción.  También se incluyó dejar sin efecto el mandato constitucional según el cual los diputados que acepten otro destino público pierden su condición de tales.

Si esta iniciativa avanza sin que nadie la detenga entraremos en la etapa terminal de la Carta Magna de 1999, la mejor constitución del mundo, según Hugo Chávez. Porque “palo que nace doblado jamás su tronco endereza”. Una Constituyente nacida sin el visto bueno del soberano y sin la obligación de someter sus acuerdos a la voluntad de éste es un peligroso instrumento en manos de quienes hoy ejercen el poder.

No nos extrañe que el día de su instalación, si eso llegara a ocurrir, los integrantes de de ese organismo a ser “electo” en julio tomen posesión de sus cargos repitiendo todos a coro “¡juramos ante esta Constitución moribunda!  …”

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