Inicio > Opinión > Ovidio Pérez Morales: Constituyente como oportunidad

Ovidio Pérez Morales: Constituyente como oportunidad

El Presidente lanzó su proyecto constituyente. Sólo le faltó haber presentado a su Secretaría (Consejo Nacional) Electoral un boceto de la nueva constitución y de los decretos para la total centralización socialcomunista del poder.

Si no fuera porque al Régimen poco le importan las necesidades y los anhelos del pueblo (soberano CRBV 5), pudiera pensarse que se trata sólo de un trapo rojo para ganar tiempo. Pero ya que ha presentado ese proyecto, se lo ha de convertir en oportunidad para el cambio político que desea un 85% de la población ¿Cómo? Consultando al pueblo, con carácter de urgencia –mediante o no el CNE- si quiere a) una Constituyente comunal y b) que continúe en su cargo quien funge actualmente como  Presidente de la República. No es del caso entrar aquí en los particulares del punto segundo, que habría de implicar substancialmente un cambio efectivo en la dirección política del país.

La posición de la Iglesia respecto de la Constituyente comunal es de claro y firme rechazo. Lo ha manifestado el Episcopado en sus varias  instancias y con el respaldo de los otros dos sectores de la Iglesia, Religioso(a)s y Laicos.  La solución de la gravísima crisis nacional no es una Constituyente, que “es innecesaria y resulta peligrosa para la democracia venezolana, para el desarrollo humano e integral y para la paz social” (Exhortación de 17 de mayo pasado).

Este proyecto constituyentista comunal recibe los mismos calificativos que la Propuesta de Reforma Constitucional de 2007, que  buscaba imponer un Estado  Socialista.  La Conferencia Episcopal la tachó de inconstitucional y moralmente inaceptable porque adversa 1) a principios fundamentales de la actual Constitución y 2) a una recta concepción de la persona y del Estado. Para los Obispos “Un modelo de Estado socialista, marxista-leninista, estatista, es contrario al pensamiento del Libertador Simón Bolívar (…) y también contrario a la naturaleza personal del ser humano y a la visión cristiana del hombre, porque establece el dominio absoluto del Estado sobre la persona”. (Exhortación de 19 octubre 2007). Agregaron también un argumento de experiencia histórica, a saber, en los países en donde se implantó un tal sistema lo que se ha producido  es opresión, deterioro económico, pobreza generalizada.

En ese mensaje los Obispos, sin pretenderlo, dejaron una lección sintética constitucional: “En los países democráticos una Constitución es un pacto social (…) su finalidad es garantizar el Estado de Derecho para todas las personas, la estabilidad jurídica de las instituciones y el bienestar integral del conjunto de los ciudadanos. Su legitimidad  radica en que acoja la pluralidad de posturas que tienen derecho a convivir en una sociedad democrática (…) el verdadero sujeto de la Constitución es el pueblo, no el Estado y menos aún el gobierno, por eso ella debe expresar el acuerdo de todos los sectores, corrientes e ideologías. No puede  ser la consagración de las ideas o propósitos políticos de un determinado grupo partidista”.

La actual Constitución si bien no perfecta, es buena y suficiente. Se hizo durante Chávez y puede sobrevivir en un régimen democrático. La proyectada Constituyente comunal agravaría los problemas del país (hambre, muerte, corrupción, narcoenredos…) y nos asimilaría a Cuba y Corea del Norte. Por eso el soberano la impedirá y, propositivamente, aprovechará la oportunidad para lograr el cambio que el país necesita.

Te puede interesar