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Leopoldo Puchi / Enfoque: Ciclones categoría 5

En este momento, están en marcha dos estrategias que pueden estremecer a la nación  como un poderoso huracán. Del lado de la oposición, se ha pasado de la política que buscaba ganar las elecciones pautadas para 2018 a un esquema dirigido a deponer a Nicolás Maduro en 2017 y estructurar  un nuevo orden social y político. Para alcanzar esa meta, durante más de 60 días se ha adelantado una estrategia que combina actividades pacíficas y acciones de carácter violento, con el fin de empujar al estamento militar  a actuar, bien sea por la vía del golpe palaciego o uno cruento.

Por su parte, el sector gubernamental ha decido la convocatoria de una constituyente, lo que abre un período de lucha para definir de manera neta de cuál lado está la hegemonía, ya que una constituyente no es la simple redacción de un texto constitucional, como se cree con frecuencia, sino la formación o actualización de un orden político. Constituir es un acto de poder no estrictamente electoral, y el trabajo jurídico y legislativo es el postigo en que se inscriben los conceptos legales que expresan la nueva correlación de fuerzas.

Ya que las dos estrategias en curso, la del derrocamiento y la de la constituyente, contienen la energía de los ciclones, habría que preguntarse si es posible escoger otro camino. En las circunstancias actuales, la confrontación pudiera incluso prolongarse por meses y hasta hacerse crónica, como sucedió en Nicaragua.

¿Puede hacerse algo para evitar que se desencadenen estos gigantescos ciclones? Por supuesto que sí. Lo primero es un entendimiento para la coyuntura, y simultáneamente dar inicio a conversaciones para construir un acuerdo de coexistencia de mediano y largo plazo, que permita la alternancia. También debe escogerse un mecanismo para refrendar los acuerdos, bien sea constitucionalizándolos o a través de los mediadores. Quienes descartan el camino de la negociación argumentan que “no es viable” o que “no hay ambiente”. Tal vez ignoran los efectos de los ciclones tropicales de categoría 5.

 Flash Rojo

Mientras no se produzcan cambios en las políticas macroeconómicas que mejoren los índices de abastecimiento y estabilicen los precios, no va a tener lugar una recuperación de la base electoral del Gobierno, por más que en el frente político se recupere la iniciativa, hecho favorecido por los errores de la oposición.

Es conveniente que la fiscalía no permita que los cuerpos de seguridad realicen fuera del marco de las leyes el control de las acciones de violencia de calle (trancas, quema de locales, linchamientos). Pero también es responsabilidad de la fiscalía actuar frente a los organizadores de esa violencia y los grupos que la ejecutan.

Flash Negro

Con Almagro, la OEA ha perdido capacidad para incidir en la realidad venezolana. Su conducta atolondrada más bien es un factor de perturbación, ya que no procura entendimientos pacíficos. Lo que se decida en esa institución contribuirá poco o nada a remediar la situación: la OEA es parte del conflicto, no de la solución.

Existe el peligro de que factores políticos externos comiencen a manejar sus enlaces con el paramilitarismo desmovilizado que migró a Venezuela para ponerlo a actuar desde las zonas urbanas donde se ha sembrado. Es una inquietud que está presente en sectores de la Mud que se oponen a escalar la situación.

El Socialismo en la Historia: El triángulo rojo

En medio de una severa crisis económica, de una producción en picada, millones de desempleados y de una penuria generalizada, el gobierno del socialdemócrata Herman Müller se derrumba en 1931. Habían transcurrido doce años desde el ascenso electoral fulgurante de la izquierda alemana que la había convertido en un gran pilar de la República de Weimar. Pero ahora, ese respaldo electoral se había escurrido y la votación de la ultraderecha estaba en ascenso al beneficiarse del malestar social. Comenzaba así el camino al infierno. Primero fueron los enfrentamientos de calle, luego el hostigamiento, los insultos, hasta que una vez consolidado Hitler en el poder y excluidos socialistas y comunistas de las instituciones, comienza una cacería implacable, de modo que el primer campo de concentración que construye el nazismo, el de Dachau en 1933, al sur de Munich, está destinado a recluirlos. Y así como a los judíos les ponían una estrella amarilla, a los prisioneros de izquierda les tocó un triángulo rojo invertido en el pecho como insignia. En más de un millón se calculan los revolucionarios alemanes asesinados, sin contar soldados o de otras nacionalidades. Razias mortales sin contemplación.

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