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Abraham Gómez: Una Constitución para el gobierno y no del Estado

Hoy se hace oportuna una severa diferenciación conceptual y estructural de algunos vocablos que pronunciamos con descuido o tal vez, con cierta displicencia; sin atender que éstos llevan implícitos suficientes cargas valorativas.

Si mencionamos uno de ellos, necesariamente no estamos significando los otros; por lo que nos vemos obligados a hacer las correcciones en esta hora aciaga que atraviesa nuestra Venezuela.

Ha habido una costumbre inveterada de mucha gente de repetir y admitir, como cosa natural que gobierno, Estado, país, nación, república y patria son la misma cosa. Y que además da igual si utilizamos a alguno de esos vocablos para mencionar, sin distinción, la idea cualquiera de ellos. Es un grave error la utilización invariable de estas palabras. Cada una posee sus propias consideraciones para los enunciados. Analicemos, con sencillez, lo siguiente.

Una Nación está conformada por una conglomerado humano que ha escogido o determinado un específico espacio territorial para asentarse, cuya base de afinidad la tejen los vínculos socio-históricos, las manifestaciones culturales, el usufructo de los elementos ambientales; así también,  explicamos que únicamente señalamos como país a la conformación demográfica, a la población,a las personas.  Admitimos que se nos habla del país cuando su referente inmediato es la gente.

Veamos ahora, la patria siempre se hace y será hermosa por cuanto ella nace desde las sensibilidades y motivaciones psicoemotivas de quienes vivimos con las especificidades de la nación. La patria se lleva en nuestro corazón, mente y voluntad.

La república queda definida a partir del concreto modo de gobernar, entre muchos otros; según la libre determinación de los pueblos.

Cuando se legisla para una Nación como totalidad: su Constitución, sus leyes, sus códigos etc.; y la población asume y legitima tal estructura jurídica para su cabal funcionamiento, y si además cumple con los prerrequisitos (población, territorio, sistema jurídico y reconocimiento internacional) que exige la Organización de las Naciones Unidas para acogerlo en su seno, decimos entonces que estamos en presencia de un Estado.

Reafirmemos, una y otra vez: El Estado es la Nación completa, con leyes.  El Estado Somos todos, con nuestras divergencias y pluralidades. Con tendencias ideológicas disímiles. El Estado se asienta en una creación jurídica-política que nos teje e involucra: a la nación y al país.

Al momento de proponerse una Constitución para el Estado; desde sus inicios debemos estar conscientes que su proyecto, diseño, discernimientos, elaboración y texto definitivo será para toda la población nacional, sin diferenciación.

Un gobierno es efímero. Un gobierno es una gestión temporal, limitada para administrar los recursos del Estado, por intermedio de las Políticas Públicas.

Si el presente régimen insiste en su írrita, inconstitucional y tramposa propuesta de una Asamblea Nacional Constituyente; sin lugar a dudas, la conformación será sólo de miembros de su tendencia, monocromática, con aliados colaboracionistas, de supuesta oposición que usufructúa canonjías oficialistas.

Auguramos corta vida a esa Constitución gobiernera, que desaparecerá en el mismo instante en que esta abominación que nos rige pase a ser una vergonzosa página en la historia actual de nuestro país.

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