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Nelson Totesaut Rangel: Permiso para retirarnos

La sesión de la OEA del 31 de mayo fue otro estrago de la lucha que se libra dentro de este organismo. Desde que Venezuela anunció su retirada (giro que nadie contemplaba), pareciera que las presiones incrementaron para llegar a la sanción moral deseada por muchos: la activación de la susodicha Carta Democrática. No obstante, si bien la imagen diplomática que podría invocar el organismo (como máxima penalidad) es la “invitación a retirarse”, el escarnio se amortigua si el Estado miembro opta por irse solo. Ya que, seamos claros, no es lo mismo que te boten a que renuncies; sin duda, diplomáticamente hablando, fue la mejor maniobra política que pudo tener el gobierno venezolano.

Aquí, en casa, seguimos insistiendo en un aislamiento forzoso. El gobierno, paranoico, posee poco respaldo internacional, por lo que ve al resto del mundo como un enemigo a sueldo. No puede aceptar el error y acusa de intervencionismo a cada quien que le critique. Y, al momento de enumerar sus aliados, le bastará con una sola mano; al contrario de sus detractores, que cada día acrecientan la lista.

Esto no siempre fue así. En la última década Venezuela tuvo una fuerte influencia internacional. El presidente Chávez gozó, por años, del respaldo de casi todos los países miembros de la organización. Incluso, su exsecretario general, don Miguel Insulza, arremetió discursivamente contra la Revolución Bolivariana, pero jamás llegó a actuar. Fuimos un ejemplo de socialismo mundial, consolidados por una fuerte legitimación internacional; arma que empleó Chávez sabiamente para justificar el encauce del movimiento revolucionario.

Luego, el petróleo cayó y el proyecto se desplomó. “Sin plata no hay socialismo”, rezaba un importante dirigente del PSUV cuando se empezaba a sentir el colapso. Y es que sin plata no hay ningún ismo, el ejemplo lo vivimos hoy en Venezuela, perdiendo el respaldo por parte de aquellos que antes nos abrazaban como “hermanazos” y que ahora nos condenan al menosprecio. ¿Nuestra reacción ante esto? Acusar de “injerencista” cualquier comentario que no nos sea complaciente. Y aún más si proviene de Luis Almagro, viejo aliado bolivariano y persona por la cual nosotros mismos votamos, es decir, gota autoadministrada de cicuta.

Por otro lado se encuentra la oposición, más confundida que nunca. Primero, insistió en nuestra salida de la OEA, promoviendo frenéticos la expulsión. Ahora, que parece cumplirse su sueño, reaccionan feroces ante la decisión de retirarnos; ya que, para ser sancionados por la organización, debemos estar, evidentemente, dentro de ella.

¿Podemos irnos? Sí, el artículo 143 de la Carta Constitutiva de la OEA contempla su posibilidad de ser denunciada y, por consiguiente, de cesar los efectos respecto al Estado denunciante. Claro, esperando 2 años de por medio y cancelando cualquier saldo vigente (desde el momento de su denuncia hasta el momento formal de la retirada).

¿Por qué nos vamos? Últimamente la OEA ha sido un patio de fusilamiento para Venezuela. El modelo revolucionario se va aislando en medio de la terrible crisis, haciendo una lectura errada de la globalización; vista ahora como intervención. Estar en la OEA es una ventana importante para la oposición, para validar su lucha y para castigar cualquier acto del adversario. Ahora, con el cierre de esta ventana, la dirigencia opositora (y sus nuevos aliados internacionales) deberán de apresurar el paso, ejercer toda la presión posible antes de transcurridos los dos años, ya que ningún otro organismo (y/o secretario) se prestará para tanto como la OEA y Almagro.

Este último, por cierto, me preocupa aún más. No quiero ni pensar en la frustración de don Luis si no logra corrernos antes de nosotros irnos. Ya que su único objetivo como secretario, su raison d’être, pareciera ser este. Y Venezuela, en cambio, adelantándose y acabando antes con la fiesta; con esa típica costumbre revolucionaria de ir en contra de la etiqueta, en donde ni siquiera pedimos permiso para retirarnos.

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