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Jesús Castillo: José Ingenieros y su concepción del hombre mediocre

Un libro que consulto con frecuencia es “El hombre mediocre”, escrito en 1913 por José Ingenieros, filósofo y psicólogo argentino, poco leído por las generaciones presentes. La originalidad del pensamiento de este latinoamericano salta a la vista en esta recomendada obra a la hora de desentrañar la naturaleza humana y su comportamiento frente a la vida cotidiana. Particularmente, el autor devela el mundo interior del hombre mediocre y la interrelación con sus semejantes. A pesar del tiempo en que fue escrito el texto, tiene pertinencia para comprender la actual circunstancia política de Venezuela. Llama la atención que Ingenieros, militante del otrora Partido Socialista Obrero Argentino, se atreviera a criticar las pautas conductuales de los seres mediocres que se reproducen en los discursos populistas y fantasmales de dirigentes revolucionarios.

El siglo XX fue una época de gran efervescencia política; de ideales marxistas que propugnaron la reivindicación de la clase obrera, pero que, al concretarse en formas de gobierno, se convirtieron en fábricas de pobres y seres manipulados por una esperanza embriagada de mitología, heroísmo y culto a la personalidad. Es posible que Ingenieros aborreciera esa forma de manipulación social, aunque defendía las banderas del socialismo, una doctrina que la diferenciaba claramente del marxismo. Creía en un socialismo humanista, democrático y emprendedor, es decir, garante del esfuerzo individual. Por eso sus escritos ponían énfasis en la calidad educativa, la competencia sana y pensamiento creativo. Me permito resaltar algunos extractos de “El hombre mediocre” para que el lector se forme su propio juicio con lo que acontece a su alrededor.

Con mucha claridad Ingenieros escribe “el hombre mediocre es una sombra proyectada por la sociedad: es por esencia imitativo y está perfectamente adaptado para vivir en rebaño, reflejando las rutinas, prejuicios y dogmatismos reconocidos útiles para la domesticidad”. Lo expuesto por el autor permite observar determinados tipos de personas que “repiten como loros” lo que escucha, sin poner atención a lo que encierra dicho lenguaje. Defienden hasta la saciedad lo que le ha sido adoctrinado, sin tolerar otros pensamientos, ni percatarse de estar equivocados. Por eso el autor destaca “ningún ideal es falso para quien lo profesa, lo cree verdadero y coopera a su advenimiento con fe”. En esencia, los seres mediocres son proclives a ser domesticados por la fuerza de la palabra y se arrodillan a un mesías porque no pueden ver más allá de sus narices.

El referido pensador argentino, experto en psicología social, considera que estos seres “piensan con la cabeza de los demás, comparten la ajena hipocresía moral y ajustan su carácter a las domesticidades convencionales”. De forma literaria aflora “son ciegos para las auroras, ignoran la quimera del artista, ensueño del sabio y la pasión del apóstol”. Nada más convincente en el pensamiento de Ingenieros. Además advierte que están condenados a vegetar al no sospechar que existe el infinito más allá de sus horizontes. Por eso sienten temor a lo desconocido, están atados a mil prejuicios, son timoratos e indecisos. Ello explica porque no asumen riesgo y tienen miedo de rebelarse con su discurso y acción hacia las libertades públicas. Lo más peligroso es que “carecen de iniciativas y miran siempre al pasado, como si tuvieran los ojos en la nuca”. Estos seres “no viven para sí mismos, sino para el fantasma que proyectan en la opinión pública de sus semejantes. Carecen de personalidad y venden su honor por una prebenda, renunciando a vivir antes que gritar la verdad frente al error de muchos”.

Según el autor, esta conducta conformista no es casual sino que es inducida desde las estructuras dominantes. “Los dogmatistas y los serviles aguzan su silogismo para falsear los valores en la conciencia social; viven en la mentira, comen de ella, la siembran, la riegan, la podan y la cosechan. Así crean un mundo de valores ficticios que favorece la culminación de los obtusos.; así tejen su sorda telaraña  en torno a los genios, a los santos y los héroes, obstruyendo en los pueblos la admiración de la gloria. Cierran el corral cada vez que cimbra en las cercanías el aletazo inequívoco de un águila.  La ignorancia es su verdugo”. Asomo esta visión de Ingenieros para ayudar a romper las cadenas de un régimen que impone la mediocridad y miseria humana en nuestra sociedad.

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