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Néstor Francia / Análisis de Entorno: Chavismo, sectarismo y odio (06-06-2017)

Ayer señalamos en nuestro Análisis de Entorno lo siguiente: “… debemos diferenciar entre la ejecución de la violencia y la provocación del odio en la sociedad. En esto último, creemos que hay responsabilidades en todos los actores políticos principales”. Sabemos que esta es una afirmación que no es fácil de tragar para sectores fanatizados del chavismo, esos que lo ven todo en blanco y negro, y no reconocen grises en la realidad (algunos sí los reconocen y hasta los asoman en corrillos, pero los ocultan públicamente por conveniencia).

También transcribimos en ese mismo Análisis un párrafo de Marta Harnecker, del cual extraemos hoy lo siguiente: “Creo que ambos bandos han cometido grandes errores, unos en el intento de derrocar al gobierno de Maduro y los otros en la forma en que intentan defender lo que Chávez sembró. Sólo analizando esos errores y corrigiéndoles se podrá crear un escenario que permita realizar un diálogo fructífero que saque a Venezuela del atolladero”.

Antes que nada dejemos sentado que la violencia política en Venezuela, en los últimos 18 años, hay que atribuirla sobre todo, y con mucho, a la ultraderecha fascista.

Y esto no es una frase hecha: desató la violencia criminal antes y durante el golpe de Estado contra Chávez en 2002, la ejerció de distintas maneras poco después en el sabotaje petrolero de 2002-2003, lo repitió en las guarimbas de 2014 y ahora la lleva a extremos notables en 2017. Pero además la derecha económica del campo tiene en su haber el asesinato de centenares de líderes campesinos, y también la derecha en general suma en su “haber” la muerte de líderes indígenas y de figuras del movimiento revolucionario.

De manera que la violencia es un método que la derecha ha usado una y otra vez en su intención  de acabar, por la vía del terror y la sedición, con la Revolución Bolivariana.

Por su parte, el chavismo ha promovido, en general, un discurso de paz, sin dejar de ser inevitablemente confrontador en lo político, dadas las circunstancias y las agudas contradicciones que removió el programa revolucionario de Chávez una vez que asumió su primera Presidencia en 1999. Chávez fue un promotor de la unidad nacional, de la integración continental, de la declaración de Nuestra América como zona de paz, de los acuerdos de paz en Colombia y de la paz en todo el mundo. Su orientación permitió desarrollar en amplias capas del pueblo venezolano una cultura de paz que en mucho ha ayudado a que los planes de provocar una guerra civil hayan fracasado repetidamente.  Sin embargo, para algunos sectores del chavismo vale la frase de que de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno. Nosotros hemos sido críticos dese hace varios años del sectarismo y la intolerancia que afectan a esos sectores. El sectarismo no solo ha alejado al pueblo de nosotros, sino que además ha contribuido con la siembra de odio que conviene a la derecha. La intolerancia hacia posiciones diferentes a las nuestras, aun cuando no sean parte del plan golpista ni promuevan la intervención foránea, igualmente atiza ese odio. Son parte de los errores que habría que corregir. Lamentablemente a quienes hemos sido críticos en ese sentido no se nos ha escuchado y, antes bien, muchas veces la dirigencia no solo ha permitido que esas perversiones pervivan, sino que inclusive las ha promovió y premiado.

Más de una vez hemos dicho que nosotros le pusimos a la clase media en bandeja de plata a la derecha, por nuestra persistente incapacidad de generar un mensaje y un lenguaje hacia ese segmento. Allí sin duda hay una parte irremediablemente reaccionaria, colonizada por el supremacismo, el racismo, el entreguismo cultural y otras taras que se alimentan de la ignorancia y la idiotización mediática. Pero hay otra parte que ha sido empujada por nosotros hacia los linderos de la contrarrevolución por nuestro discurso sectario, dogmático, simplista, y lleno de lugares comunes y anacronismos.

El odio es uno de los principales caldos de cultivo del fascismo. Sin una base social enceguecida por el odio difícilmente esta expresión extrema del capitalismo puede hacerse del poder. Fue combustible imprescindible del fascismo italiano, del nazismo, del franquismo, del pinochetismo y de todas las manifestaciones fascistas que hemos visto en Venezuela. Pero por eso mismo debemos combatir en el chavismo la intolerancia y el sectarismo prepotente e ignaro que tanto daño nos hace y tanto ha contribuido a la cosecha de odio que hoy recoge el fascismo y que se concreta en la violencia criminal que hemos visto en estos días.

Son muchas las muestras de este fenómeno perjudicial que anida en segmentos para nada pequeños del chavismo. Hoy vamos a presentar tan solo un botón de muestra. En ocasión de la promoción de la Constituyente se ha ubicado una especie de quiosco en un centro cultural cercano al MINCI (y que regenta la Misión Cultura, si no nos equivocamos). Allí, unos chavistas manejan unas poderosas cornetas que no paran en hacer escándalo durante todo el día. No solo emiten mensajes a favor de la

Constituyente, lo cual estaría muy bien si solo fuera eso, sino que además colocan todo el día música “revolucionaria”, alguna de ella francamente estridente y repetitiva, en los lindes de varios edificios residenciales donde hace vida la comunidad. Por supuesto, en esos varios edificios habrá de todo, incluso probablemente mujeres recién paridas, enfermos en distinta condición, ancianos, gente que tendrá que estudiar o trabajar en casa ¿Con qué derecho estos chavistas incurren en contaminación sónica, invaden el espacio vital de otros ciudadanos y atentan contra la cotidianidad generando más bien rechazo hacia nuestro mensaje? El colmo es que esta violación de las ordenanzas municipales sobre ruidos molestos estaba siendo custodiada por agentes de la Policía Nacional Bolivariana.

Nosotros estábamos el otro día al frente de ese lugar tomando un café en un restaurantico desde el cual el encargado y los empleados miraban a los chavistas con caras de pocos amigos. De pronto, desde uno de los edificios alguien aventó un envase lleno de agua y cayó sonoramente en el piso ¿Acaso el que incurrió en este acto incorrecto sería un paramilitar? Se nos ocurre más bien que sería alguien airado por el ruido y que “drenó su arrechera” (en realidad justificada en principio, aunque su consecuencia fue indeseable) ejerciendo este acto de odio. Claro, probablemente los sectarios dirán que la Revolución puede hacer eso y aun más, solo porque creemos tener siempre la razón. Precisamente, el sectario es terco como una mula.

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