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Fabricio Ojeda: Carta a un ex amigo

Por ahí me dicen que desde que se reactivaron las protestas callejeras andas cada día más engrinchado, echándole pestes a quienes no te dejan desplazarte libremente en tu camionetota último modelo por las autopistas de la gran ciudad.

También, que celebras con escocés “mayor de edad” cuando las armas de gobierno –empuñadas por tus esbirros de la GNB y PNB, más los “paramalandros” tarifados que se hacen llamar “colectivos”- asesinan a un venezolano que ustedes como siempre, despectivamente, denominan “guarimbero”.

Se te olvidaron los tiempos cuando comías flores, tirabas piedras y denunciabas la injusticia social, mientras el estado democrático te dejaba formar parte de cuanta secta marxista, leninista y maoísta existiera por ahí.

Los tiempos de la guarapita, del suelo duro, de la plaga. De los autobuses atestados de gente, de la mochila, de las paradas. Ya no comes tostadas en cualquier arepera, ni de vaina una fría en alguna taguara, no porque no tengas con qué pagar, sino porque la gente te botaría de allí sin dejar que pudieras apreciar al menos los aromas del relleno o las burbujas sobre la recién destapada botella.

¿Una playa? ¿Un parque? ¿Sin escoltas? ¿Acaso un cine o los pasillos de un centro comercial? ¿En Venezuela? ¡Imposible! Por eso se te ve junto a los tuyos por el extranjero –en países del primer mundo, porque Cuba y Corea del Norte últimamente te dan grima- disfrutando de una fortuna cambiaria mal habida, robada descaradamente a los venezolanos, echándotelas de “dandy”, de “celebrity”, manejando “sendas” naves que de chamo solo podías imaginarlas en las pantallas de la TV.

Antes defendías la libertad de prensa, los Derechos Humanos, el derecho de todos a opinar. Denunciabas, ¿recuerdas? la censura sobre temas que desprestigiaban a los poderosos de turno, la existencia de presos políticos, los altos precios, los ranchos en los cerros.

¿Y qué? ¿Ahora los medios venezolanos son más libres? ¿Qué hay de los DDHH? ¿De la censura que impone arbitrariamente Conatel? ¿Ya no te importan los presos de conciencia? ¿Y las decenas, casi centenas, de asesinados por el gobierno en las últimas protestas? ¿Y las montañas de heridos? ¿Los miles de detenidos?

¿Se acabaron los ranchos en los cerros?

¿La miseria ha disminuido?

A ti -con tus dólares robados- no te preocupan los altos precios.

Ni los niños que mueren por falta de medicinas.

No tienes idea de lo que le cuesta a cualquier habitante de Venezuela lograr aunque sea una comida al día.

Te manejas en dólares –la moneda del “imperio”- y la miseria de muchos favorece a tu bolsillo.

¿Y esa barriga, si antes eras flaco? ¿Y por qué ahora, cuando todo el mundo ha bajado de peso y  por desnutrición mueren –según el propio Ministerio de Salud- más niños que en el resto de la historia venezolana?

Se nota que comes, y bien, mientras muchos de tus compatriotas -a los que dices redimir- dejan la vida para conseguir unas canillas de pan o un kilo de harina.

Según la campaña desplegada por el complejo de medios del régimen que adoras, ustedes, los poderosos, representan el “amor” y los millones de venezolanos que adversamos a este remedo de gobierno somos los portaestandartes del “odio”.

Del “odio” –qué riñones- término que define una emoción humana que ha causado irreparables daños a la humanidad, bajo cuya influencia han surgido nefastas ideologías.

Una de ellas la marxista.

¿Lo sabes?

Basada en el “odio de clases”.

Ese mismo en el que se fundamenta la mal llamada “revolución bolivariana”, que como plaga arrasó con nuestro país en los últimos 18 años.

Con tu consentimiento.

Y tu complicidad.

Se despide de ti tu ex amigo idealista.

El mismo que despertó hace mucho tiempo, antes de que el führer tropical comenzara a destruir a nuestra amada Venezuela.

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