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Fósiles hallados en Marruecos cambian la historia de nuestra especie

Una mandíbula adulta casi intacta descubierta en el sitio de Jebel Irhoud, en Marruecos Credit Jean-Jacques Hublin/Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva

 

Científicos reportaron este miércoles 7 de junio el hallazgo en Marruecos de los fósiles más antiguos de los que se tiene conocimiento.

Por Carl Zimmer

Los huesos, que datan de hace 300.000 años, indican que la humanidad evolucionó antes de lo que se pensaba, dijeron los expertos, y abren así nuevas interrogantes sobre el origen de nuestra especie.

Los fósiles muestran que los Homo sapiens tempranos tenían caras similares a las nuestras, aunque sus cerebros eran diferentes de maneras fundamentales.

Anteriormente, los fósiles más antiguos habían sido descubiertos en Etiopía. En 2003, los investigadores encontraron un cráneo en el sitio Herto, que estimaron era de hace 160.000 o 154.000 años, y otro cráneo en el sitio Omo-Kibish, que estimaron databa de hace 195.000 años.

Eso sugiere que nuestra especie evolucionó en una región pequeña, quizá alrededor de Etiopía, y el Homo sapiens después se esparció por el continente. Según esa teoría fue solo hasta mucho después, unos 70.000 años, que un grupo pequeño de africanos se trasladaron a otros continentes.

En cambio, los nuevos hallazgos sugieren que nuestra especie evolucionó a lo largo de toda África.

“No sucedió en una cuna de la humanidad en el este africano”, dijo Phillipp Gunz, paleoantropólogo del Instituto Max Planck para la Antropología Evolutiva en Leipzig, en Alemania. Gunz es el coautor de dos nuevos estudios sobre los fósiles de Marruecos, publicados en la revista Nature.

Una reconstrucción del cráneo del "Homo sapiens" más antiguo del que se tiene conocimiento hecha a partir de los fósiles hallados en Jebel Irhoud. Credit Philipp Gunz/Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva
Una reconstrucción del cráneo del “Homo sapiens” más antiguo del que se tiene conocimiento hecha a partir de los fósiles hallados en Jebel Irhoud. Credit Philipp Gunz/Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva

Después de que nos separamos del ancestro común que compartimos con los chimpancés y bonobos, el linaje se dividió en varias especies diferentes llamadas homínidos. Durante millones de años, estos se mantuvieron relativamente similares a los simios; eran de estatura baja, tenían cerebros pequeños y solo podían manufacturar herramientas básicas con piedras.

Sin embargo, los paleoantropólogos ya habían encontrado fósiles misteriosos de homínidos en otras partes de África que no parecían concordar con la teoría de la evolución tan solo en la región del este del continente.

Algunos de los fósiles de Marruecos fueron hallados por primera vez en 1961 por mineros en un sitio llamado Jebel Irhoud; se trataba de pedazos de cráneo. Excavaciones posteriores revelaron más huesos y dagas hechas de pedernal. En ese momento, con técnicas más rudimentarias, se estimó que los huesos databan de hace 40.000 años. Pero un antropólogo disputó esos hallazgos tiempo después.

En la década de los ochenta, Jean-Jacques Hublin encontró que los huesos eran muy parecidos a los de los humanos actuales, aunque la forma de la mandíbula seguía pareciendo primitiva. “No tenía sentido”, dijo el Dr. Hublin, quien ahora trabaja en el Instituto Max Planck.

Por eso él y sus colegas comenzaron a recopilar capas de piedras en Jebel Irhoud en busca de más fósiles; encontraron huesos craneales de cinco individuos fallecidos alrededor del mismo tiempo. Asimismo, hallaron más dagas de pedernal, aunque estas mostraban señas de haber sido quemadas, posiblemente al haber sido usadas para cocinar comida en alguna hoguera. El Dr. Hublin y sus colegas utilizaron un método llamado termoluminiscencia para calcular qué tanto tiempo había pasado desde que fueron quemadas las dagas y con eso estimaron que databan de hace 300.000 años.

Algunas de las herramientas halladas en el sitio Jebel Irhoud Credit Mohammed Kamal/Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva
Algunas de las herramientas halladas en el sitio Jebel Irhoud Credit Mohammed Kamal/Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva

Ya que las dagas estaban en las mismas capas fosilizadas que los cráneos, estos debían tener la misma antigüedad. Los detalles anatómicos sugieren que pertenecen al Homo sapiens, no a un homínido más temprano. Las personas de Jebel Irhoud difieren de los humanos actuales por cosas como cejas más caídas, mentones pequeños y caras más anchas y planas. Sin embargo, no son tan diferentes de nosotros. “Podrías toparte con alguno de ellos en el metro”, dijo el Dr. Hublin.

En lo que más difieren es en el cerebro. Son del mismo tamaño, pero la forma no es tan redonda, sino alargada como la de homínidos tempranos. El Dr. Gunz explicó que probablemente se volvió más redondo en fases más avanzadas de la evolución por el desarrollo de regiones como el lóbulo parietal y el cerebelo, que parece que se hicieron más grandes con el paso del tiempo.

Además, esos humanos tempranos eran sofisticados: podrían construir fogatas y manufacturar armas complejas como lanzas de madera con las dagas de pedernal. Este tipo de piedra también es interesante: los investigadores rastrearon los orígenes del pedernal a otro sitio a unos 32 kilómetros de Jebel Irhoud. Eso indica que los Homo sapiens tempranos sabían cómo buscar y utilizar recursos que estaban a distancia. Si eso es cierto, el Dr. Gunz y sus colegas argumentan que nuestra especie podría haber evolucionado como una red de grupos esparcidos a lo largo del continente africano.

El sitio de Jebel Irhoud Credit Shannon McPherron/Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva
El sitio de Jebel Irhoud Credit Shannon McPherron/Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva

El sitio de Jebel Irhoud Credit Shannon McPherron/Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva
El hallazgo es notable porque altera la temporalidad de nuestra historia. Sin embargo, también es importante por el descubrimiento en un solo sitio de varios humanos tempranos, en este caso cinco, a diferencia de solo uno, como comúnmente sucede, dijo Marta Mirazon Lahr, paleoantropóloga de la Universidad de Cambridge.

“No hay otro lugar como ese; es un hallazgo fabuloso”, dijo la académica, que no estuvo involucrada en el estudio.

 

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