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Mario Valdez: Murió el último asesino Nazi

Ante los hechos que suceden en el país, considero importante traer a colación un acontecimiento histórico, de trascendencia mundial para reivindicar la humanidad, como lo fue el proceso de Nuremberg. Hecho reconocido en la historia como el fin de la barbarie humana y el comienzo de la paz futura, basada en un orden internacional para impedir que los atroces hechos vividos en la II Segunda Guerra Mundial, no vuelvan a repetirse en ninguna parte del mundo, que se respeten los Derechos Humanos y se castiguen los Crímenes de Lesa Humanidad.

El 18 de agosto de 1945, finalizada la Segunda Guerra Mundial, es creado el Tribunal Internacional de Nuremberg (lleva el nombre por la ciudad alemana donde fue constituido), con plenos poderes para juzgar a la cúpula alemana que eran prisioneros de guerra, responsables de los Crímenes contra la Humanidad, la Paz y los Crímenes de Guerra.

El primero de octubre de 1946, en dicho palacio de justicia fue condenado a cadena perpetua Rudolf Hess, quien fue la mano derecha de Adolfo Hitler y  jefe del partido Nazi. El tribunal lo condenó debido a las decisiones que tomó, ordenó y firmó como ministro nazi, fue responsable de Crímenes contra la Humanidad y la Paz.

El 17 de agosto de 1987, la noticia que rodó en el mundo fue el suicidio de Rudolf Hess, el último asesino nazi que a la edad de 93 años, se encontraba purgando condena en la cárcel de Spandau, Berlín, era el único prisionero, llevaba 41 años recluido en esa prisión bajo la sombra, los últimos 20 años los paso solo, era el único inquilino. La versión oficial fue él había logrado evadir los custodios, los centinelas y toda la guardia de la fortaleza para entrar en una cabaña del jardín donde ató el cable eléctrico a los barrotes de una ventana y se suicidó.

Ante la humillación prefirieron el suicidio

Rudolf Hess, fue la última expresión de la dirigencia nazi, el único dirigente que quedaba con vida del Tercer Reich, se había suicidado con un cable eléctrico. Hess, murió como el resto de los jefes del partido, mediante suicidio. A los historiadores no les es extraño que el final de su vida Hess, haya terminado igual que el resto de los jerarcas del aparato del partido, todos se suicidaron. Adolfo Hitler se encontraba en el Bunker antiaéreo subterráneo, allí estaban los  jerarcas del imperio alemán,  al enterarse que a Benito Mussolini, lo había matado el pueblo con sus propias manos en Italia, Hitler entro en cólera, se puso histérico, hizo salir a sus colaboradores, les dijo “traidores y cobardes”, era inminente la caída. Entendió que había llegado a su fin, no iba a permitir la humillación de reconocer la derrota, ni esperar que el pueblo lo descuartizara. Ante admitir el desastre que había causado y la humillación, prefirió el suicidio. Enveneno a su perra Blomdi. A su esposa Eva Braun la enveneno con las pastillas de cianuro, Hitler se sentó en un sillón y se suicido con un disparo en la cien derecha. El ministro de propaganda Joseph Goebbels al día siguiente de la muerte de Hitler, primero enveneno a sus seis hijos y luego se suicido junto a su esposa Magda. Igual destino corrieron los otros altos dirigentes alemanes.

41 años preso, 20 años íngrimamente solo

La vida de un prisionero es triste, pero es más desoladora cuando se está solo, Rudolf Hess, condenado a cadena perpetua sin rebaja, compartió entre las rejas de  la fortaleza donde estuvo prisionero con otros seis altos dirigentes nazis, desde octubre de 1946, durante los primeros 20 años fue al patio y mantendría algunas conversaciones con los otros reclusos compañeros de la ideología nazi, los cuales iban cumpliendo sus condenas e iban saliendo de prisión. En 1966 por pena cumplida sale en libertad el penúltimo inquilino de la prisión de Spandau, Albert Speer quien fue ministro de Armamento y Guerra de Alemania durante la II Guerra Mundial, Speer en el juicio aceptó su responsabilidad criminal y su participación en todos los hechos por los que fue acusado, eso le dio en la historia el reconocimiento como “el nazi que pidió perdón”.

El solitario de la prisión de Spandau

La prisión de Spandau,  fue construida en 1876, era una fortaleza de ladrillo rojo,  diseñada como un centro penitenciario militar para albergar 500 prisioneros, después de la Segunda Guerra Mundial solo fueron sus huéspedes siete prisioneros nazis, con vigilancia permanente de 600 soldados de las potencias aliadas (EEUU, URSS, Reino Unido y Francia) más 50 agentes especiales de Alemania Federal. La cárcel estaba rodeada por una primera línea eléctrica, luego seguía un muro de seis metros de alto con cabinas de vigilancia, un contramuro de cinco metros de altura iluminado con focos de luces nocturnas. Esa prisión tenía un costo de mantenimiento de 60.000 Euros al año, para esa época.

En esa prisión vivió Rudolf Hess, solitario, íngrimamente solo durante 20 años, desde 1966 fecha en que salió Albert Speer, hasta el 17 de agosto de 1987, cuando se le anuncio al mundo que el último nazi se había quitado la vida ahorcándose con un cable eléctrico. Los Aliados pese a su avanzada edad 93 años, siendo un hombre enfermo con artritis, nunca quisieron darle la libertad por razones humanitarias. Su familia, su hijo siempre puso en duda la tesis oficialista de los aliados que decía que la muerte había sido por suicidio. La familia alegó que era un anciano con artritis, le hicieron una segunda autopsia y determinó que su muerte fue por asfixia y no por suspensión. Aun hoy, el misterio sobre la muerte de Rudolf Hess, sigue en duda, si fue suicidio o asesinato. Con la muerte de Hess, la prisión de Spandau fue destruida para evitar que se convirtiera en un mito de la extrema derecha, los aliados consideraron que la fortaleza ya había cumplido su misión, hoy es un centro comercial.

Una reflexión: La justicia tarda pero llega

Los gobernantes déspota del mundo, que se engolosinan con el poder, que se apartan de las leyes y de los tratados internacionales siempre terminan así, el largo brazo de la justicia termina alcanzándolos,  en la región latinoamericana tenemos ejemplos, el último tirano, el general Manuel Antonio Noriega, gobernó Panamá como un sátrapa, pasó los últimos 27 años de su vida en la cárceles norteamericanas y francesas, fuera de su país, al final regreso privado de libertad, murió recientemente. Hay que verse en esos espejos.

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