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Guillermo Ortega: Política y economía

La situación política gravita fuertemente sobre la económica, es un asunto de expectativas e incertidumbre. La situación política requiere de una ruta electoral, básicamente contarse y aceptar los resultados. La situación económica requiere soluciones algo más complejas, sobre todo porque los actores políticos tienen una muy particular contabilidad de costos. A veces da la impresión de que necesitamos comprender exactamente cuáles son los sacrificios necesarios para producir un ajuste exitoso. El tema cambiario es un ejemplo muy emblemático de los problemas y sus soluciones.

El Gobierno ha intentado varios ajustes que han resultado fallidos y algunos creen que simplemente es producto de la impericia y la poca comprensión de los problemas. Si aceptamos la traducción que dos economistas españoles, reclutados como asesores, las recientes modificaciones del Dicom, al final se comprendió que era necesario un sistema donde se formara un precio con cierta transparencia. Lamentablemente, los primeros resultados apuntan a que se trata de otro esquema de racionamiento. Una banda no puede ser la imposición de unas cuotas.

¿Por qué cometer de nuevo el mismo error? Creo que se trata de un temor muy común: miedo a la flotación. A pesar de todas las diferencias, pareciera que los temores son muy similares. En las condiciones actuales, de gran efervescencia política, la primera reacción es que dejar formar un precio es algo en principio contraproducente. El error: los precios siempre terminan recogiendo la escasez relativa. En el caso del tipo de cambio se forma además en un mercado que sabemos recoge muchas imperfecciones, que se presta a un sinnúmero de manipulaciones, algunas de ellas inspirada en la política.

El Gobierno le teme a la formación de un precio, pero también muchos en la acera del frente comparten los mismos temores. Al final esa especie de sistema de tipos de cambios múltiples en lo que hemos venido operando a todo lo largo del régimen de control de cambio, funciona como un esquema que pecha a la principal industria exportadora del país, la prima cambiaria funciona como un impuesto sobre el sector exportador.

Ciertamente el tipo de cambio sistema no tiene un solo determinante, entre diciembre y junio, ha experimentado un ciclo que es difícil explicar por una simple variable, se redujo a casi 60% del valor que tenía en diciembre y luego se ha más que duplicado con respecto al valor que tenía en marzo.

Aquellos colegas que razonan desde la ingenuidad del monetarismo decretaban el fin de la hiperinflación por allá en marzo y luego han tenido que proclamarla de nuevo con una tasa de inflación mensual que ronda por encima de 20%. No hay nada de lineal en la relación entre agregados monetarios y el incremento de la prima cambiaria, pero es muy difícil no advertir que la base monetaria, el dinero primario se ha más que duplicado en línea con ese incremento de la prima cambiaria.

La dinámica entre esas dos variables, en los cuales los agentes se deshacen de sus saldos monetarios y la adicción creciente al financiamiento monetario, es lo que al final explica la sentada inflacionaria. Terminar ese proceso no es complicado, requiere que el país tome un respiro y tome conciencia del sacrificio, sobre todo del ajuste fiscal que es necesario. Un tema que requiere un consenso mínimo.

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