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Sexo La única cosa que tienes que cambiar para ser muy bueno en la cama

 

Aquí aparece el gran error, que por culpa de nuestra educación la gran mayoría comete. Hemos pasado de una concepción del sexo genital a otra mental, pero el planteamiento sigue siendo erróneo: “Si crees que el cerebro es el principal órgano sexual, estás equivocado, tienes que estar concentrado en el cuerpo”.

“El sexo real va sobre vivir y respirar, sobre salir del momento y de nosotros mismos. El sexo real va sobre encontrar el flujo de la vida y la verdad del instante”. Así describen los sexólogos Mike Lousada y Louise Mazanti su particular concepción sobre el acto más íntimo.

Tal punto de vista queda reflejado en el libro que recientemente han publicado, ‘Real Sex’, cuyo subtítulo parece toda una declaración de intenciones: “por qué todo lo que sabes sobre sexo está equivocado”.

La insatisfacción sexual ha sido una inquietud latente desde tiempos inmemoriales. Para curarla, el único remedio pasa, muchas veces, por la experiencia: “Si hubiera sabido todo lo que sé en una etapa anterior, tal información me hubiera cambiado la vida. Tenía casi cuarenta años cuando empecé de verdad a experimentar mi sexualidad, admitiéndola” confiesa Mazanti.

Para que esto no suceda, ambos autores quieren compartir sus conocimientos para disfrutar de una experiencia elemental en cualquier etapa de la existencia. Con el fin de que hombres y mujeres puedan llevar una vida entre las sábanas más plena, los expertos revelan algunas de las bases que, según ellos, imposibilitan el desarrollo de una sexualidad mucho más plena, libre y satisfactoria, ofreciendo sus alternativas.

Prejuicios que oprimen

“Desde nuestra cultura, religión y educación, la mayoría hemos recibido mensajes más o menos explícitos sobre el sexo como algo malo, sucio y vergonzoso”, explica Mazanti, aclarando que la vida en grupo suprime el hecho de que somos seres sexuados, reprimiendo los incontenibles deseos que derivan a veces en aflicción.

Los mensajes que se reciben desde otros frentes son igualmente extremos si bien completamente opuestos. Es el caso de la pornografía, que tiene un aspecto positivo “cuando resulta estimulante, cuando nos hace sentir vivos en nuestro cuerpo, cuando remueve nuestras fantasías y expande nuestro repertorio sexual”, aunque es también la principal culpable de “una versión muy reduccionista y cosificada del deseo, orientada hacia el rendimiento”.

Cuando estamos en la cama tratando de lograr un orgasmo o practicando la última extravagancia sexual, evaluamos la experiencia y perdemos la conexión con el otro. El sexo acaba siendo, de esta forma, algo superficial y reificado. Una receta perfecta para el fracaso: “Si necesitas reproducir escenarios pornográficos y crees que el sexo ha de ser así, si tienes que entrar en esas fantasías cuando estás con tu pareja, si el uso de la pornografía se convierte en un comportamiento compulsivo prioritario, tu relación con ella es perjudicial”.

Lousada y Mazanti buscan un antídoto a tales constructos utilizando la perspectiva del placer: “Cuando dejamos de concentrarnos en el orgasmo genital, creamos un espacio para una mayor intimidad, y una excitación más profunda, larga, real y completa. En última instancia un orgasmo con todo el cuerpo”.

Definen así el “sexo saludable” como la actividad consentida entre adultos, de manera respetuosa, en la que ninguno cosifica al otro, a no ser que se trate de una parte del juego. Para ellos el sexo no es un acto, no es un comportamiento, no es un orgasmo, sino, más bien, un estado del ser.

Aquí aparece el gran error, que por culpa de nuestra educación la gran mayoría comete. Hemos pasado de una concepción del sexo genital a otra mental, pero el planteamiento sigue siendo erróneo: “Si crees que el cerebro es el principal órgano sexual, estás equivocado, tienes que estar concentrado en el cuerpo”.

Argumentan que pensar en el sexo de este modo posibilita captar las diferentes sensaciones y entrar en el placer de sentirse vivo que subyace de fondo, como una cualidad casi inocente. Cuando estás inmerso en tu cabeza, estás solo, contigo mismo. No te encuentras en tu cuerpo. El fin es bajar a otro nivel con el propósito de permitir que la vida fluya y se exprese a través de nosotros desde un hecho auténtico.

Siguiendo esta regla, el “sexo saludable” no es patrimonio de las parejas que llevan mucho tiempo juntas ni tampoco en las que empiezan una relación con entusiasmo: “El ‘sexo real’ no tiene por qué manifestarse solo en una relación larga, donde los amantes se conocen bien, sino simplemente en el encuentro que están teniendo en el presente”.

Fuente: El Confidencial

 

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