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Vladimir Villegas: Miedo a la Constituyente

La cuenta regresiva sigue andando. No es cuento. Nos vamos acercando a momentos críticos de nuestro presente. Apenas estamos en los tráilers, como me dijo un amigo. La película no ha empezado. ¿Quién detiene el reloj?  La Asamblea Nacional Constituyente no ha logrado, como propuesta política, el apoyo político ni social necesario para ser aceptada como la vía para la solución del conflicto político en nuestro país.

La Asamblea Constituyente que va a elegirse es todo lo contrario a la paz. Es más confrontación, es más segregación, exclusión y exacerbación de los ya enardecidos ánimos en una nación que ya ha visto caer más de 80 personas víctimas de la represión y la violencia. Muertos, asesinados, para ser más precisos, que no pertenecen a un bando . O mejor dicho, sí. Al bando que se llama Venezuela. Son un número, una cifra, pero más que eso son historias personales, son dolores que se concentran en un núcleo familiar pero que van más allá . Esos venezolanos, mayoritariamente jóvenes, son parte de cada uno de nosotros. La mayoría murió enfrentando la represión, repudiando una manera de gobernar que quiere ser profundizada con esa caja de Pandora disfrazada de Constituyente, que, si se consolida, marcará el fin, esperemos que momentáneamente,  del proyecto de país contenido en la Carta Magna de 1999.

Un conocido y ya desaparecido dirigente sindical cetevista, Antonio Ríos, hizo famosa la frase ” el miedo es libre”, cuando lo vieron corriendo en una manifestación contra el gobierno de Luis Herrera, reprimida por la Policía Metropolitana, antepasado directo de la no menos represiva y descompuesta Policía Nacional Bolivariana. Ycreo lo mismo . El miedo es libre. Tengo miedo, lo confieso, de que en los días por venir esa Constituyente nacida de una mente experta en viveza político-electoral se traduzca en más represión, más sangre, más violencia, más muerte .

No sé si al final, al filo de la campana, una voz sensata en las alturas del poder sugiere que se le haga caso a ese clamor, que traspasa las fronteras nacionales, para que esa peligrosa iniciativa sea dejada de lado. Ojalá así sea, y se abra la compuerta de una negociación política valiente y verdaderamente patriótica, que abra caminos a la expresión libre de la voluntad del soberano, sin trapacerías, sin letra chiquita, sin “ciertas condiciones aplican”. No soy tan optimista como hace unos meses en cuanto a esa posibilidad de llegar a acuerdos. Pero eso no impide que siga creyendo en que por allí van los tiros (disculpen tan inoportuna figura) de una posible solución a esta olla de presión que amenaza con estallar con toda su furia. Como decía la gente de antes, no hemos visto ronchas  sino peladuras.

Más que impedir la Constituyente, hay que salvar la Constitución de 1999. En el fondo esa es la tarea democrática más importante que tiene el pueblo de Venezuela. Y esa tarea debe realizarla no solo el “pueblo opositor”. También el “pueblo chavista “. Y cualquier otra categoría de pueblo que no se sienta representado en las dos anteriores. Es demasiado lo que estamos arriesgando. Muchos dirán que de nada vale salvar esa Carta Magna, porque no se ha puesto en práctica en la mayoría de sus contenidos . Pero hoy ese es el único proyecto de país que nos unifica. Y quiere ser sustituido o distorsionado mediante una vía que profundiza la división. Entonces, por lógica, defendamos  lo que nos une y derrotemos lo que nos divide, nos confronta y puede llevarnos a escenarios terribles.

Si con una Carta Magna -en teoría vigente -vimos lo que vimos en las residencias Los Verdes en El Paraíso,y en las Torres de  El Saladillo, Estado Zulia, que fueron asaltadas al mejor estilo pinochetista, con saña, odio, alevosía, ventaja, descaro y maldad, imaginemos lo que nos espera si se llega a instalar una Constituyente que termine de acabar con las precarias formas democráticas que hoy subsisten. Lo peor es que la gente lo sabe.

Por eso la mayoría identifica hoy esa Constituyente con una licencia  para la arbitrariedad, para darle rango constitucional al atropello y la represión como políticas de Estado. No pretendo ser vidente ni pitoniso. Pero ya veré a más de uno de sus promotores y acólitos golpeando  la cabeza contra la pared por haberle dado oxígeno a ese engendro que, para mi pesar, si logra instalarse y comienza a actuar, sacará lo peor de quienes quieren quedarse en el poder al costo que sea.  Ojalá me equivoque.

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