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Julio Bolívar: Vida privada de un día de protestas

Para Fran Tovar

-Amigo, ¿quién está encargado? Preguntó el policía con cara de duro.

-Sube, busca a Manuel, es el que está en la caja.

Un segundo después, bajo por la misma escalera y preguntó: No sabes si en el baño de aquí tienen papel tualé?

-La verdad que no sé, pero busca enfrente en el supermercado, le recomendó el periodista de radio que me acompañaba.

Un tercer parroquiano del OVNI, vieja fuente de soda en el C. C. Chacaíto. Nos miramos, no sin asombro y ratificando que a estos funcionarios los mandan con una total indefensión personal. Solo ballenas y aparatos para reprimir (bombas lacrimógenas o de gas pimienta, rifle para perdigones, etc…),  y un almuerzo con pasta, carne con un aire de guiso, muy seca y un pedazo de plátano pintón sancochado. Eso es todo, el agua la llevas tú o pídesela al portugués.

-Tranquilo, pídele a Manuel él debe tener. Digo yo.

-Es que a la compañera le vino y  no trajo nada y se siente mal. Aunque no se le nota la mancha en el uniforme.

Cuando dijo esto, nos miramos otra vez y  el oficial nos agradeció el gesto cuando bajó del local.

El pelotón es de más de doscientos PNB frente a unas 20 personas que oran por la Paz frente a Sans Souci, la mayoría de lo que llaman 3era edad.

Mientras la mujer oficial del PNB, subía con mirada apenada y sonrojada, la escalera del viejo café a punto de cerrar. El aire traía el olor acre del gas de aquellas bombas que caían como los mangos de esta época. Siempre son muchas.

-Nada de los que nos dan sirve, dígame esas bolsas de CLAP, son una bazofia dijo la poeta del  edificio. Nunca en mi vida había tenido que hacer tanta cola para un frasco de aceite.

-Si-confirmaba una morena clara al lado de la señora que decía que sus caraotas tenían gusanos. Su cuerpo y su boca delataban que estaba recién hecha.

Los cuatro policías al lado del kiosco, con caras exhaustas, se miraban como preguntándose, respondemos  o le damos un golazo a estas viejas. No vale la morena no está mal, lo que tiene es demasiado pintura en la bocota.

De pronto Dalvin, le dice- lo que pasa señora eso que usted llama bazofia es lo que comemos en mi casa. A mí me parece que queda sabrosa.

-Depende como se prepare,- insiste el otro funcionario.

-Ni que le pongas ají margariteño, increpó la de la bocota y las tetas recién hechas. Eso no sirve, es miseria. Ese arroz parece para los pollos.

De pronto aparece el cocinero de la fuente de soda y comenta- A nosotros nos queda bien, todo depende del sofrito. Este era un veterano de mil batallas, pequeñito y peruano, un cholo con demasiado tiempo en Caracas. Sabía jugar en estos lances.

-Vió señora lo dice el señor que es cocinero y sabe de comida. Mi mujer es de Río Caribe y esa mujer lo que cocina es amor…y Dalvin se queda mirando hacia la derecha donde están los jabillos inmensos que protegen esas residencias. Pensando en el arroz con pollo que tiene tiempo que no come.

Señora, lo que pasa es usted no sabe nosotros pasamos las de Caín con esos colectivos. Recibimos órdenes igual que ustedes, yo sé que esos clap no son como lo que comprábamos antes pero es lo que nos dan. ¿Usted no vio lo que nos trajeron hoy? Esos lo sacan de esas bolsas también, venido está en cómo se prepare la comida señora, la comida es sagrada y la agradecemos.

-Mientras esta conversa iba y venía el cocinero se iba enamorado de la bocona que ya no era la fiera ofendida por las cajas del Clap.

– Dalvin seguía hablando.- Usted toca a esos tipos y llaman al ministro, mientras que a nosotros, si los tocamos a ellos, nos hacen u juicio en 24 horas y perdemos todo, la carrera, los clap, todo señora, todo. Ese es el peo

-Tú crees que esta gente acepte los términos de…

-No vale, esta gente no se va. Vendrán unas negociaciones y  unas elecciones los desaparecen del mapa político, para ellos es tarde, se refería al gobierno.  Me argumenta el periodista y líder comunitario.

Un explosión más abajo, casi en la calle de al lado, inicia la batalla desigual entre un gobierno armado y un pueblo que solo pide justicia y libertad de elegir.

 

 

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