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Alberto Mansueti: Una lección de ciencia política

Había una vez, en un país latinoamericano, un Presidente que por fin se decidió a tomar medidas para fomentar la inversión, nacional y extranjera, crear empresas, y generar empleo.

A pocas semanas de ser elegido, dijo que en su país hay varios millones de Has. boscosas, potencialmente capaces de producir madera de calidad, que permanecen ociosas. Hay cientos de valiosos depósitos minerales, que sin embargo no se pueden trabajar. Hay otros varios millones de Has. de tierras, muy fértiles, en manos de comunidades y asociaciones comunitarias que no las han cultivado ni cultivarán. Hay millones de Has. de aguas, a los que no entran jamás la inversión, ni la producción pesquera en gran escala, ni la acuicultura.

Además, dijo, los ríos representan una inmensa fortuna, pues podrían generar flujos de energía eléctrica, en dimensiones enormes, pero no son aprovechados. Así pues, hay muchos recursos sin uso, que son de nadie, y por tanto no son transables, no reciben inversión, y no generan empleo. Dijo que el suyo es un país pobre, comparativamente, pese a contar con abundancia y diversidad de recursos naturales, pero que permanecen inexplotados.

¿Quién lo dijo? Hace 10 años, palabras más, palabras menos, y con un monte de cifras y estadísticas, lo dijo el entonces nuevo Presidente Alan García Pérez, del Perú, elegido en junio de 2006, para un segundo período. El viejo cliché peruano del “mendigo sentado encima de una montaña de oro”.

En los últimos meses de 2007, y primeros de 2008, el Presidente publicó y dio amplia difusión a una serie de artículos titulados con la metáfora del “perro del hortelano”, que no come ni deja comer, que no trabaja ni deja trabajar, no invierte ni deja invertir. De inmediato fue acusado de “Neo liberal”, y atacado sin misericordia por los estatistas, mercantilistas, socialistas y comunistas.

¿Pero tenía razón? Por supuesto que sí, en lo referido a los inmensos recursos no aprovechados. Aunque además se refirió a otros dos temas: educación “pública”, y “beneficios sociales”; en estos otros no tenía razón, y en ambos se equivocó. Pero la Biblia enseña a “revisarlo todo y retener lo bueno, desechando lo malo”; a lo cual llama “discernimiento”, y es lo que hacemos los liberales.

En otra cosa se equivocó el Presidente, y fue su peor error. ¿Cuál? No decir claramente y sin tapujos que la culpa de no explotarse los recursos naturales la tenían las ideas socialistas, o sea las ideas de izquierda, que él abrazó en su juventud, y en su primer gobierno de 1985 a 1990. Y ese fue su peor error: no decir con todas las letras que el capitalismo es de derechas, pero no es malo, sino bueno, muy bueno.

Por falta de luces o de coraje, ni en su campaña electoral previa como candidato, ni una vez asumido, García explicó con claridad, no dijo la verdad completa. No había anunciado las medidas que iba a tomar. Habló del “perro del hortelano” y otras vaguedades sobre “ideologías superadas” pero sin decir cuáles eran las “ideas superadas”, cómo y por qué fueron superadas, ni cuáles otras ideas eran las superadoras. Nada de eso.

Así le atacaron como “Neo liberal”, y no pudo defenderse. Por falta de luces no tenía los argumentos para justificar sus políticas; o no los quiso explicar, por falta de coraje. O ambas cosas. Todo el año 2008, García siguió con sus contradicciones y ambigüedades del “perro del hortelano”. Y arreciaron los ataques contra sus políticas “Neo liberales”. Lo mismo en el primer semestre de 2009.

Hasta que en junio de 2009 se produjo el “baguazo”, en las cercanías de El Reposo, próximo a las ciudades de Bagua y Bagua Grande, Depto. de Amazonas. El Gobierno García ordenó el desalojo de unos 5.000 activistas de grupos étnicos, y pobladores de Jaén en Cajamarca, Bagua y Bagua Grande en Amazonas, que bloquearon la carretera “Belaúnde Terry” por 55 largos días, terribles, dejando sin suministros y combustibles a varias zonas de los Departamentos de Amazonas, Cajamarca, San Martín y Loreto.

Acusaban a García por decretos en favor de grandes empresas transnacionales y mineras para usar territorio de la selva, con el fin explotar inmensos yacimientos de petróleo, gas y otros minerales, y así lograr “ganancias exorbitantes”, siempre “en contra de la población, de su cultura originaria, y del medio ambiente y ecosistemas naturales”.

Se detonó y escaló el conflicto, la crisis y las revueltas. Abundaron las ofertas de “diálogo”, pero la violencia se expandió. De acuerdo a las informaciones desde la noche del 5 de junio, se reportaron oficialmente 23 policías y 10 indígenas fallecidos, además de 100 heridos. También se reportaron secuestrados, y varias decenas de propiedades saqueados y destruidos en ciudades del Depto. de Amazonas. 83 personas fueron detenidas, y otras 200 fueron heridas.

Conclusión: seguir con vaguedades e indefiniciones tiene un costo; y el precio se paga. Así pasa si no se despejan mentiras, y no se dice la verdad, la verdad completa. Si candidatos y Gobiernos quieren que haya muchas inversiones, se hagan negocios y creen fuentes de trabajo, se produzca mucha riqueza, y se genere bienestar, tienen que explicarse bien. Conocer la verdad; y decirla bien.

Moraleja: los candidatos y Presidentes deben tener suficientes misioneros, predicadores y evangelistas del liberalismo clásico, en contra del socialismo y a favor del capitalismo, bien capacitados y entrenados. Deben enviarlos al interior, con folletos, carteles, pizarrones, audios y videos de propaganda, para hablarle a la gente, y pasarle claro el mensaje, junto con las propuestas, de modo coherente, sin contradicciones ni ambigüedades.

Porque después, ya va a ser tarde. Si no tienen esos cuadros, activistas y propagandistas liberales, después tendrán que enviar batallones de policías y tropas antimotines, con cascos y escudos, carros blindados, gases lacrimógenos y otras armas, defensivas y ofensivas, para desalojar a los activistas agitadores, y a todos los manifestantes adoctrinados con engaños. Habrá saqueos, destrucciones, muertos y heridos.

Y no se hará ninguna reforma seria.

Fin del cuento.

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